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Raíces del Consumismo

[fa icon="calendar"] 08-sep-2016 6:00:00 / por Diego Espinoza Bustamante


Avaricia y cultura de las cosas, blog de Cátedra Carlos Llano UP-IPADELos dos géneros de las raíces del consumismo podrían calificarse como “personales” y “sociales”. En este blog me limitaré a exponer brevemente una especie de cada género de las raíces del consumismo, a saber, la avaricia y la cultura de las cosas

Avaricia

Dicho prontamente, la avaricia es el apetito desordenado de cualquier clase de bienes, y se puede tipificar de dos maneras: avaricia general y avaricia especial. La avaricia general es aquella por la cual alguien apetece algo que cae fuera de las cosas necesarias, mientras que la avaricia especial es aquella que se llama en jerga coloquial “amor al dinero”. Según Santo Tomás, la avaricia convierte a la voluntad de los seres humanos en esclava de las cosas materiales y, a su vez, tiene un deje de idolatría, pues el avaro, al igual que el idólatra, adora las cosas materiales.    

Por su cuenta, Juan Pablo II sostenía que el consumismo del hombre contemporáneo es la máscara que ha adoptado la avaricia en nuestra época. En efecto: si una persona que posee bienes materiales deja de lado el deseo ordenado de poseer, es presa fácil de la avaricia, la cual lo conducirá, inevitablemente, al consumismo. El consumista, según Juan Pablo II, “es el que tiene un estilo de vida <<que quiere ‘tener más’ no para ‘ser más’, sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en sí mismo>>”.

¿Qué relación, entonces, guardan la avaricia y el consumismo? Por un lado, tanto la avaricia como el consumismo se inscriben en el mundo del deseo y, al mismo tiempo, son vicios que llevan a las personas a caer en idolatría.

 

Cultura de las cosas

Uno de los grandes problemas de la sociedad de consumo es causado por publicitarios que llevan al extremo la bien conocida creencia de que “su tarea es crear necesidades de productos o servicios”, es decir, provocar que la gente sienta y actúe impulsada por antojos hacia cosas y servicios que no necesita”. Ciertamente, los medios de comunicación masiva cultivan la vida consumista “cuando promueven una <<una cultura más de las cosas que de las personas>>, a través de los abundantes reclamos de la propaganda y la publicidad, logrando convertir al hombre en esclavo de las cosas y del ansia de tener”. El problema aquí no es la publicidad en cuanto tal, pero sí la publicidad que propone actitudes consumistas, lo cual dificulta políticas económicas que desarrolle un mercado que sirva a las auténticas necesidades e intereses humanos, políticas que deben promover, antes que nada, el uso justo de la propiedad, y no el derroche o el despilfarro.  

La cultura de las cosas, generada en gran medida por un uso irresponsable de la publicidad, busca adherir adeptos a una idea generalizada de consumo. En efecto: “siendo tantos los mensajes publicitarios que recibe el hombre de hoy, en ocasiones parece que ya no se está vendiendo un producto, sino una idea: todos los publicistas concurren en vender ‘la idea de consumir’. Más que algo que deba comprarse, lo que se anuncia es la idea de comprar, y eso es propaganda. La ‘idea de consumir’ es más importante que aquello que se compra. El salir de compras se convierte en algo parecido a salir de cacería: disparar sobre cualquier pieza que se ponga al alcance”. La problemática se torna aguda cuando aparece lo que se podría llamar una “espiral de consumo”, es decir, el deseo de adquirir un nuevo producto; la satisfacción que se esfuma cuando aparece un nuevo producto; el deseo de adquirir ese nuevo producto;…

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Véase: Arce, Enrique: Vida consumista, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana/Universidad Panamericana, Campus Bonaterra, México y Aguascalientes 2008, 102-106.

Topics: Consumismo

Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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