Academia

El buen humor como valor

[fa icon="calendar"] 07-jul-2017 6:00:00 / por Joaquín Cruz Lamas

humor_como_valor.jpgGood Humour is not only the best Security against Enthusiasm (Fanatism), but the best Foundation of Piety and true Religion” (El buen humor no sólo es lo más seguro contra el fanatismo, sino también el mejor cimiento para la piedad y la verdadera religión). Decía el tercer conde de Shaftesbury en el primer volumen de su libro The Characteristicks of men opinions and times, quien ponía al buen humor como remedio efectivo en contra de aquellos que hoy en día conocemos como fanáticos y radicales. 

Quizá el conde sólo se refería a las discusiones en torno a la religión, pero me parece que podríamos aplicar la misma premisa a casi cualquier tipo de discusión. El buen humor, decía el conde de Shaftesbury, consiste en una forma efectiva de atenuar las diferencias radicales entre quienes ostentan posiciones que se oponen; es un modo de limar las asperezas que tanta fricción generan entre quienes se involucran en encarnecidos debates.

Ahora bien, el conde tampoco era un irrespetuoso de lo peor como usted y yo, querido lector, podríamos cometer el error de pensar. Todo lo contrario, no se trata de burlarse de lo que sea, ni de no ser capaz de tomarse cosa alguna en serio; se trata más bien de lograr una cierta disposición de carácter, de ser templado, de llegar a admitir los propios errores e incluso tomárselos con ligereza para poder así superarlos pacífica y armónicamente. Se trata también, como diría Roger Scruton, de ser capaces de reconocerse como humanos falibles que somos y no colocarnos en la posición de los ángeles.

Las verdades absolutas cada vez abundan menos en este mundo en el que nos tocó nacer, pero esa misma escasez de certidumbre, de acuerdo a lo poco que entiendo de las leyes del marcado, hace que el valor de estas aumente conforme crece la demanda. Es decir, que entre menos verdades absolutas tengamos, y al mismo tiempo mientras más las queramos, más aumentará el valor de éstas; de este modo cuando alguien crea haber encontrado una se aferrará a ésta de manera tan fuerte que no permitirá que su posición sea tomada de ninguna manera ni con la más pequeña pizca de sentido del humor; constituirá para él un credo del que es pecado mortal burlarse porque, además, cualquier indicio de risa, hasta el más pequeño, será considerado como una burla irreverente e irrespetuosa. Todo esto dando por hecho la premisa de que, en efecto, queremos verdades absolutas. Pero yo creo que sí las queremos, las buscamos cada vez con mayor ansiedad. ¿Por qué? No sólo porque son escasas y su número reducido hace que el valor de éstas aumente, sino sobre todo porque está en nuestra naturaleza (y vaya que es arriesgado hablar de naturaleza humana) el buscar verdades absolutas. Así es como funcionamos, queremos un base sólida, un fundamento que nos dé cierta estabilidad; es verdad, añoramos también la libertad, pero al mismo tiempo queremos saber que hay algo de cuya certeza podemos estar seguros, algo en lo que podemos confiar incondicionalmente; pero especialmente algo sobre lo cual podamos construir, incluso si esta base sólida es la libertad misma.

¿Cómo se relaciona esto con el sentido del humor (el sano sentido del humor)? En primer lugar se relaciona de manera tal que para los que encuentran una verdad absoluta a la que quieren aferrarse, el sentido del humor queda prácticamente excluido. Esto es normal, cuando creemos encontrar algo sagrado lo último que queremos es que alguien llegue y se burle de ello porque eso implicaría una falta de respeto, y entonces optamos por adoptar una absoluta seriedad y terminamos convirtiendo a esa verdad absoluta en un tema tabú que no puede tocarse sino sólo para ser reconocido en todo el esplendor de su verdad. De ello se sigue una forma de puritanismo, que no se agota sólo en la religión sino que también se ejerce desde el bastión de cualquier opinión que consideramos como intocable.

Hay, sin embargo, una enorme desventaja en este escenario: el debate termina polarizado y cada cual encerrado en su propia opinión. Los matices, las pequeñas discordancias y las sutilezas quedan anuladas por completo y las posiciones se reducen así a absolutos contradictorios e irreconciliables. Pero, y aquí vuelve a entrar el sentido del humor, una manera de resolver las tensiones y contradicciones en las opiniones es mediante la risa. Hay muchas maneras de hacerlo, pero una de ellas, y de las más efectivas, es la risa. Aquí comparece en este circo de discusiones y gritos el buen sentido del humor que defendía el conde de Shaftesbury. Pero este buen sentido del humor sólo es posible de una manera: en la confrontación directa, y no me refiero a confrontación como conflicto sino como un mirarse frente a frente de acuerdo al sentido etimológico de la palabra. Sólo así, sólo viendo al otro de frente, cara a cara, en diálogo presencial, no digital (por amor de Cristo) es como se puede dar un buen sentido del humor, sano, respetuoso y que no cae en la irreverencia y frivolidad de la burla. Sólo conociendo al otro como es, como otro ser humano igual que yo, es que podemos llegar a lograr esa armonía en la cual somos capaces de reírnos de nosotros mismos, de nuestros errores y exageraciones. No nos reímos de aquello en lo que creemos sino, insisto, de nosotros mismos. Es así que podemos llegar a limar asperezas, escuchando la risa del otro y compartiéndola, siendo capaces de hacer bromas y de recibirlas. Es así que el sentido del humor nos permite afrontar las contradicciones de la vida y de nosotros mismos; es así que podemos llegar a apreciar la perfección de la imperfección; y es así que, aunque sea un poco, el sentido del humor puede llegar a redimirnos.

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Joaquín Cruz Lamas

Escrito por Joaquín Cruz Lamas

Joaquín Cruz Lamas es filósofo egresado de la Universidad Panamericana, sus temas de interés en la filosofía son la estética y la filosofía de arte. Ha formado parte de la compañía de teatro de la Universidad Panamericana desde 2012. Es escritor y colabora con el periódico "El Hidrocálido" desde 2011. Es colaborador de la revista digital "LOGOS". Es miembro co-fundador del grupo estudiantil "NOUS" que se dedica a la difusión de la filosofía entre jóvenes. Fue presidente del consejo de alumnos de la carrera de filosofía de 2015 a 2016. Actualmente es asistente de investigación del IPADE y promotor de la carrera de música de la UP.