Filosofía

Epistemología y Metafísica en el pensamiento filosófico de Carlos Llano

[fa icon="calendar"] 6/08/18 10:31 / por Virginia Aspe Armella

 

Carlos Llano Catedra UP-IPADE 
A finales de los noventas Carlos Llano dio un viraje en la temática filosófica que publicaba. Venía de dos obras claves, Las formas actuales de la Libertad (Trillas, 1995) y Dilemas éticos de la empresa contemporánea (F.C.E. 1997), en especial en la segunda obra se observa el contexto en el que Llano realiza sus indagaciones, pienso que no puede estudiarse a este pensador sin ese referente contextual. Llano siempre siguió la misma línea de pensamiento, pero entonces comenzó a publicar obra filosófica mucho más especializada y teórica. El viraje lo dio con el libro El conocimiento del singular (Publicacciones Cruz, 1995), y a partir de allí, se siguió con la tetralogía, Abstractio (Cruz, 2005), Separatio (Cruz, 2007), Demonstratio (Cruz, 2008) y Reflectio (Cruz 20010), cuatro libros resultado de sus indagaciones sobre las bases noeticas para elaborar una filosofía no racionalista. En mi opinión estos cuatro tratados corresponden a la etapa de madurez de su pensamiento, no porque dijera algo nuevo ni porque cambiara las bases conceptuales de su investigación, pues ciertamente en Llano hay un hilo conductor y de convicción filosófica a lo largo de todas sus publicaciones, hilo que podríamos denominar de cuño tomista; Llano dio durante treinta años ininterrumpidamente un Seminario de Epistemología en la facultad de filosofía de la universidad Panamericana en donde –alrededor de sus primeros alumnos, entre los que estábamos Rocío Mier y Terán, Arturo Picos y yo– comenzó a leer los Comentarios de Tomás de Aquino al tratado De la Trinidad de Boecio, los Comentarios a la Física y a la Metafísica de Tomás de Aquino, y la Crítica de la Razón pura de Kant, concentrándose especialmente en sus dos Introducciones; la tetralogía es el resultado de los apuntes que fue haciendo desde entonces. A santo Tomás, lo leyó toda su vida, y tomó sus argumentaciones como punto de partida para indagar sobre los problemas de su tiempo y, siguiendo algunas propuestas de Aristóteles, pensó los problemas de la realidad que le interesaban. Llano es un pensador tomista del siglo XX que, aunado a otras influencias relevantes para la solución de los problemas que le inquietaban, realizó la tarea de actualizar y aportar vigencia a una escolástica rancia que estaba a punto de recibir su acta de defunción. En realidad, lo que aporta su tetralogía es más una corrección frente a las interpretaciones escolásticas y tomistas que después de Juan de santo Tomás habían errado al interpretar el camino metódico de la metafísica. En su revisión merecen citarse dos autores parte-aguas para comprender su filosofía: Aristóteles y Karl Jaspers. Llano no fue consciente de su novedad filosófica ni estaría de acuerdo que se le catalogara así; conservador en el sentido vital en que alguien que vivió la guerra civil española, el frente comunista, el bloque soviético y la fundación y avatares del Opus Dei, seguía a la tradición y la actualizaba, su afán no era ni crítico ni apologético, pensaba directamente desde el realismo aristotélico-tomista pero siempre con la apuesta por el singular de Karl Jaspers para resolver los problemas que le inquietaban teniendo como interlocutor al racionalismo y atendiendo a las refutaciones y soluciones que Kant le había planteado. En su vida profesional del IPADE, Llano tomaba frontalmente los problemas de la realidad empresarial usando estas aportaciones. Cuando sus planteamientos no daban de sí, los replanteaba con las aproximaciones del vitalismo de Gaos y del enfoque psicologista de Karl Jaspers para volver siempre al enfoque del singular[1].

