Familia y Sociedad

Todo es de Dios. Entonces, ¿robar es de Dios?

[fa icon="calendar"] 31/07/19 13:19 / por Laura Cremades Granja

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

En Él fueron creadas todas las cosas, todo fue creado por Él[1] y para Él[2]. ¿Por qué? Según nos ha sido revelado y por lo que podemos conocer, Dios es amor y el amor es siempre fecundo, generoso, no puede quedarse solo y estéril, sino que crea lo bello, lo bueno, lo verdadero en todo.  La forma en la que creó todo fue a través del Big Bang y la evolución, según se ha investigado. Y la ciencia va descubriendo cada vez más detalles de la creación de Dios, de modo que algunos científicos se han quedado asombrados al ir conociendo y comprendiendo el lenguaje científico de Dios (como sucedió en el caso del genoma humano, de cuyo descubrimiento hay un libro titulado precisamente El Lenguaje de Dios, de Francis Collin, Director del Proyecto Genoma Humano del gobierno de Estados Unidos).

 Todo lo que existe es sostenido, en el presente, por Él[3], la creación sigue ocurriendo, y a cargo de todo pone a la persona humana, para que lo administre con sabiduría, prudencia, orden y responsabilidad.  Además, Dios quiere que las personas seamos sus hijos[4], nos ama y quiere llenarnos de bienes. Esto no lo ha hecho con nada más de lo que hay en la creación.

 Ante estas afirmaciones, un niño me preguntaba: “entonces, si todo es de Dios, robar es también de Dios” y, “¿los ladrones también son de Dios?”. Lo más fácil fue responder que los ladrones también son de Dios y Dios los quiere mucho pero obviamente no quiere que roben porque a nadie le gusta que le quiten lo suyo. Platicamos entonces de la importancia de tratar a otros como quieres que te traten a ti [5] y no hacer lo que no quieres que te hagan a ti. Platicamos también que el mal es ausencia de bien y que existe el enemigo de Dios y de todo lo creado, incluidos nosotros. Y me quedé pensando acerca de cómo resolver la primera pregunta.

 La respuesta se va perfilando en el sentido de que Dios no es un tirano que mueve todo como piezas de ajedrez o como si fuéramos títeres. Él creó todo con una ley natural, un orden que podríamos llamar científico. Cuando este orden natural se trastoca, se desordena, empiezan a suceder los problemas. En el caso de la persona humana, la hizo libre para elegir. Podemos elegir entre robar o no robar. Si no robamos crecemos en responsabilidad y honestidad, en paz y alegría, en confianza y optimismo. Si robamos, nos vamos volviendo más mezquinos y calculadores, poco confiables, ansiosos, con cargo de conciencia, con falta de paz, nos vamos haciendo incapaces de relacionarnos con Dios[6]. Esto le entristece porque quiere que seamos sus amigos, Él ofrece su amistad y espera nuestra respuesta.

 Casi siempre podemos elegir: elegimos si seguir trabajando o hacer un descanso, si ir al cine o quedarse en casa, si ir a un colegio o a otro, si trabajar en una u otra profesión. Hay otras elecciones más complejas que estas que son muy elementales aunque importantes. Elecciones como decidir sonreír y ser amable con tu cónyuge o con tus hijos, escuchar y conversar con tus padres. Ser honesto y servicial, humilde y solidario o interesado, corrupto, robando o calumniando cuando hay oportunidad son elecciones. Creer en Dios es otra elección[7]. Dios hace un llamado, muchos llamados en la vida. Para eso somos libres, para elegir si nos sujetamos a nuestros caprichos, a nuestra comodidad, a la mentira, al robo o a nuestra rebeldía o si nos sujetamos al cuidado amoroso del Creador. Esta es la vocación a la que estamos llamados. Al que confía en Dios, Dios se le muestra cada vez más y se vuelve camino, verdad y vida[8].

 Dice Robert Barron, creador del sitio https://www.wordonfire.org/resources/tag/espanol/ que, ante lo que en la película de John Wick se expone (ver https://www.youtube.com/watch?v=RsBpyQfiahg) como una vida de persecuciones, obstáculos y retos a vencer y en la que todos moriremos, la realidad es que no vivimos en balde ni morimos sin más, sino que la vida y la muerte tienen un sentido porque Jesucristo nos ha enseñado con su propia vida lo que es la persona humana: poseedora de los tesoros de su Creador y destinada a una vida después de esta vida llena de alegría, de belleza, de bondad, de gozo, de maravillas que no podemos ni imaginar, porque ni ojo vio ni oído escuchó lo que Dios tiene preparado para quienes le aman y en Él confían[9]. A este llamado podemos decir sí. Este tesoro del que somos poseedores, incluso sin saberlo, lo llevamos, como dicen muchos santos, en vasijas de barro[10], por eso tantos escándalos y malos comportamientos de quienes tendrían que decir sí al bien, a la solidaridad y al servicio, pero le dicen que no volteándose a sus propios pensamientos y sensaciones, que los esclavizan y que llevan a soledad, depresión, ansiedad, falta de paz y de alegría (devaluadas hoy pero tan necesitadas cuanto más carecemos de ellas). Lo que realmente libera[11], parece ser que es este Dios que todo sostiene hoy y ahora y que con ternura nos promete lo mejor[12], démosle una oportunidad, porque son promesas que siempre cumplirá. Porque no hay otro nombre por el cual podamos ser salvados[13].

 

[1] Jn 1,3.

[2] Lc 20,38.

[3] Job 12,9 y 10.

[4] Jn 1,12.

[5] Mt 7,12.

[6] Salmo 37, 3 y 4.

[7] Lc 12,8. Mt 21,21.

[8] Juan 14,6.

[9] 1 Corintios 2,9.

[10] 2 Corintios 11,7.

[11] Efesios 4,14.

[12] Efesios 3,19.

[13] Hechos 4,12

 

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Topics: Educación, Dios, Valores familiares, Robo

Laura Cremades Granja

Escrito por Laura Cremades Granja

Cursó Ingeniería Biomédica en la Universidad Iberoamericana, la Maestría de tiempo completo en el IPADE, la Maestría en Educación Familiar en la Universidad Panamericana. Cuenta con estudios de finanzas en el ITAM y estudios de desarrollo humano en ULIA. Trabajó en Bancomer y en Enlaces Integra, subsidiaria de Satélites Mexicanos. Ha sido profesora en la UNAM, en Enlace, en UNIR, UNID, ULIA y el CUP.

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