Blog de Carlos Llano

Ética y tradición en la universidad

[fa icon="calendar"] 03-ene-2018 10:00:00 / por Carlos Llano Cifuentes

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Escrito en 1988

Todos los años el presidente de Harvard University rinde un informe del curso académico transcurrido. Esta intervención es esperada y discutida por las demás universidades de Estados Unidos porque Harvard es todavía, para bien o para mal, si no la mejor universidad norteamericana sí la que tiene más prestigio, y la que es considerada en la opinión pública mundial como el paradigma de las universidades estadounidenses.

El informe correspondiente al año lectivo 1987-1988, Derek Bok, actual Presidente de Harvard University, dedicó su entero discurso a la enseñanza de la ética en la Universidad, ante la sorpresa de todos. Varios años antes había abordado ya el tema en lo referente a la responsabilidad social del empresario en la Business School, posiblemente la más conocida de las escuelas de Harvard. Pero que el mensaje central y único del discurso haya sido destinado a este tema, no deja de ser, como digo, sorprendente, ya por la adversa tendencia sobre tal tipo de estudios en centros que se precian de ser rigurosamente científicos, ya que por el mismo acento liberal que Harvard University imprime a su enseñanza universitaria, dentro de un país en el que, como el propio Bok señala, “durante casi todo el siglo XX, primero los artistas, luego los intelectuales y después los segmentos más amplios de la sociedad, desafían toda regla convencional, toda prohibición, toda reglamentación que entorpeciera el espíritu humano o que bloqueara sus apetitos y ambiciones”.

Tal circunstancia está cambiando, al punto de que la ética se ha convertido en una preocupación nacional capaz de merecer la portada de la revista Time”. Y precisamente en un momento del país en el que “sólo una de niños vivirá toda su juventud dentro de una familia formada por dos padres”, las universidades no se pueden quedar al margen de esta grave preocupación: deben pensar lo que han de hacer frente a la “amplia decadencia de las normas éticas”.

El problema empieza, dice, por los propios alumnos de primer ingreso: conforme a las encuestas de admisión, los valores sobresalientes en ellos son de este tipo; “ser financieramente próspero”, “obtener reconocimiento personal”, “contar con un empleo en donde ejerza la autoridad sobre otros”; habiendo decaído objetivos antaño vigorosos como el de “encontrar una filosofía significativa de vida”, “mantenerse actualizado en las cuestiones políticas”, participar en programas de acción comunitaria”, o “ayudar a la limpieza del ambiente”.

La tradición

Harvard se fundó, nos recuerda su actual Presidente (1988), para preparar ministros de carácter recto y honesto, concordando con la más antigua tradición educativa, que consideraba la formación del carácter como su responsabilidad central, de acuerdo con aquel ideal platónico según el cual hace hombre buenos, y los hombres buenos actúan con nobleza”. Esta afirmación, en el siglo XVIII, centralizó en Harvard un objetivo principal: desarrollar una aristocracia de talento y de virtud. Desde 1789 la ley de Massachusetts protegía el logro de este objetivo: “El presidente, los profesores y preceptores de la Univesidad de Harvard…harán sus mejores esfuerzos por inculcar en las mentes de los jóvenes a su cuidado e instrucción los principios de piedad y justicia, y un interés sagrado por la verdad, el amor a su país, la humanidad y benevolencia universal, la seriedad, diligencia y sobriedad, castidad, moderación y templanza, y aquellas otras virtudes que son ornato de la sociedad humana y los cimientos sobre las que se funda la constitución de la República”.

Esta preocupación saturaba entonces la vida de la universidad, “integrando el vasto conocimiento en un todo coherente e inteligible, reconciliando la religión con la ciencia, y descubriendo los preceptos morales que debían transmitirse enérgicamente a los estudiantes para que los aplicaran a su vida personal y profesional”, de manera que una buena parte de los actos ceremoniales, desde los servicios de la capellanía hasta los discursos de los directivos, instaban hacia la encarnación de “vidas rectas, honestas y con temor a Dios”.

Aunque Derek Bok reconozca que el logro de estos objetivos no fuera notablemente exitoso”, la universidad perseguía con constancia, a través de los años, por múltiples medios, esa preclara finalidad de formar el carácter como tema predominante, objetivo que recaía necesariamente en la persona de los profesores, según lo admitió en el siglo XIX uno de los presidente de Harvard University: “las más eficientes de todas las influencias morales en una universidad son aquéllas que proceden de los caracteres personales de los profesores”, que expresarán con su existencia “la razón de ser de una forma completa de vida”; y ello por encima aún de los cursos de moral cristiana, que se impartían incluso a los profesores, y por encima de las enseñanzas de Filosofía que proporcionaban intelectualmente esa “razón de ser” de la existencia humana.

Este es uno de varios extractos que publicaremos del e-Book “Ética en la universidad”.

Ebook Ética en la Universidad

Topics: Enseñanza de la filosofía, Carlos Llano, Universidad, Pedagogía, Academia

Carlos Llano Cifuentes

Escrito por Carlos Llano Cifuentes

Carlos Llano Cifuentes, fue un filósofo, profesor y empresario mexicano. Miembro del grupo fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y de la Universidad Panamericana, nació en 1932 en la Ciudad de México. Doctor en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y realizó estudios doctorales de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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