El problema del acceso al singular fue en Carlos Llano la obsesión filosófica subyacente; toda su reflexión se inserta en la posibilidad y dificultad del encuentro de la razón con el singular. Para Llano, la realidad es eminentemente singular y la razón, vertida en esencia sobre el conocimiento de las ideas, tiene que pasar por el drama de las operaciones mentales para lograr apropiárselo. Esta tensión la vivió nuestro autor como un drama noético sólo comparable con el poema Primero Sueño de sor Juana Inés de la Cruz que, en el siglo XVII, expresa el drama de la razón hacia la verdad en un poema de 947 versos, pero en Llano, todo menos argumentar poéticamente, aunque la tesis doctoral de Edith Stein Sobre la empatía le interesaba tanto por las mismas razones, me lo dijo a mí personalmente. El drama entre conocimiento y realidad lo expresó él mismo en su escrito El conocimiento del singular en el que sostiene: “El hombre parece un Midas idealizante, un ser condenado a universalizar cuanto singular quiere conocer con su inteligencia. Tan fuerte es su conocimiento de que solo el singular existe, como su imposibilidad para acercarse a lo singular existente más que por medio de ideas universales que, en cuanto universales, precisamente no existen.” Y remata esta reflexión diciendo: “Pero, ¿Habremos de conformarnos con acceder a lo que existe por medio de lo no existente?”[2]

La búsqueda de la filosofía de Carlos Llano está caracterizada por esta tensión: el contacto con el singular y la necesaria abstracción que opera el conocimiento a la hora de intentar comprenderlo y poseerlo. Si analizamos sus publicaciones bajo este enfoque, podemos incluso decir que en Llano hay una pugna constante para dar cuenta de la posibilidad del conocimiento del singular. Ese fue el sentido de sus investigaciones sobre la empresa, siempre analizando el proceso –el fenómeno o la génesis diría Jaspers– de las actividades prácticas humanas. El drama lo expresaba en sus clases, no es que fuera histriónico, sino que, al pensar y comunicar, reflejaba el drama habido entre el entendimiento y la realidad.

En esa misma tensión debe entenderse la unión inseparable que hay entre la filosofía de la empresa y sus estudios teóricos sobre abstractio, separatio, demostratio y reflexio, pues el primer género era una consecuencia del conocimiento práctico de la acción humana cuyo modelo estaba en la idea ejemplar, mientras que el segundo atendía a los principios por los que ese acceso era posible.

Es en este marco conceptual en el que hemos de ver las relaciones llaneanas entre metafísica y epistemología tanto en el ámbito de la empresa y de la acción directiva, como en sus producciones teóricas.

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Pasemos pues a un análisis general de su corrección a las metafísicas racionalistas; en ellas abarcaba tanto la desviación escolástica como la metafísica racionalista de Wolff y sus consecuencias en Kant. Me remitiré exclusivamente a algunos pasajes de Abstractio y Separatio para mostrar su revisión general: Llano hace una reconstrucción del proceso metafísico a partir de los puntos clave que encuentra fueron desviados en la interpretación de Aristóteles y Tomás de Aquino. Para él, “hay una confusión llevada a cabo, muchas veces impunemente, entre el concepto de ser y el ser concebido que acarreó serias consecuencias en la perspectiva entera de la metafísica, y, de manera particular, en los cuatro actos fundamentales del conocimiento humano que intervienen en el proceso metafísico: a) la abstracción, b) el juicio, c) la demostración, d) la reflexión.” (Abstractio, pág. 10). En el primer paso del entendimiento (la conceptualización, acto ideatorio o abstracción), funda la especificidad del acto abstractivo, se apoya en los experimentos biológicos de Pavlov, para mostrar que solo el ser humano es capaz de universalizaciones por el concepto para señalar que en el ser humano se dan en esta primera operación intelectual dos modos de acceder a lo no sensible: a) un conocimiento metafísico capaz de llegar a realidades no sensibles que da cuenta de la existencia de lo sensible, o b) a un conocimiento que abstrae lo sensible al modo de la matemática, concibiendo como no sensible lo sensible para conceptualizarlo mejor. Considera que “ambos tipos de ciencias pretenden hacernos entender las realidades sensibles, connaturales a nuestro entendimiento, pero de un modo radicalmente diverso: la metafísica desde el lado de lo real (nos proporciona un modo de entender la razón de su existencia) y la matemática desde el lado del concepto (nos proporciona un modo de conceptualizar algunos de sus conceptos) (Abstractio, pág. 27).

