Familia y Sociedad

¿Es posible ser feliz?

[fa icon="calendar"] 8/03/18 11:31 / por Francisco Ugarte Corcuera

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Todos estamos inclinados a la felicidad y, a la vez, se trata de una tarea difícil. La pregunta que surge ahora es si la dificultad es superable. ¿Es realmente posible ser feliz? Las respuestas negativas a esta pregunta van desde la imposibilidad constitutiva del hombre para la felicidad, que sostiene el existencialismo radical como hemos visto, al escepticismo de Savater en nuestros días: “en cuanto a conquistar la felicidad, la felicidad propiamente dicha… sobre esto yo no me haría demasiadas ilusiones”[1].

Y, desde una perspectiva teológica, el enfoque negativo consistiría en reducir la posibilidad de ser feliz a la otra vida, después de la muerte, de manera que ser infeliz ahora sería como el requisito para merecer la felicidad futura. Detengámonos en esta última idea.

Hay quienes conciben la felicidad en la tierra como contrapuesta a la felicidad del cielo: o se es feliz aquí o se es feliz allá; quien desee alcanzar la felicidad definitiva deberá resignarse a ser infeliz ahora, es el precio que habrá que pagar para merecer la felicidad eterna. Este planteamiento llevaría, por tanto, a la resignación ante una vida por fuerza infeliz.

Quien tiene fe sabe que “Dios ha depositado en el corazón de cada hombre el deseo de la felicidad, como un impulso primario, y quiere responder a él comunicándonos su propia felicidad, si nos dejamos conducir por Él”[2], es decir, que Dios quiere positivamente que seamos felices y desea que nosotros, libremente, aceptemos su ofrecimiento de ayudarnos a conseguirlo. Pero, ¿dónde se encuentra esa felicidad que Dios quiere que alcancemos, en esta vida o sólo en la vida posterior a la muerte?; ¿existe alguna relación entre ser feliz ahora y ser feliz después?

La felicidad en esta vida o en la otra

Josemaría Escrivá de Balaguer señalaba que “el Señor no nos impulsa a ser infelices mientras caminamos, esperando sólo la consolación en el más allá. Dios nos quiere felices también aquí, pero anhelando el cumplimiento definitivo de esa otra felicidad que sólo Él puede colmar enteramente”[3]. Esto quiere decir que no sólo no hay oposición entre una felicidad y otra, sino que se da una continuidad, porque la felicidad de ahora suele ser el preludio de la felicidad definitiva. Más aún, puede afirmarse que “la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra”[4]. En este enfoque, obviamente, no cabe la resignación ante una vida con problemas y dificultades, sino la búsqueda activa de esa felicidad para la que Dios nos ha creado.

Pero puede surgir otra pregunta: ¿es esto compatible con el dolor y el sufrimiento?, ¿acaso no son las desgracias y las tragedias de la vida el precio a pagar para ganar el cielo? El modo de proceder de Jesucristo, recogido en tantas escenas del Evangelio, responde a estas preguntas: “Dios quiere la felicidad de los hombres así en la tierra como en el cielo. Es falso que nos haga comprar la dicha futura a costa de nuestros males presentes. Abrid el Evangelio. ¿Permaneció indiferente Jesús a los sufrimientos de los hombres? ¿No se compadeció del dolor de las hermanas de Lázaro ante la tumba de su hermano hasta llegar a llorar también Él? Si nuestros males actuales fueran la condición de nuestra dicha futura, ¿hubiera curado Jesús a tantos lisiados y a tantos enfermos, privándonos en esta hipótesis de su más segura posibilidad de ser dichosos?”[5] Por tanto, aunque Dios permita el dolor y el sufrimiento en la existencia del hombre, como oportunidad para aumentar el merecimiento de la vida eterna, quiere también que aprendamos a llevar esos males de manera que no nos convierten en personas desgraciadas, sino por el contrario y paradójicamente, que sean camino de felicidad también en esta vida.

Las consecuencias prácticas de los dos enfoques anteriores son muy claras. Quien considera que ser infeliz ahora es condición para ser feliz después, vive la vida con una actitud negativa, que le impide disfrutar de los bienes que Dios mismo ha puesto a su disposición, le inclina a renunciar a los placeres lícitos y a las alegrías válidas, para abocarse unilateralmente a todo lo que sea sufrimiento, tristeza o amargura. Una vida así difícilmente se puede vivir con intensidad y lo más probable es que no permita que los talentos recibidos fructifiquen, y que acabe, por tanto, en la frustración.

En cambio, quien descubra la estrecha conexión y continuidad que existe entre la felicidad presente y la futura, adoptará una actitud positiva, que le llevará a aprender cómo ser feliz ahora para ganarse después la vida eterna. Entre otras cosas, vivirá agradecido con Dios y con sus semejantes por los dones que recibe de ellos, y procurará hacer el mayor bien posible, de manera que los talentos rindan al máximo, lo cual será fuente fundamental de satisfacciones aquí y preparación para la felicidad definitiva. Los problemas, el dolor y el sufrimiento, cuando aparezcan, se aceptarán y se preocurará descubrir su sentido para que se conviertan también en fuente de felicidad, aunque esto suponga un aprendizaje especial.

Artículo extraído del libro “El camino de la Felicidad”, Panorama, 2010 México D.F. pp. 19-22, escrito por Francisco Ugarte Corcuera.

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[1] Savater, Fernando, Prólogo a Russell, Bertrand, La conquista de la felicidad…, p.13.

[2] Pinckaers, Servais, En busca de la felicidad, Palabra, Madrid 1981, p. 38.

[3] Escrivá de Balaguer, Josemaría, Es Cristo que pasa, MiNos, México 1959, n. 126.

[4] Escrivá de Balaguer, Josemaría, Forja, MiNos, México 2006, n. 1005.

[5] Chevrot, Georges, Las Bienaventuranzas…, p. 32.

Topics: Dignidad Humana, Felicidad, Sentido de vida

Francisco Ugarte Corcuera

Escrito por Francisco Ugarte Corcuera

Nació en la ciudad de Guadalajara (México), obtuvo la Licenciatura y la Maestría en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, y el Doctorado en Filosofía por la Universidad de Santa Cruz, en Roma. Ha publicado diversos estudios filosóficos, especializados y de divulgación, en el país y en el extranjero. Entre sus publicaciones están; Del resentimiento al perdón: una puerta a la felicidad, Vivir en la realidad para ser feliz, La amistad y Metafísica de la esencia. Ha impartido innumerables clases y conferencias sobre temas antropológicos, apoyado también en su conocimiento de personas de todos los ambientes.

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