Familia y Sociedad

La necesidad de valorarnos

[fa icon="calendar"] 6/11/19 10:30 / por Ernesto Bolio y Arciniega

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Las personas tienden a simpatizar con aquellos que les ayudan a valorarse. El ser humano tiene la necesidad de evaluar su actuación, de saber si está respondiendo correctamente, de comparar sus sentimientos, opiniones y capacidades con los de las otras personas. Las demás personas actúan a manera de espejos en los que evaluamos constantemente nuestros juicios, creencias y actitudes, queremos saber si los sentimientos que experimentamos en una situación particular son los adecuados y, en última instancia, saber si estamos dando lo mejor de nosotros mismos. Solamente las otras personas nos pueden suministrar esta información. Este punto es de gran importancia en el desarrollo emocional del niño. En la infancia temprana los padres constituyen prácticamente el único espejo en el que el niño puede reflejar sus sentimientos. El niño es, a la vez, emisor y receptor de una infinitud de actitudes, mensajes no verbales y comportamientos que inducen y despiertan en él toda la gama de sentimientos que comprende la relación humana. El contexto en el que se desarrolla la relación es muy importante, pues el niño es sumamente sensible a la carga emotiva que enmarca la interacción en un momento dado; así, si el contexto de relación con otra persona es de frialdad e indiferencia, no deberá extrañarnos que ésta perciba los mensajes como de rechazo, aun cuando no se albergue hacia ella ningún sentimiento negativo en particular.

En función de esto un niño puede ser receptor de mensajes de rechazo por parte del padre o de la madre, ya sea porque efectivamente exista ese rechazo o porque él lo perciba como tal. De aquí la importancia para los padres de integrar razón y sentimientos en una unidad congruente; es decir, que lo que piensan y lo que sienten vaya en consonancia con lo que dicen y lo que hacen. Cuando el padre o la madre no ha integrado adecuadamente razón y sentimientos, su conducta es muchas veces inmadura e inconsistente para con el hijo, quien se ve sometido a información y mensajes ambivalentes que obstaculizan el adecuado desarrollado de su estructura emotiva. Es el caso, muy frecuentemente por cierto, del niño a quien por un lado le dicen que lo quieren y, por el otro, a la menor falta que comete, lo golpean; en esas circunstancias no es nada extraño que el niño desarrolle una serie de conflictos internos y que sea incapaz de cimentar adecuadamente sus propios sentimientos.

Otro error muy usual de los padres radica en dar por sentado que el niño se sabe querido por ellos; no se plantean el hecho de que éste tiene la necesidad de ser reafirmado en sus sentimientos y que ellos, a través de sus palabras y manifestaciones de afecto, son el medio a través del cual puede hacerlo. Cuando un niño crece con el sentimiento de que es rechazado por los padres, sufre lesiones en su estructura psíquica, que muchas veces son irreversibles.

El padre que tiene preferencia por un hijo y no tiene para con los demás una conducta compensatoria, generará, en muchas ocasiones, una situación de desequilibrio en la relación, que generalmente es percibida como de rechazo y que conlleva una serie de conflictos para el niño que la experimenta, siendo el más común un sentimiento de minusvalía con respecto al hermano que es objeto de las manifestaciones de afecto y preferencia del padre.

De este proceso nace la necesidad de que el padre sea consciente de la conducta que observa para con cada uno de sus hijos. Es a través de la interacción con los padres como el niño va configurando su personalidad y educando su conciencia de sí mismo y de los demás. Si cada vez que hace un dibujo es objeto de comentarios sarcásticos, si sus pequeños esfuerzos no son valorados o recibe una reprimenda a cambio, si sus comentarios o intervenciones son ignorados, crecerá convencido de que lo que dice o hace carece de importancia y valor. Si a esto añadimos la presencia de un hermano al que se aprueba, consiente y alaba en todo, el sentimiento, incipiente de inferioridad y minusvalía se convertirá en convicción firme que difícilmente podrá ser erradicada del todo en la edad adulta.

Artículo extraído de Bolio y Arciniega Ernesto, Relaciones entre padres e hijos, preferencias y rechazos, 3ra edición, México, Trillas, 1996 pp.33-35.

Ebook Libertad y Educación Cátedra Carlos Llano

Topics: Familia, Valores, Principios familiares, Valores familiares

Ernesto Bolio y Arciniega

Escrito por Ernesto Bolio y Arciniega

Profesor decano del área de Factor Humano en el IPADE. Programa de Alta Dirección (D-1), Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE). Médico Cirujano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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