Blog de Carlos Llano

Capacidad de resistencia: cualidad del nuevo directivo

[fa icon="calendar"] 10-oct-2019 0:00:00 / por Carlos Llano Cifuentes

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

El director de una empresa lo es en la medida en que tiene la capacidad de enfrentarse ante la incertidumbre, la crisis, las amenazas y lo que genéricamente puede denominarse: Peligro.

Ello quiere decir que todas estas circunstancias en el hombre común -incluyendo al director de cualquier empresa, que no por serlo deja de ser un hombre común-, provoca el sentimiento de miedo, que Aristóteles definió como la tendencia espontánea (esto es, natural, no reflexiva) de huida ante el peligro. Al hombre de acción, Aristóteles recomienda que se analice la magnitud del peligro y las fuerzas para enfrentarse ante él. La psicología del management, en cambio, hoy aconseja medir la intensidad del miedo, y ofrece fórmulas no del todo válidas, incluso artificiales, incluyendo algunos fármacos, que tratan de reducir esa tendencia de huida que se llama “miedo”.

Si el peligro no es superior a las fuerzas del hombre de empresa, éste debe adquirir la cualidad de arriesgarse a encarar la amenaza. Pero a la capacidad de riesgo, que es una de las cualidades directivas, debe añadirse otra no menos importante: Cuando el peligro es superior a las fuerzas de uno y no cabe huida posible, el jefe de una organización debe adquirir la capacidad de resistencia.

Por eso, el filósofo de Estagira (Aristóteles) estudia el miedo cuando tiene que analizar la cualidad humana llamada fortaleza (Ética Nicomaquea, III,, 9-12). Uno de los aspectos del hombre fuerte es el que aguante el peligro superior a sus fuerzas. Bien, y… ¿Qué gana con aguantarse? Aristóteles dice que el hombre no resiste para ganar otra cosa más que a sí mismo, pues cuando el peligro es superior a las propias fuerzas y no ganamos nada con huir -al ser resistentes-, al manifestarse serenidad; el directivo gana al ser fuerte, que es un bien por sí mismo. Tal vez pierda todo lo que le rodea, pero se salva a sí mismo, se hace más hombre, adquiriendo una de las cualidades fundamentales del líder: sonreír frente a la adversidad.

La grave afirmación de que el aguantar, el resistir, es un bien por sí mismo, no resulta clara en una coyuntura cultural en la que el soportar la dificultad, el aplicar el esfuerzo, el enfrentarse con lo adverso, es algo que debe sin duda ser evitado.

Una buena parte de las técnicas psicológicas actuales vienen a caer en esto: como vivir sin lucha, cómo escabullirse de las dificultades, del auto-dominio personal. Y una buena parte de los slogans educativos sigue la misma suerte: ¿Cómo aprender computación o inglés sin esfuerzo? ¡Sin esfuerzo no se aprende nada! ¡Lo primero que hay que aprender es justamente a esforzarse, a aguantar, a resistir! Pero para esto no están adiestradas las técnicas psicológicas baratas ni los recursos educativos al uso. Una de las responsabilidades fundamentales del director es transmitir a los demás ese auto-dominio personal frente a los peligros y las amenazas.

Para entender con profundidad este análisis sobre el miedo, hay que tener en cuenta que lo contrario a aguantar es escaparse (y esto tiene una viva aplicación en el fenómeno actual mexicano), pero escaparse a “lo tonto”, es decir, cuando no hay escape: huir cuando no hay salida. Este huir cuando no hay salida tiene muchas manifestaciones: declararme enfermo; pasar medio año en alguna ciudad del extranjero; dejar de ser el que era, dedicándome a la pintura o a la música; dejarme crecer la barba; decir que durante toda mi vida había querido dedicarme al gym; dar la vuelta al mundo como un trompo; hacer un “doctorado”; inscribirme en un grupo de yoga, etc.

Todo ello tiene el nombre técnico de evasión. La evasión es una manifestación muy antigua de la falta de aguante, es decir, de la falta de fortaleza. Se huye hacia refugios ilusorios: psicoanálisis de pacotilla con fines comerciales. Pero hay dos formas de evasión camuflada, que conviene poner al descubierto porque es la más usual en el empresario:

  1. Protestar estérilmente hacia afuera, echando la culpa de nuestros fracasos a medidas políticas, o hacia dentro, culpando de la situación a las personas que trabajan con uno. Es lo que llamamos “neurosis enérgica”: el pánico se manifiesta gritándole a los demás, echándoles públicamente en cara su inutilidad.
  2. Asumir responsabilidades que no nos corresponden, abandonando las propias: irnos a otra parte con la responsabilidad; dedicarnos a la política como otros se dedican a la pesca.

Hay pues, dos sentidos diversos y aparentemente opuestos de fortaleza:

  1. Fortaleza en el hombre animoso que se enfrenta contra el peligro.
  2. Fortaleza del que, cuando ya de verdad no tiene nada que hacer, resiste.

He aquí una diferencia importante entre la filosofía griega y la filosofía cristiana. Para el griego, el prototipo del hombre fuerte es el guerrero, el que combate con entrega. Para el cristiano, el hombre fuerte es sobre todo el que resiste: se requiere más fortaleza para resistir cuando el mal ya hizo su efecto, cuando ya está aquí, que luchar para que no se acerque. La fortaleza, si se quiere decir así, está más en la resistencia que en la valentía.

Hay que tener en cuenta que aguantar es distinto del resignarse: el que se resigna se deja arrastrar por la corriente. En cambio, debe advertirse que en el lenguaje sencillo de los clásicos, no existía más que una palabra -robur- para significar una cualidad humana -la fortaleza- y un árbol particular -el roble-. Para ser fuerte, debo como el roble buscar un agarradero, un lugar donde enraizar: mi familia, mis virtudes personales, mi lealtad con las personas con las que trabajo.

El roble se caracteriza por su sobriedad, por su fibrosidad; es una especie arbórea de raíces y troncos robustos: Robustos proviene etimológicamente de roble. Las tempestades y la riadas no las aguantan los árboles frondosos sino los arraigados. Para poder aguantar debemos reconcentrarnos en el núcleo de nuestra existencia. Este peligro… ¿Se refiere al núcleo de nuestra existencia?; o, dicho de otra manera… ¿Con qué realidad está identificada nuestra vida?, ¿Qué podemos decir que es vital para uno?. Este es otro planteamiento que debemos hacernos ante el peligro que supera nuestras fuerzas. Y éste es precisamente el consejo -el insuperable consejo- de la filosofía tradicional ante el miedo: No identifiques tu vida con cosas cuya conservación no depende de ti; no hagas depender tu existencia de condiciones que no está en tus manos asegurar.

Si proyectamos nuestra vida sobre realidades pasajeras y superficiales, los peligros que las amenacen serán inaguantables. Esto no nos lleva -como equivocadamente pudiera creerse- a una medianía en nuestras metas; sólo pretenderíamos aquello que estamos seguros de alcanzar; sino a algo por completo diverso: Nos lleva a no identificar nuestra vida con metas que no tienen fundamento seguro.

Nueva llamada a la acción   

 

Publicado originalmente en la revista Talento Humano No. 6, segundo semestre 2006

Topics: Virtudes, Director General, Resistencia, Responsabilidad

Carlos Llano Cifuentes

Escrito por Carlos Llano Cifuentes

Carlos Llano Cifuentes, fue un filósofo, profesor y empresario mexicano. Miembro del grupo fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y de la Universidad Panamericana, nació en 1932 en la Ciudad de México. Doctor en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y realizó estudios doctorales de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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