Academia

Es tiempo de ser virtuoso

[fa icon="calendar"] 12-mar-2020 10:22:55 / por Gabriel González Nares

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

La búsqueda de las ents mujeres

¿Te gusta el Señor de los anillos? Hay un pasaje en el legendarium de Tolkien que relata con elocuencia lo que pasaría en el mundo con la ausencia de las mujeres. En Las dos torres, aparece un personaje extraño que es una especia de árbol animado y racional: Bárbol (Treebeard) el líder de los ents, los pastores de árboles. Cuando los hobbits Merry y Pippin lo encuentran en el bosque se dan cuenta de que sólo hay ents varones. No vieron a ninguna ent mujer. Ante esta observación Bárbol cuenta una historia triste: la de la partida de las ents mujeres. Ambos, ents varones y mujeres, vivían juntos en la antigüedad y se amaban, sin embargo, tenían gustos diferentes. Los varones preferían los bosques, las mujeres, las huertas. Poco a poco, se fueron distanciando, hasta que, un buen día, los ents varones perdieron a las ents mujeres. Las descuidaron tanto que ellas se fueron. Las buscaron por todas partes. Las llamaron con canciones de amor. Cuidaron de sus huertas. Pero ellas nunca volvieron. Desde ese día, los ents varones dedicaron su vida a buscar a las ents mujeres y se convirtieron en una especia melancólica, e incompleta, a pesar de su longevidad extraordinaria. Eso sí: nunca perdieron la esperanza de volver a los brazos de sus esposas.

En estos días vivimos nosotros una experiencia semejante a la de los ents. ¿Qué pasaría si un día las mujeres desaparecieran de nuestra vida? Sin duda que terminaríamos tan tristes e incompletos como los ents. ¿Cómo es que las descuidamos tanto que ellas decidieron irse? Afortunadamente, nosotros, como seres humanos, pero más como varones, podemos responder a este ejercicio de ausencia con el ejercicio de la virtud, de la valoración de la presencia y del cuidado. Ahora es el tiempo propicio para ser virtuoso, presente y cuidadoso.

Virtudes para ser un hombre bueno

¿Qué virtudes podemos hacer nuestras para ser varones presentes, respetuosos y considerados? Un breve examen de ellas puede invitarnos a practicarlas como un hábito.

a. Templanza y autodominio

Muchas veces identificamos de forma errónea que ser varón, macho en la naturaleza, es ser fuerte, impetuoso y arrojado. Violento. La identificación de la masculinidad con la violencia ha llevado a tristísimas consecuencias. No es conveniente que el hombre sea identificado como el sexo fuerte, o violentamente impetuoso. Esta violencia primitiva desbordante puede y conviene que sea trasformada de una fuerza bruta a una de estabilidad. Hace falta que el macho se convierta en hombre a través de la administración y proporción de sus fuerzas naturales. Esta administración se llama templanza y lleva al autodominio, al señorío de sí mismo. El primer paso para ser un varón templado está en el reconocimiento de los impulsos, luego en su aceptación; después, en su control consciente, luego en la creación de un hábito.

b. Consideración de la otredad femenina y de nuestra incompletud

La posesividad es un vicio que confunde a las personas con propiedades. Las personas no son cosas que puedan pertenecer a alguien más. Las personas son fines, no medios. Y las mujeres son, ante todo, personas, no cosas. Considerar a los seres humanos como objetos de consumo económico, sexual o laboral los despoja de su dignidad más alta: la de ser fines individuales e irrepetibles. Así, considerar que las mujeres son personas es el primer paso hacia la capacidad del respeto y de la valoración de las personas, cual sea su sexo o género, en tanto que son mismidad que vale por sí.

En consecuencia, de modo relacional, los dos sexos pueden descubrir que son igualmente valiosos porque se necesitan mutuamente. Tanto como pueden mutuamente construir su virtud y su felicidad. Como varones, hay algo de incompleto en nosotros sin las mujeres. Y al revés. En nuestra incompletud valoramos la mismidad de las personas, y sobre todo su otredad, que nos complementa.

c. Empatía por la apertura a la equidad

Lo común que nos hace humanos es lo que nos une. En el mundo laboral no hay profesiones o géneros porque todo lo que hacemos como seres humanos, salvo la reproducción, es común a todos los humanos. Tanto cocina bien el hombre como la mujer, como ambos pueden perfectamente coser, enseñar, pensar, poetizar o dirigir.

Es conveniente que se convierta en una virtud el dar la bienvenida a las mujeres que se incorporan a ámbitos que no siempre fueron reconocidos como suyos; tanto como el que se alegra por recibir talento humano excelente en su equipo de trabajo. También pueden los varones alegrarse porque las mujeres que se incorporan a nuevos ámbitos laborales no sólo ofrecen su talento a toda la humanidad, sino que encuentran ocasión de convertirse en profesionales exitosas y precisas. Por supuesto, esta incorporación no tiene por qué estar confrontada con la formación de una familia a partir de la unión del hombre y de la mujer. Ambas cosas pueden ponderarse, administrarse y convivir.

d. Diligencia proactiva.

No basta con sólo decir los buenos deseos de equidad y de libertad, sino que hace falta actuar. Para llegar a ser virtuoso conviene pasar del discurso y de la contemplación hacia una acción que sea viva, práctica y operativa. Esta acción se lleva a cabo, primero, con la decisión, luego, con la práctica repetitiva que se convierte en hábito.

Muy útil puede ser comenzar con la muy personal tarea de examinar nuestra consciencia en dos aspectos: en el de la excelencia de nuestras acciones y en el nuestro trato con las demás personas ¿He sido vicioso? ¿Me he dejado llevar por mis pasiones sin encausarlas? ¿Pienso que lo que hago es idéntico con lo que yo soy? ¿Trato a los demás como si fueran mis sirvientes o como si fueran mis iguales? Luego de esta reflexión podremos trabajar en nuestras imperfecciones con más claridad. Ahora es el tiempo de ser sensible. Ahora es el tiempo de ser virtuoso.

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Topics: Virtudes, Ser Humano

Gabriel González Nares

Escrito por Gabriel González Nares

Gabriel González Nares es maestro en Filosofía Antigua por la Universidad Panamericana, México y licenciado en Filosofía por la misma universidad. Ha sido profesor de filosofía en el Colegio Montreal y en el departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana, donde, en la actualidad, es profesor investigador de tiempo completo en la escuela de pedagogía. Ha asistido a congresos sobre filosofía medieval en Santiago de Chile, Nueva York, París y Atenas. Se interesa por la filosofía de la educación, la metafísica y la Dialéctica medieval, especialmente en la transición de la Antigüedad tardía a la Alta edad media latina. Es miembro de la Asociación filosófica de México y columnista en la Cátedra UP-IPADE Carlos Llano.

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