Familia y Sociedad

La familia debe ser un ambiente de confianza, abierto a la comunicación y especialmente al respeto de las diferencias.

[fa icon="calendar"] 22/11/19 12:17 / por Ricardo Murcio

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

El punto de partida es el siguiente: la familia debe ser un ámbito de confianza. Este es uno de los retos más difíciles de lograr. Dentro de cualquier grupo social existen diferencias: desde las más simples -como la comida favorita- hasta las más complejas -como la profesión o el modo en que se desea llevar la propia vida-. Las diferencias, que al inicio de una relación personal suelen ser atractivas, terminan por desgastar y cansar a los individuos.

Es más o menos natural que se sea amigo de aquellos que comparten las mismas realidades sociales, familiares, gustos deportivos e, incluso, que se vistan de maneras similares. La familia no es la excepción, aunque cueste trabajo aceptarlo. Es común, por ejemplo, que los padres de familia tengan un consentido o consentida, aunque si uno preguntara a los padres dirían que a todos los quieren por igual. Sin embargo, cualquiera de los hijos puede señalar rápidamente al ganador de dicha categoría.

Estas preferencias y rechazos, que podrían llamarse naturales, tienden a generar comportamientos familiares disfuncionales. Los hijos que se sienten rechazados suelen generar mucho más conflicto que los que se sienten aceptados. De alguna manera, esto se convierte en un círculo vicioso, donde el rechazo produce más lejanía y la distancia genera mayores diferencias y, como consecuencia, mayor rechazo.

Por otro lado, la aceptación produce cercanía y esta produce mayor convivencia, que deriva en una mayor cohesión de los individuos, lo cual en principio parece positivo, pero no lo es en realidad cuando el costo significa el rechazo de otros miembros. Tampoco es conveniente porque puede derivar en una relación de dependencia y manipulación. De este modo, en las familias se pueden construir puentes o establecer barreras entre sus integrantes.

La familia funcional no se identifica con estos patrones, sino que procura vivir en un ambiente de armonía. Los padres deben hacer un esfuerzo por superar estos patrones, y promover un ambiente de libertad y respeto de las diferencias. La aceptación y rechazo de los padres tiene mucho que ver con sus expectativas respecto de los hijos. Generalmente en la familia disfuncional los padres desean obtener un resultado en los hijos, en lugar de aprender a ver a sus hijos como personas independientes y capaces de lograr sus propios sueños.

Esta realidad lleva a todas las familias -y a todos los ámbitos- al conflicto, palabra que normalmente se entiende como negativa. En general, se puede decir que existe una tendencia a evitar el conflicto. Sin embargo, la vida es en sí misma un reto que se debe resolver. La vida no está hecha o realizada cuando se nace, sino que cada persona la va haciendo mientras avanza en la misma. La familia debe ser una escuela de como enfrentar las dificultades en la vida, tanto en lo personal como en lo social. Aprender a manejar el conflicto es una de las principales funciones de la familia. En esta debería aprenderse a manejar las diferencias, las expectativas y los sentimientos de aceptación y rechazo que cada uno experimenta.

La mejor manera de resolver los conflictos interpersonales es la comunicación. Los principales problemas de comunicación se pueden resumir en los cinco siguientes: diferentes visiones, diferentes personalidades, confusión en los roles y sus objetivos, luchas por el poder y, la más común, el fracaso en las comunicaciones, el qué digo y cómo lo digo.

Pero, como se ha mencionado, las familias funcionales son sistemas abiertos de comunicación en los que se procura tener tiempos y espacios que permiten a todos ser escuchados y atendidos. No significa que la familia resuelve todos los problemas, sino que es un espacio en el cual se tiene la suficiente confianza para expresarlos, compartirlos y discutirlos.

Generalmente, una vez que se ha llegado a este punto, los padres suelen preguntarse: “si no debo decirles a mis hijos qué hacer ¿cuál es mi rol?” Las enseñanzas de los padres deben establecerse a nivel de los principios -o los criterios- no de los comportamientos. Por principio, se debe entender aquello que al romperse o cambiarse hace que el objeto pierda su naturaleza. Por ejemplo, si a una silla se le rompen las patas, esta perderá su naturaleza porque ya no servirá para sentarse a una altura cómoda del piso.

En el ser humano hay principios que, al romperse, producen una fractura en la propia naturaleza de la persona. Por desgracia, hoy en día hay muchas ideologías que pretenden demostrar lo contrario, que plantean un escenario falso a los padres de familia hablando de la flexibilidad, como si cada uno fuera capaz de ser cualquier cosa que se proponga.

Sin embargo, la experiencia nos dice que esto no es así: la libertad tiene un límite y un orden. Si se siguen los principios rectores de la naturaleza humana se encontrará un gran abanico de posibilidades. La apertura y el respeto a todos los miembros de la familia deben contenerse en estas posibilidades. Si se enseña a los hijos la confianza en la verdadera libertad, pronto dejarán de necesitar una dirección continua y comenzarán a escuchar verdaderamente a sus padres.

El puente de trabajo se encuentra entonces en la comunicación. Esta se da de muchas maneras, pero principalmente, con el ejemplo. Los hijos se dan cuenta del modo en que los tratan y cómo les hablan sus padres. No son tan conscientes de las cosas que se les dicen, sino de las formas que se utilizan. El tiempo que se dedique a los hijos nunca será mal utilizado; estar con ellos promoviendo un ambiente de paz y tranquilidad, ayuda a generar confianza.

La comunicación debe ser también bilateral: en que los padres aprendan a hablar y a escuchar. No responder, no juzgar, sino dialogar. Hay quienes recomiendan tener espacios específicos para estas actividades, cosa que en opinión de este autor es lo mejor. Establecer rutinas, tiempos especiales que estos espacios sean de apertura y paz, no de juicio y represión, promueve la confianza entre los miembros de la familia.

Como una pequeña conclusión podría decirse que la familia funcional es un ámbito abierto al diálogo, en el que se definen principios rectores y se da libertad de actuación a los hijos. Es un espacio en el que no se evaden los conflictos, sino que se enfrentan y se resuelven, desde lo emocional hasta lo intelectual, desde la envidia hasta el plan de carrera profesional. Los padres, no son un estorbo sino el complemento y una guía. (MacArthur, 2017)

Artículo extraído del libro Ser y hacer de las familias empresarias, 2017. p.318-321. El libro podrán encontrarlo en la librería del IPADE La Posta.

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Topics: Principios familiares, Valores familiares, Crecimiento

Ricardo Murcio

Escrito por Ricardo Murcio

Profesor de las áreas de Empresa-Familia y de Factor Humano del IPADE. Es máster y doctor en Gobierno y Cultura de las Organizaciones por la Universidad de Navarra. Es máster en Dirección de Empresas por el IPADE y licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana. Fue Director Corporativo del MEDE y director de las áreas de Empresa-Familia y de Factor Humano del IPADE. Es consultor de empresas familiares, participando en distintos consejos de administración y de familia. Cuenta con experiencia directiva en Grupo Posadas, fue director académico del Colegio Superior de Gastronomía y ha realizado labor docente en diferentes universidades.

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