Pero partiendo del texto de Tomás de Aquino S.Th., I, q. 40, a.3, Llano demuestra en su libro que fue Cayetano quien en el Proemio de Ente et Essentia invirtió los términos llamando abstractio formalis a la abstracción científica, y abstractio totalis a una mera abstracción indeterminante. Llano nos dice que “de ahí que para Cayetano no hay más ciencias que las existentes dentro del ámbito de la abstracción formal, lo que llevó a decir en adelante que las ciencias especulativas se distinguían por su grado de abstracción formal exclusivamente, hecho que llevaría con los siglos a que Kant expulsara a la metafísica del conocimiento científico en razón de su alejamiento del singular.” (Abstractio, pág. 42). Llano demuestra cómo el error de interpretación de Cayetano lo interpretó Juan de Santo Tomás durante el renacimiento, al comentar el Libro VIII de la Metafísica de Aristóteles. El resto de su obra tiene como objetivo demostrar que para Tomás de Aquino la metafísica parte de la física y no de la matemática, y que ambos caminos tienen dos modos diversos de conceptualización.

Al iniciar su segundo análisis metafísico en Separatio (Ruz, 2007) Llano se adentra frontalmente en el problema por excelencia que se da en el intelecto humano, a saber, que el intelecto humano no puede conocer sin el concurso de una imagen. En la tradición árabe, autores como Avicena a quien De Aquino siguió en muchos puntos, habían sostenido erradamente que el intelecto no requería de las imágenes sensibles, y que era capaz de conocer por sí mismo las esencias absolutas, pero Tomás de Aquino se aparta de esa interpretación de tal modo que nos dice Llano: “El análisis del conocimiento intelectual queda incompleto visto solo desde el movimiento abstractivo, pues, como al Aquinate insiste repetidamente, no sólo abstrae del fantasma sino que también “el entendimiento conoce sus ideas en sus imágenes sensibles (intellectus intelligit species in phantasmatibus), porque no puede conocer incluso aquellas cosas de las cuales abstrae la idea, si no es volviéndose sobre el fantasma.” (Separatio, pág. XVI citando S.Th., I. q. 85 a.1, ad 5um.)

Resulta paradójico que el estudio de la metafísica, la ciencia de Dios, que no es material, lo ubique De Aquino así. Valientemente Llano recuerda que la segunda persona de la Trinidad se encarnó en la historia entrando al terreno empírico; sin embargo, se mantiene la objeción de la metafísica en cuanto teología cuyos objetos son inmateriales por definición y queda la aporía del paso del singular sensible a lo universal inteligible sin perder la realidad. Para complicar el acceso a la metafísica Llano reitera: “Las imágenes sensibles no fungen sólo como punto de partida del conocimiento intelectual humano, ni son, en el mejor caso, además, un apéndice de este conocimiento, una prolongación adventicia, una concesión a la parte animal, y corporal que el conocimiento humano, a fuer de animal, conlleva. La presencia de las imágenes sensibles concurre en la propia dinámica del uso de la ciencia, de la utilización integral del entendimiento. Esto es, tal vez, lo más sorprendente: el énfasis empírico de quien se ocupa de los problemas epistemológicos sólo en la medida en que son útiles para hacer teología, que por su objeto, exceptuando un aspecto importantísimo suyo [se refiere a la encarnación de la segunda persona de la Sma. Trinidad] se encuentran fuera de toda empiries.” (Separatio, pág. XVII)

