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Una reflexión sobre corrupción, poder y la erosión de la ciudadanía: la tela de la araña

[fa icon="calendar"] 15-dic-2017 5:00:00 / por Fernando Galindo Cruz

Corrupción.jpgEs universalmente conocida y admirada la resistencia de la fina red o tela producida por diversas especies de arañas. 

Tela que sirve a la vez como refugio y como instrumento para capturar a otros insectos con los cuales las arañas se alimentan.

Sucedió una vez que muchas arañas tras una acalorada discusión se pusieron de acuerdo y tejieron durante interminables y agotadoras jornadas a través de todo un bosque una inmensa tela de araña que debería asegurarles protección y sustento por muchas generaciones.

La enorme telaraña gozaba de una resistencia y una flexibilidad extraordinarias, y con cada nueva generación de arañas, la tela crecía un poco más y se hacía un poco más fuerte sin perder nada de su flexibilidad.

Un día, pasaba por ahí un elefante que por vaquetón, holgazán y pendenciero, había sido expulsado de su manada. Por descuido, el elefante se internó en el bosque y, aburrido y algo cansado al no encontrar la salida de la telaraña, decidió subirse a una parte de la enorme telaraña…y la telaraña resistió.

El elefante jamás imaginó que la telaraña pudiera soportar su paquidérmico cuerpo. ¡Un elefante macho adulto puede llegar a pesar más de 6,000 kilos! El elefante se dio cuenta de que la telaraña, además de sostenerlo, era muy confortable, así que se acomodó y se quedó dormido.

Las arañas, aterrorizadas ante la presencia de tan pesado visitante, se reunieron en consejo y determinaron que era inútil confrontar al durmiente; la estrategia sería más bien organizarse y acercar algo de comida al elefante –pasto y follaje de los arbustos. Así, cuando el perezoso elefante despertó de su siesta, se encontró rodeado de delicioso follaje. Con gusto se dio a la tarea de devorar todo el alimento, y cuando terminó, y solo para entretenerse y favorecer la digestión, comenzó a balancearse en la tela de la araña… Y la telaraña resistió.

Asombrado y contento al ver que la telaraña resistía, el elefante fue a llamar a otro elefante vaquetón, holgazán y pendenciero como él. Las arañas dieron el mismo tratamiento al elefante recién llegado. Por ello, también el segundo elefante, al ver que la telaraña resistía, fue a llamar a otro elefante.

La tela de araña es la realidad institucional que llamamos México. Es el tejido de instituciones que a lo largo de muchas generaciones y con muchos esfuerzos, fracasos y sacrificios hemos ido construyendo los mexicanos. Instituciones de los más diversos tipos y con las más distintas funciones: las familias, las amistades, las escuelas, las empresas – desde los pequeños changarros hasta las grandes corporaciones –, los clubes deportivos, sociales y culturales, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones de la sociedad civil, las sociedades religiosas y por supuesto los partidos políticos y todas las instituciones del Estado Mexicano.

Los elefantes son los corruptos: aquellos parásitos, paquidérmicos e inútiles que se han montado sobre nuestra tela de araña institucional y que, en su locura, en su apetito elefantesco y su temeridad, se balancean una y otra vez sobre nuestra tela de araña. Elefantes que amén de vivir a costa del trabajo de millones de arañas, cada vez que pueden, van a llamar a otro elefante.

Elefantes que no conocen el miedo y no dudan en aplastar a cualquier araña que ose levantarse contra ellos o cuestionar su forma de vida parasitaria. Elefantes que funcionan como mafias y que han llevado su podredumbre – derivada del vicio de ganar dinero sin trabajar y de violar la ley en impunidad – al corazón de muchas de nuestras instituciones públicas y privadas.

Elefantes que, cuando están de buenas, les explican a las arañas que en México sólo prosperan los mafiosos y los corruptos; que el trabajo honrado y el amor a México son eufemismos que las arañas utilizan para disimular su debilidad; para disimular el hecho de que trabajan únicamente para alimentar a los elefantes. Ebrios de poder, de canonjías y dinero, los elefantes siguen yendo a llamar a otro elefante.

Hasta ahora la telaraña ha resistido. Porque es una telaraña noble y fuerte, una telaraña que se tejió tras muchas generaciones de sacrificios y sufrimientos; y una telaraña que se sostiene y resana con el trabajo constante de millones y millones de mexicanos honestos, de todos los credos y todos los gustos. Pero cada elefante que se trepa en la tela de araña y se balancea con sus cómplices vulnera a la telaraña. Si seguimos así llegará un momento en que los elefantes serán demasiados y reventarán la tela de araña. Entonces nos quedaremos sin refugio, sin hogar y sin fuente de trabajo. Nos volveremos apátridas porque no puede existir una patria sin instituciones fuertes y honestas.

¿Y los elefantes? Después del sentón, y de haber aplastado a muchas arañas, los elefantes se levantarán pesadamente, se sacudirán el polvo de sus inmensas nalgas y emigrarán al norte, a Houston, Colorado o Florida, donde viven muchos de sus compinches elefantes; o al sur, a alguna otra democracia vulnerable como la nuestra y allá, intentarán de nuevo montarse en una telaraña repitiendo eso de la “revolución bolivariana socialista”.

La primera parte del presente ensayo es una llamada de atención para las arañas. Para que nos pongamos de acuerdo y expulsemos a los elefantes de nuestro tejido institucional, para que le devolvamos el sentido, la dignidad y la honestidad política.

La segunda parte será un recordatorio para los elefantes sobre el precio íntimo y personalísimo de la corrupción: Quien es corrupto corrompe a quienes conviven con él y a las instituciones donde participa, pero también se corrompe. La corrupción, esa forma de podredumbre moral, espiritual y muchas veces intelectual es mala, como cualquier forma de podredumbre. No es bueno ser corrupto.

Quizá todavía queda algún elefante por ahí con algo de sentido común y un rescoldo de amor a México. Aún es momento de cambiar y de darse cuenta de que ni el dinero, ni el poder, ni la fama valen lo que vale la patria y la integridad persona.

Publicado originalmente en el blog de Ámbitos de Ciudadanía: https://ambitosdeciudadania.wordpress.com/

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Fernando Galindo Cruz

Escrito por Fernando Galindo Cruz

Profesor de la facultad de filosofía de la Universidad Panamericana y director Adjunto de la Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

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