Academia

Visión del hombre según Karol Wojtyla

[fa icon="calendar"] 18-may-2017 6:00:00 / por Maria Teresa Pérez Arenzana

vision_hombre_karol_wojtyla.jpgEn Karol Wojtyla, lo específico del hombre se cifra en la racionalidad entendida como conciencia y voluntad.

Autodeterminación personal

La voluntad revela el orden dinámico de la persona. Podríamos identificar a la autodeterminación de la voluntad con la libertad, ya que tanto la libertad como la autodeterminación se explican por la manifestación del atributo de la persona que está vinculado (el atributo) a la voluntad, al querer concreto. La voluntad será lo que le permita al hombre querer algo sin necesidad, esto es, libremente.

 Dado que la voluntad hace referencia a la estructura del “podría”, por un lado, “pero no es necesario”, por el otro; así se forma el quiero humano que constituya el dinamismo propio de la voluntad. La voluntad es una propiedad específica de la persona por la que se realizan las acciones. Pero, la experiencia nos descubre que la voluntad no es solamente una propiedad de la persona, sino también una fuerza. En tanto, que es también a aquello a lo que recurre el hombre para conseguir sus objetivos.

Acto de la voluntad humana

Además, el dinamismo de la voluntad hace referencia al reconocimiento de la verdad, y depende íntimamente de él. Esto tiene como consecuencia que el acto de la voluntad sea un acto de liberación, y no de simple determinación de los objetos. A esta deliberación de los objetos que considera como valor se le llama intencionalidad de la voluntad; por ello la libertad verdaderamente entendida no será independientemente de los objetos, sino para los objetos buenos.Por conciencia (Cfr. K. Wojtyla. 1999: 177-182), Wojtyla entiende la facultad que obtiene sus contenidos significativos de los procesos activos intelectuales y prácticos que están dirigidos hacia la verdad; de esta manera tiene relación con la verdad. Así pues, la reflexión de la conciencia tiene carácter objetivante. Pero la conciencia no sólo reflexiona, no se refiere únicamente al actuar consciente; sino que también interioriza a su propia manera lo que refleja, incluyéndolo y captándolo en la persona. Es decir, también tiene conocimiento tanto del hecho de que está actuando como por el hecho de que es él quien está actuando, por lo cual tiene conocimiento de la acción, así como de su interrelación dinámica.

Experiencia subjetiva del individuo

Por lo tanto, la función esencial de la conciencia no es la de reflejar los contenidos objetivos de los procesos activos de conocimiento, sino la de formar la experiencia subjetiva del hombre, y de este modo experimentar su propia subjetividad (Cfr. Franquet Casas, 1998: 154). Así pues, la conciencia no sólo permite tener una visión interior de nuestras acciones y de su dependencia dinámica del “yo”, sino también experimentar estas acciones en cuanto acciones y en cuanto propias.

Conocimiento en toma de decisiones

Relación entre conciencia y voluntad. La diferencia entre pensar y querer, en términos generales, estriba en que el conocimiento tiene por objeto tanto lo conveniente como lo disconveniente. El querer, por el contrario se limita a lo que en cada caso es conocido como algo conveniente y en tanto que así es conocido por la respectiva subjetividad; de tal manera que aunque ésta puede conocer a la vez ambos contrarios, no puede en cambio quererlos a la vez, si los conoce en tanto que contrarios (Cfr. Millán Puelles, 1967: 220). El conocimiento se presenta como condición que influye en la toma de decisiones y en la elección, ya que nada podría ser objeto de la voluntad si no fuera algo conocido; de ahí que el conocimiento desempeñe el papel de condición del acto de la voluntad. Pero existe reciprocidad del condicionamiento del conocimiento sobre la voluntad, y de la voluntad sobre el conocimiento. Así pues, la intencionalidad de la voluntad influye en el conocimiento.

Este artículo fue extraído del ensayo “El secreto de la felicidad, tres perspectivas y una experiencia” escrito por María Teresa Pérez Arenzana.

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Maria Teresa Pérez Arenzana

Escrito por Maria Teresa Pérez Arenzana

Licenciada en Filosofía. Especialidad en Orientador Humanista y Psicoterapia Gestalt. Participante de talleres relativos al desarrollo humano: Manejo de conflictos, Intervención en crisis, Adicciones, Psicopatología, etc. Participante del programa Persona – Familia por el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, IPADE. Maestría en Filosofía. Especialidad en Antropología y Ética. Ejerce la docencia como miembro de la Academia de Filosofía Social y Política, además de ser profesora invitada de la Academia de Antropología y Ética, en la Universidad Panamericana. Pertenece a la asociación científica: Círculo de Filosofía de la Naturaleza (CFN) con sede en París. Contacto: mariateresaperezarenzana@gmail.com

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