El texto que rescata nuestro autor para probar su acertada interpretación del Aquinate es el Comentario a la Trinidad de Boecio, II q.6, a.2, ad 5um. que sostiene: “El fantasma es principio de nuestro conocimiento, de tal manera que a partir de él empieza su operación; pero no como principio pasajero, sino permanente, como fundamento de la actividad intelectual, de la misma manera que es preciso que los principios de la demostración permanezcan en todo el proceso de la ciencia, ya que las imágenes se relacionan con el entendimiento como sus objetos, en las cuales ve todo lo que ve…” Llano rastrea las razones que da De Aquino para justificar esto y las encuentra en el mismo Comentario a la Trinidad de Boecio, Expositio, Cap. III, n. 3, donde dice que el método para estudiar las cosas debe no sólo ser congruente con las cosas sino con el entendimiento de quien las estudia. De Aquino dice que no es posible conocer lo metafísico por la imaginación (al ser realidades no sensibles) ni es posible al entendimiento humano conocer las realidades metafísicas en sí mismas. Con esta exposición Llano formula la aporía del conocimiento metafísico y sentencia junto con Josef Pieper: “El problema metafísico lleva así entrañado su propio y peculiar problema noetico. Pues en el caso de Dios es tan principal conocer lo que pensamos de Él como conocer los límites de nuestro conocimiento sobre Él, hasta poder afirmar: este es el mejor conocimiento humano de Dios: saber que no sabemos de Él (quod homo sciat se Deum nescire)” (Separatio, pág. XIX).

Pero inmediatamente después muestra el camino para ir deshaciendo el nudo del problema argumentando que la dificultad propia de la investigación metafísica no se debe a la oscuridad del objeto sino a una connaturalidad del intelecto con la imagen. Así que la tarea metódica está en la dificultad complicadísima de la separación noética como separatio del objeto metafísico. El camino estriba en dilucidar una vía en la que el camino de la metafísica se entienda como ciencia cuyo objeto no existe con materia sensible y no se piensa con la materia sensible a pesar de que su punto de partida esté en la realidad física. Dos principios destraban la cuestión: la interpretación adecuada de la “sensiblilidad común” y la distinción entre xworiston o sentidos de “separado” en la abstracción cognoscitiva. Respecto de lo primero, y basado en Aristóteles, Llano hace una distinción entre los binomios koiné aesthetiké, koivé duvamis y koiné novtv, ya que, así como la física no puede concebirse sin las cualidades sensibles propias del sujeto correspondiente, la metafísica considera a un ser que de suyo está separado de la materia. Llano compara diversos pasajes de la Metafísica de Aristóteles para precisar que el decir on xoristov en sentido metafísico no refiere al ser en cuanto verdadero, sino “al ente separado” y “precisamente a la sustancia a la que llamará al final del Libro VI de la Metafísica ente en sentido propio.” (Separatio, pág. 58).

Siguiendo pasajes que abren Met. VII, Llano considera indudable este sentido de xoristov sustancial refiriendo a la oposición que hace el Estagirita entre la ousia como lo xoristov y aquello que es sumbebekós (Met., VII, 1, 1028a 25-34), y concluye: “De ahí que Aquino pueda asentar de modo rotundo que “lo separable absolutamente –simpliciter– se refiere a lo que es capaz de existir separadamente por sí mismo en el mundo real. (In Metaph. Lect. I, No. 1687)” Así, para Llano siguiendo a Aristóteles y De Aquino, “El ente en cuanto ente es, por definición, xoristov, porque la mención reduplicativa “en cuanto ente”, en cuanto tal, no significa solo la universalidad del ente (en cuanto ente, pues, y no en cuanto rojo o en cuanto vivo) sino, sobre todo, quiere significar la independencia de la realidad del objeto estudiado: ente en cuanto significa así el status irreferente respecto de mi pensamiento, la realidad definitiva, el ente exterior y separado.” (Separatio, pág. 59)

Así, a la metafísica la corresponde “la consideración de los entes separados de la materia (y no la consideración sin materia de los entes materiales (Separatio, pág. 61), como aclarando que la separación se refiere al ser (autonomía) no a los conceptos. Con esta distinción Llano muestra que el camino de la separación de la ciencia metafísica está “no en la abstracción” sino que se realiza por medio de un juicio; considera que este momento de la separación ocurre cuando la inteligencia aprende, de alguna manera, que Dios y el alma humana existen incorpóreamente. (Cfr. Separatio, pág. 119)

