Familia y Sociedad

Las virtudes humanas

[fa icon="calendar"] 26/09/19 11:11 / por Ernesto Bolio y Arciniega

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

La virtud es, en nuestros días, una palabra muy desprestigiada. Para la mayoría de la gente representa un término nebuloso cuyo significado no está muy claro. La palabra virtud inspira en muchas personas una sonrisa difícil de reprimir, ya que se le identifica con muchas cosas; entre otras con una forma desvirilizada de castidad o con una visión timorata y retraída de la vida.[1] Estas concepciones distorsionadas están muy lejos del sentido real de lo que el término implica. Virtud viene de latín vir, que significa fuerza, e incluye todo aquello que perfecciona al hombre, que le permite un modo de existencia espiritual y le hace dueño de sí mismo.

Para efectos prácticos definiremos la virtud como un hábito operativo, es decir, una disposición estable del individuo para la acción, con la característica particular de que es bueno, en el sentido de que es fuente de riqueza espiritual y perfección para el hombre que la practica.

El hombre es cuerpo y espíritu, y aunque ambos aspectos forman una unidad inseparable, lo someten necesariamente a impulsos que tiran de él, muy frecuentemente, en direcciones opuestas: por un lado su sensibilidad lo inclina fuertemente hacia la obtención de aquellos bienes sensibles que constituyen su objeto, por el otro, su intelecto lo lleva a la búsqueda de la verdad y del bien universal.

Las virtudes actúan como un principio de unidad que permite al hombre integrar razón y sentimientos de modo que ambos converjan en un justo medio, subordinando las tendencias inferiores a los dictados de la razón. Cuando una persona carece de este mando unificador puede fácilmente absolutizar el aspecto sensible de la realidad, que es el más inmediato y gratificante a corto plazo; pero que lleva en sí mismo el germen del descontrol y la dispersión cuando se le abandona a su propio juego, pues aunque la sensibilidad es la que permite disfrutar de la realidad viva y presente, es la razón y no aquélla la que está diseñada para dirigir el accionar humano.

Las virtudes son, más que la mera repetición mecánica y rutinaria de actitudes o comportamientos, la presencia activa de la inteligencia y la voluntad. Las virtudes dan al hombre, más que la simple capacidad de obrar bien, la de obrar cuando debe y como debe.[2]

Esto es en forma muy general, lo que encierra el concepto de virtud. La causa del actual abandono en que se encuentra la podemos situar, en las características de nuestra época moderna.

Vivimos en una sociedad en la que todos aquellos rasgos que capacitan al ser humano para lograr el éxito material son ensalzadas y desarrolladas al máximo, proceso que lleva implícito el abandono gradual de todo aquello que no constituye una herramienta para alcanzarlo. En esta tesitura resulta obvio que muchas virtudes humanas se conviertan en un lastre del que es preciso deshacerse si se quiere triunfar.

Al interactuar con la sociedad en que vive, el ser humano es impactado por la serie de creencias, ideales y valores que la constituyen, y con ello sufre un proceso de aprendizaje que generalmente le pasa inadvertido y que, en caso de ser negativo, puede llevar a una lenta y gradual depauperación de su estructura psíquica y afectiva. Son muchos los padres que se preocupan más por la buena preparación técnica de los hijos que por su formación moral. Los parámetros a la luz de los cuales se elige la escuela de los hijos no están tanto en la capacidad de ésta para fomentar en ellos virtudes humanas y darles una formación integral que les permita una vida de mayor plenitud y una mayor capacidad para enfrentar los diferentes problemas que ésta conlleva, sino en aspectos secundarios que pueden ser placenteros (queda cerca de la casa) o útiles (enseñan inglés); pero que pueden no ser lo más conveniente en forma integral, si concomitantemente se están destruyendo los valores y la estructura moral del niño.

Pese al estado de cosas, en la encuesta que realizamos fueron los valores humanos los que aparecieron con mayor frecuencia como causa de preferencia, y los defectos, su contrapartida, como la principal fuente de origen de rechazo. La honradez, veracidad, obediencia, perseverancia, valentía, desprendimiento, sinceridad, paciencia, humildad, etc., fueron consistentemente mencionados por los padres como los aspectos que, cuando presentes en el hijo, despertaban en ellos no sólo sentimientos de preferencia, sino también de admiración y respeto por él.

Las virtudes son, pues, una fuerza poderosa en la vida de los hombres, aun cuando son ignoradas muchas veces y consideradas como algo secundario otras; son también, sin embargo, aquello que aun de manera inconsciente despierta la simpatía del hombre cuando las ve presentes en sus semejantes.

Artículo extraído de Bolio y Arciniega Ernesto, Relaciones entre padres e hijos, preferencias y rechazos, 3ra edición, México, Trillas, 1996 pp.37-39.


[1] Simón René, Moral. Curso de filosofía tomista. Ed. Herder, Barcelona, 1972, pág. 323.

[2] Simón René, Op. Cit., pág. 335.

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Topics: Familia, Jerarquía de valores, Humanismo, Afectividad

Ernesto Bolio y Arciniega

Escrito por Ernesto Bolio y Arciniega

Profesor decano del área de Factor Humano en el IPADE. Programa de Alta Dirección (D-1), Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE). Médico Cirujano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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