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Qué es el nacionalismo

[fa icon="calendar"] 19-abr-2018 10:36:56 / por Luís Felipe Martí Borbolla

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Nacional viene del término en latín natus = donde se nace. La nacionalidad es una característica de los que nacen en un mismo lugar.

Podemos hablar de dos elementos en el nacionalismo:

  • Elemento material: Tendencia de los hombres de identificación con un determinado paisaje o entorno geográfico.
  • Elemento espiritual: Tendencia a identificarse en la forma de pensar, los valores, ideas, sentimientos, creencias, etc.

Debajo del Estado, el mercado económico y la opinión pública existen bienes como la alegría, la confianza y la amistad que Husserl llama “el mundo del Levenswelt”, mundo no regido por leyes del poder o del gobierno, sino por las reglas de la camaradería y las relaciones interpersonales. En este tipo de mundo es donde habita el elemento espiritual del nacionalismo.

José Gaos le llamó “el mundo de la vida corriente” y Francis Fukuyama en su libro Trust habla de la importancia de reactivar los principios propios de la comunidad, sobre todo en los países que están dejando atrás el Estado Paternalista o expropiador.

Los elementos del nacionalismo se oponen a la realidad de:

  • Imperio: que se compone de un conjunto de personas que sienten y piensan en forma distinta. (Aquí no existe el elemento espiritual del nacionalismo).
  • Feudo: En donde un conjunto de personas unidas en un paisaje no se identifican con este necesariamente. (Aquí no existe el elemento material del nacionalismo).

En la medida que se da la evolución de los valores regionales a los valores patrios se dará la nacionalidad: Cuando se pasa de la matria a la patria, según Luís González y González.

El nacionalismo como ideología es instrumento de manipulación, y el patriotismo es fundamentalmente un sentimiento. Esto me lleva de la mano a citar a dos autores muy distintos, que casual y significativamente tienen conceptos iguales sobre la diferencia entre los términos patriotismo y nacionalismo. El primero, John Huizinga quien nada menos que en el año de 1940, escribió “uno de los antiguos filósofos griegos solía reducir todo lo que ocurre en el cosmos a la antítesis de los principios, afecto y controversia”.

En este sentido el patriotismo pertenece indudablemente al primero, de índole positiva, la propia palabra lo indica, patriotismo “es el amor a la tierra de los padres”.

Ahora veamos el otro término. “A diferencia del patriotismo”, -continua Huizinga-, “que pertenece a la esfera del afecto subjetivo, de la inclinación, el nacionalismo es en buena medida una convicción, un acto mental de orgullo o de soberbia, que florece casi por entero en el terreno de la competencia, de la oposición, de la controversia, la ambición, el odio, la envidia, que lo acompañan siempre. Es una poderosa urgencia de dominio, de afirmación de lo propio sobre y a expensas de los demás”.

Por aquellos años, dos o tres años después, George Orwell escribió: “el nacionalismo no debe confundirse con el patriotismo. Por patriotismo entiendo la devoción por un lugar particular, a una particular forma de vida, que para uno es la mejor del mundo, pero que no se pretende imponer a otras personas”.

El patriotismo es naturalmente defensivo, tanto en lo cultural como en lo político. El nacionalismo en cambio, es inseparable del deseo de poder; el propósito de todo nacionalismo es asegurar más prestigio y más poder, piensa siempre en términos de victorias y de derrotas, de triunfos y humillaciones.[1]

El Estado moderno reclama para sí el sentimiento de nacionalidad y si éste no existe lo construye. Si la nacionalidad no existe en un Estado, este se vuele débil y artificial. En cambio, un Estado asentado en la nacionalidad es un Estado fuerte.

El nacionalismo viene a sustituir el vacío que dejó la República Cristiana. En ocasiones el nacionalismo se alimenta de aspectos religiosos y en otras no.

De la cruz gamada, dice Otto Heinrich Von der Gablentz en su libro Introducción a la Ciencia Política que es precisamente “la contraposición de la cruz de Cristo que comunica orden y tranquilidad. La cruz gamada colocada en diagonal da la impresión de movimiento, transmite una clara significación emocional”.

Bismark que es uno de los principales impulsores del nacionalismo alemán, diseñó la bandera alemana y decía que esos colores eran los de la bandera, porque “Alemania a través de hierro y sangre llegaría a una época dorada”:

El canciller de hierro intentó con toda la violencia a su alcance, desterrar de Alemania el catolicismo, considerándolo como una sumisión a Roma, indigna de un buen patriota alemán. Bismark definió su persecución a los católicos como “kultur-kamp”, “lucha por la civilización”, con el fin de separarlos por la fuerza, del papado “extranjero y supersticioso”, y hacerlos confluir en una activa Iglesia nacional, al igual que pretendían los luteranos desde siglos atrás. No lo consiguió y al final fue él quien se vio obligado a ceder, sin embargo, la fidelidad a Roma fue hasta 1918 una deshonra que impedía el ascenso a los altos escalafones del Estado y del Ejército.

Después de la Reforma luterana sólo un tercio de los alemanes siguió siendo católico.[2] Dice Von der Gablentz en su libro Introducción a la Ciencia Política; hablando sobre el nacionalismo, “que cuando una religión pierde fuerza para integrar a la sociedad, otra de las funciones sociales ocupa su puesto. Esto da como resultado las religiones seculares. El nacionalismo se ha convertido en la religión política de la era moderna”.

Un ejemplo de nación cuyo elemento de cohesión, la religión, lo llevó a independizarse del Reino Unido es Irlanda. Cuando Irlanda alcanzó su independencia en 1922, y se convirtió en una República, sus antiguos dominadores británicos, retuvieron el control de seis condados en la porción septentrional de aquella isla, que con el nombre de Ulster sigue siendo parte del Reino Unido. Desde el punto de vista Irlandés, se trata de un territorio ocupado, algo semejante a Guantánamo en la isla de Cuba, o a lo que nos hubiera ocurrido, si la resistencia española, durante cuatro años en San Juan de Ulúa, se hubiera perpetuado.

Este es un extracto del libro Estado, Política y Empresa, editorial Porrúa, México D.F. 2013, pp.19-21, escrito por Luís Felipe Martí Borbolla.

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[1] Noriega, Cecilia, El nacionalismo en México VII Coloquio de antropología e historia regionales. Zamora, El Colegio de Michoacán, 1992, pp.156 y 157.

[2] MESSORI, VITTORIO, Leyendas negras de la Iglesia. Barcelona, Editorial Planeta, 1997.

Topics: Política, Nacionalismo, Estado

Luís Felipe Martí Borbolla

Escrito por Luís Felipe Martí Borbolla

Luís Felipe Martí es doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Complutense de Madrid con la nota más alta: superior “cum laude” por unanimidad. Profesor del claustro del IPADE, –Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa- en el área de Entorno Político y Social, y en el área de Filosofía y Empresa. Desde el 10 de julio del 2005 fue acreditado como miembro del Sistema nacional de investigadores. Profesor visitante de las siguientes instituciones: de la Facultad de Derecho de Northwestern University, (Chicago, Estados Unidos), de la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela, (España), de la Cátedra Jean Monnet, de la Unión Europea, etc.

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