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Redondeemos la búsqueda del singular en el sentido de la metafísica de Carlos Llano: nuestro autor hace una crítica de las interpretaciones racionalistas de la metafísica considerando entre éstas tanto a una línea muy fuerte de la escolástica posterior a Tomás de Aquino (Escoto, Ockam, Cayetano, Juan de Santo Tomás, y algunos tomistas de su tiempo que va mencionando), hasta la tradición racionalista de Wolff a Kant. De los primeros, incluye a la tradición arabe-aristotélica, de los segundos, aún al empirismo. La manera como rectifica ésta desviación es recuperando el verdadero sentido de algunos términos, en especial, las nociones de “concepto de ser y de ser concebido” , el sentido del término “abstracción” con sus diversos significados, la diferencia entre “sensible común y sensibilidad común”, los sentidos de “xoriston o separación” en que puede entenderse la metafísica, los momentos operativos de la abstracción que puede darse en la primera operación del espíritu llegando al concepto, o en la segunda operación de éste, el juicio, llegando a la existencia. Toda la tarea de Llano tiene como método los siguientes pasos:

  • primero establece el problema y la aporía,
  • después recupera los textos básicos realizando una tarea intertextual o comparativa,
  • diálogo con los demás intérpretes sobre el tema,
  • delimitación filológica y semántica de los términos involucrados,
  • establece el verdadero sentido en que han de comprenderse los pasajes aludidos para proponer la tesis sentada entre conocimiento y realidad.

En el avance, aparece un Llano ante todo lingüista y gramático. La corrección que opera es de sentidos y significados en que se entienden las palabras. Formado en la tradición medieval, Llano realiza matices, distinciones, sentidos en que los términos pueden entenderse, hasta llegar a la atribución primera o a la proporción adecuada del término. No es un filólogo ni por profesión ni por capacidad lingüística, Llano leía en latín y conocía el griego pero no era experto en ese enfoque, su capacidad está más bien en la penetración gramatical esencial al pensar filosófico y propio de algunos de su predecesores españoles como Marías, Gaos, Ortega y Zubiri. En el contenido jamás intentó superar al pensamiento de Tomás de Aquino, pero tampoco buscó defenderlo, pensó desde él recuperando pasajes aristotélicos con la nueva luz de la filología de su tiempo y cara a la problemática contemporánea que le aquejaba. Si pensar en la operación y método de la metafísica eran cruciales en él porque llevaban a la inmortalidad del alma y a Dios, paulatinamente fue encontrando que allí se comprometía también el tema de la libertad. En su obra Etiología del error Llano se acercó peligrosamente a la modernidad cuando sostuvo que la causa del error estaba en la voluntad. Preocupada lo fui a ver un día y le dije: –Dr. Toda mi vida aprendí de ustedes y de los textos que la verdad está en el juicio y que éste es una operación no volitiva sino intelectual, lo que usted propone ahora lo dijo Descartes en el Discurso del método y con eso se abrió la modernidad al voluntarismo– preocupado, molesto como expresaba siempre lo que sentía, me dijo que lo iba a pensar; en el siguiente seminario que dio aludió al tema refiriendo a lo que le dije y explicó que el tema era la libertad trascendental en el ser humano. Llano llegó a incluir la libertad en sus planteamientos metafísicos tanto como Kant consideró que los tres temas de la metafísica eran Dios, la libertad y la inmortalidad del alma. Desde muchos años atrás tenía en ciernes esa idea, cuando nos ponía de examen en la década de los setentas dos textos sin nombre de su autor y había que compararlos y decir de qué autor era cada uno: Kant o Tomás de Aquino. Pero para el año dos mil, Llano había comprendido que la libertad se involucraba en el saber dejando atrás toda asepsia objetivante del tomismo, empero no cayendo en relativismo alguno. Es allí donde se ve que Llano cierra su ciclo metafísico en la madurez proponiendo una vía propia más allá de Tomás, pero de su mano. Al final, el tema de la idea ejemplar en la acción práctica directiva, y los principios de la koivn aesthetiké cierran y engarzan en polos extremos no tocados (la metafísica es de lo singular y concreto, pero no en el sentido de la acción práctica directiva), en un extremo Dios, el objeto por excelencia de la metafísica que buscaba, en el otro, la acción práctica concreta en la dirección de algo que tiene que ver con la concentración de la riqueza. ¿Qué tienen que ver estos polos tan distantes en dignidad y existencia? Ambos se encuentran en el nivel de realidades singulares. En Llano, lo detestable es la formalización, la cual acepta para el mundo de las ciencias fenoménicas, pero a él le preocupa otro mundo dado, el mundo del ser independientemente de la mente, un mundo arrojado hacia la precariedad de la materia o hacia el sustento de ella. Su encuentro con la metafísica es el encuentro con el ente en todas sus posibles manifestaciones. El ansia y la obsesión, el drama, estuvo en el reto de la mente a que saliera de sí. Llano nos deja un itinerario para lograrlo: el lenguaje de la existencia.


