Academia

El arte para Aristóteles y Platón

[fa icon="calendar"] 31-oct-2017 5:00:00 / por Joaquín Cruz Lamas

El-arte-para-Aristoteles-y-Platon.jpgPlatón y Aristóteles tenían visiones diferentes sobre prácticamente todo, a pesar de que, en el fondo, Aristóteles siempre fue el mejor platónico porque todo cuanto dijo (o casi todo) está propuesto desde la visión de Platón, su maestro. 

Una de esas áreas en las que están en desacuerdo y, paradójicamente, al mismo tiempo, de una manera extraña, de acuerdo, es el campo de las artes; especialmente del teatro, la música y la poesía. Por un lado Platón les guarda un cierto celo y las mira con sospecha. Para él hay que tener cuidado con ellas, son algo peligroso, que prende fuego con facilidad y que puede llevar al caos dentro de una sociedad. Para Aristóteles son una bella manera de tomar al toro por los cuernos, de hablar sobre las realidades cotidianas y no tan cotidianas que forman parte de la condición humana. En pocas palabras, mientras que Aristóteles las exalta, celebra y promueve; Platón las censura, controla y limita.

Pero no nos dejemos engañar por esta primera impresión tan superficial. Platón dirá que tenemos que censurar las artes en su libro “La República”, pero el modo en que habla sobre la belleza en otro diálogo, “El Banquete”, lo delata como el poeta idealista y romántico que probablemente era. En cambio Aristóteles, que parece ser un gran promotor de las artes cuando las promueve en “La Poética” y “La Ética Nicomaquea”, se antoja como un autor frío, indiferente e incluso misógino cuando habla sobre las diferencias entre el hombre y la mujer. Mientras que para Platón nuestra relación con la belleza a través del enamoramiento nos pone en contacto con lo divino, para Aristóteles hay una superioridad biológica del hombre sobre la mujer en prácticamente todos los aspectos y la reproducción es solamente el modo en que queda asegurada la perpetuidad de la especie.

 

La realidad que subyace a estos dos autores, tan cercanos y tan lejanos a la vez, es que ambos tenían una gran sensibilidad por las artes y las cuestiones estéticas. Platón mira con sospecha lo que el arte puede hacer en una sociedad porque sabe que éste es capaz de avivar las pasiones como si fuera fuego prendiendo estopa; Aristóteles también lo sabe, pero no nos dice mucho sobre la relación entre el arte y el enamoramiento porque, supongo yo, no la considera importante. Cree más bien que el arte habla sobre otras cosas, como leyendas épicas, relatos de la mitología, tragedias y comedias. En el fondo la verdad es que ambos comparten la conciencia de lo que el arte puede hacer en nosotros, pero por razones distintas, que dependen quizá del contenido del arte, tienen visiones distintas al respecto a la hora de la interpretación.

 

A Platón habría que darle la razón cada vez que oímos de niños que, acostumbrados a la violencia mediática, comienzan a tener tendencias agresivas o incluso llegan a cometer acciones violentas. A Aristóteles habría que darle la razón cuando vemos gente obsesionada por un enamoramiento al grado de cometer crímenes pasionales, como asesinar a un amante o cosas por el estilo.

 

La belleza, las pasiones y el modo en que éstas quedan plasmadas en el arte son un asunto que nos debería de inquietar, aunque sea un poquito. La cualidad que tiene el arte como vehículo de la belleza es que, mediante la sensibilidad, nos pone en contacto con realidades que consideramos (y son) trascendentales; una cosa es poseer una idea en la mente de manera abstracta e incluso fría, y otra muy distinta es sentir la fuerza implacable de esa idea como algo que verdaderamente nos mueve. Por ejemplo, una cosa es saber que debo de hacer el bien siempre que pueda, que si soy capaz de salvar una vida es mi deber hacerlo; y otra muy distinta es ver a un ser querido, un amigo o pareja, digamos, en situación de peligro y entonces no sólo saber que debo de hacer algo sino verdaderamente sentir la urgencia como un fuego que consume y que, de hecho, ni siquiera da tiempo para el pensamiento porque llama a la acción. Una vez que le hemos puesto cara y nombre propio, que tenemos una historia con esa persona y que compartimos experiencias vitales, es que esa idea deja de ser una entidad virtual y abstracta que existe bajo la forma de palabras en nuestra memoria y entendimiento y se convierte en un impulso sensible.

 

Lo que nos hace el arte es algo parecido, o mejor dicho, es el mismo proceso: trae a la esfera de lo sensible lo que de otra manera abordaríamos desde el intelecto. Nos hace incluso dejarnos llevar por la impulsividad y la intuición. Dejamos de construir juicios éticos y estéticos respecto al personaje una vez que hemos logrado hacer empatía con él. Empezamos a odiar a los villanos de las historias que vemos y leemos y le deseamos el triunfo al personaje en el conflicto de la historia. Y todo esto sucede con personas, en su mayoría, ficticias y que no conocemos. Dejamos, por un momento de pensar en nosotros mismos y comenzamos a sentir las experiencias de los protagonistas de la historia: Vemos el Rey León y sentimos el dolor de Simba cuando muere Mufasa, como sienten el dolor de Hamlet quienes ven la obra de Shakespeare. Luego, cuando termina la obra o película, o como le quieran llamar, regresamos a nuestra vida y, en muchas ocasiones, comenzamos a ver esas situaciones en nuestras propias experiencias pero ahora con diferentes ojos. Lo que es curioso aquí es que esa reacción es tanto lo que hacía a Platón temerles, consciente del poder persuasivo que tienen, como a Aristóteles amarlas, a sabiendas del poder de hacer reflexionar que poseen.

 

Joaquín Cruz Lamas

Escrito por Joaquín Cruz Lamas

Joaquín Cruz Lamas es filósofo egresado de la Universidad Panamericana, sus temas de interés en la filosofía son la estética y la filosofía de arte. Ha formado parte de la compañía de teatro de la Universidad Panamericana desde 2012. Es escritor y colabora con el periódico "El Hidrocálido" desde 2011. Es colaborador de la revista digital "LOGOS". Es miembro co-fundador del grupo estudiantil "NOUS" que se dedica a la difusión de la filosofía entre jóvenes. Fue presidente del consejo de alumnos de la carrera de filosofía de 2015 a 2016. Actualmente es asistente de investigación del IPADE y promotor de la carrera de música de la UP.

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