Familia y Sociedad

El proyecto familiar

[fa icon="calendar"] 10/07/19 12:50 / por Laura Cremades Granja

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Cuando contraes matrimonio, cuando inicias la vida en común, hay un periodo importante de adaptación de ambos cónyuges, que varía mucho porque depende de cada matrimonio y de cada persona que lo integran. Alguna de estas adaptaciones viene al descubrir que el otro no piensa lo mismo que tú, que el otro no planea de la misma forma que tú, no come las mismas cosas que tú, no arregla las cosas de la casa de la misma forma que tú.

Seguramente durante el noviazgo ambos tuvieron oportunidad de conversar mucho y conocerse, para decidir si el novio, en el caso de ella, o la novia, en el caso de él, era la persona adecuada para casarse y compartir el resto de la vida. Ahora, ya juntos, pueden aprovechar cualidades de cada uno como pueden ser el buen orden que él sabe poner en todo o la buena capacidad social de ella o de él, pero hay muchas cosas que todavía hay que ajustar y que no son tan fáciles.

Dependiendo de la buena gestión que cada uno y juntos hagan en esos primeros años, pueden disfrutar de frutos como la habilidad de convivir y conversar sin irritarse, sin desesperarse, sin frustrarse, sin enojarse. La completa comunicabilidad no es posible en la persona humana, porque podemos conversar, abrazar, besar, acompañar de muchas maneras, pero nunca otro podrá vivirme más de lo posible, hay un límite. Aceptar ese límite y vivir sanamente cada uno el yo, el tú, el nosotros dos y el nosotros como familia es un arte que se puede aprender y educar, como la mayoría de las cosas en la vida.

Es importante aprender a vivir la vida matrimonial con total entrega, compromiso, apertura y aceptación incondicional, desinteresada y gratuita. El cónyuge se nos entrega y el que recibe le debe acoger con amor, amor sin condiciones, desinteresado y gratuito. Con un amor así, la adaptación es más fácil porque se busca el bien del otro, se ve al otro en su realidad, en su vulnerabilidad, en sus condiciones de vida, con sus cualidades y defectos, aciertos y errores y con todo su enorme valor. Reconocer al otro toma tiempo, requiere confianza y depende de que uno quiera querer al cónyuge de esta manera. Es una decisión que conviene tomar.

De amar así al cónyuge se desprenderá la forma en la que se ama a los hijos. También será como los hijos amarán, debido a que aprenden más con lo que hacemos que con lo que decimos. Nos observan todo el tiempo, me decía una querida amiga. Hay que poner esta buena intención de acogida amorosa en todo momento y eso requiere también dar su lugar al cónyuge, acompañarle, estar disponible y con entrega, con prudencia, decencia y paciencia, dice mi marido. Aprendiendo a guardar silencio y confiando y esperando lo bueno del otro, tratándolo como todo lo bueno que es y que puede llegar a ser. Esto se parece mucho al respeto. Cuando yo escucho pensando que me está juzgando mi cónyuge o que no me comprende, empiezo a abrir una brecha entre los dos, me siento víctima, no me entrego, no lo acojo, me defiendo, me escondo, ataco y es todo un error que puede llevar a discusiones de diferente importancia. Ahí es cuando sé que hay que volver a empezar porque he roto la comunicación confiada en la que cada uno puede ser quien es.

Dos se hacen uno, no sólo en cada hijo sino también en una nueva familia; con una propia cultura y forma de ser que se irá forjando con el paso del tiempo y que será siempre dinámica, resultado de todas las acciones, decisiones y convivencia de cada uno y de los dos en conjunto.

Conviene hacer ver a los niños desde temprana edad, o incluso ya mayores, aunque sean adultos, que contamos con su apoyo y buena actitud para que haya un buen ambiente en la casa, y papá y mamá no tengan que discutir o tener disgustos a causa de los caprichos o malas reacciones de los hijos. Este pequeño autogobierno que el hijo puede tener sobre sí mismo ya le educa, porque le enseña a salir de sí mismo y amar, en este caso, a sus papás, a todo el proyecto familiar del que es parte y al proyecto matrimonial de sus papás, del que proviene.

Próximamente publicaremos otro artículo de la Dra. Cremades titulado "Tiempo con tus hijos". ¡Espéralo!

New Call-to-action

 

 

Topics: Familia, Principios familiares, Valores familiares

Laura Cremades Granja

Escrito por Laura Cremades Granja

Cursó Ingeniería Biomédica en la Universidad Iberoamericana, la Maestría de tiempo completo en el IPADE, la Maestría en Educación Familiar en la Universidad Panamericana. Cuenta con estudios de finanzas en el ITAM y estudios de desarrollo humano en ULIA. Trabajó en Bancomer y en Enlaces Integra, subsidiaria de Satélites Mexicanos. Ha sido profesora en la UNAM, en Enlace, en UNIR, UNID, ULIA y el CUP.

desarrollo-carrera-profesional-carlos-llano

Suscríbete a las notificaciones de este blog

Artículos Recientes