[1] Pasajes clave de Karl Jaspers que influyeron a Carlos Llano: “Perplejo en la situación al despertarme a la conciencia de mí mismo planteo la pregunta por el ser. Al encontrarme en la situación como posibilidad indeterminada tengo que buscar el ser para encontrarme verdaderamente. Sin embargo, al fracasar en esta busca, que quisiera encontrar el ser absoluto, comienzo a filosofar. Este es el filosofar partiendo de la “existencia” posible y éste es el método y camino hacia la trascendencia.” Jaspers, Karl. Filosofía. T. I, (Trad. Fernando Vela) Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1958. Introducción. XXXII. “La conciencia no es un ser como el de las cosas, sino un ser cuya esencia es esta cosa dirigida intencionalmente hacia el objeto. Este fenómeno primario, tan evidente como sorprendente, se ha llamado intencionalidad, la conciencia es intencional; es decir, la conciencia no se comporta respecto a los objetos como una cosa que se tropieza con otra o es tropezada por ella, no tiene relación causal con ellas, ni en generar una relación recíproca como es la relación de dos cosas homogéneas sobre un plano. En ella, por el contrario, yo tengo un objeto ante mí. Cualquiera que sea la forma en que lo tenga, sea en la percepción, en la representación, o en el pensamiento siempre persiste algo idéntico: la esencia de la conciencia como relación intencional.” (Filosofía. T. I, pág. 6). “Si yo advierto mi capacidad de decisión, no solo como capacidad de elegir propia de la arbitrariedad de la existencia empírica, sino como la posibilidad de decisión por cuya necesidad yo soy yo mismo, contemplo en el fondo esa capacidad de decisión la “posible existencia”: lo que yo sea, llego a serlo por medio de mis decisiones.” (Filosofía. T. I, pág. 114). La importancia decisiva de Jaspers está en la consideración de la persona concreta y completa; no basta hablar de la esencia y existencia, hay que recalcar la psicología, los estados emocionales y el verdadero trascendental que es la libertad.

[2] Llano, Carlos. El conocimiento del singular. Ed. Cruz. México, 1995.

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Topics: Metafísica, Epistemología, Carlos Llano

Virginia Aspe Armella

Escrito por Virginia Aspe Armella

Tiene la cátedra de filosofía en México en la Universidad Panamericana Profesora e investigadora de tiempo completo en esta Universidad Es también profesora en posgrados en la facultad de filosofía y letras de la UNAM Miembro del sistema nacional de investigadores nivel 2 de CONACYT del cual ha sido directora en diversos proyectos de ciencia básica SEP Miembro de la Asociación filosófica de México Ha publicado Obra en editoriales de La talla de FCE, CONACULTA, CNDH, Porrua, EUNSA, España y en revistas internacionales. Contacto: vaspe@up.edu.mx

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