Blog de Carlos Llano

Educar el carácter en la familia

[fa icon="calendar"] 29-mar-2017 9:00:00 / por Carlos Llano Cifuentes

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Fue una equivocación el que la familia se haya inmiscuido en las relaciones mercantiles desvirtuando su naturaleza (la naturaleza de ambas instituciones); pero fue también otro error que el racionalismo, aplicado en la empresa para corregir aquella desviación, haya eliminado del dintorno de la organización, por la ley del péndulo, valiosos factores familiares que deberían haberse mantenido y acentuado.

Empresas Familiares

Lo que acabamos de afirmar nada tiene que ver con el hecho sociológico de las empresas familiares, que seguirán naciendo y existiendo, seguirán teniendo fracasos por querer aferrarse a su condición extremadamente familiar; y seguirán teniendo éxito precisamente también por la inspiración familiar que las alienta. Quién haya leído la historia de los Bunderbrooks, de Thomas Mann, tendrá una vivencia clara de las fuerzas y flaquezas, de las barreras y cauces que aparecen en las empresas comerciales familiares… y que desaparecen con ellas. La obtención del capital y la tergiversación de los sentimientos familiares no son sólo dos circunstancias que nos impiden ser optimistas con las empresas familiares, pero también pesimistas: porque los familiares aportan en una primera instancia no sólo el capital, sino sus personas mismas y la virtualidad potente de sus más genuinos sentimientos.

Lo que ahora reclama nuestra atención es la circunstancia de que la empresa, al ver con desconfianza la presencia en ella de relaciones familiares espurias, se ha olvidado de que la familia es la forjadora primaria e insustituible del carácter de los individuos que después habrán  de trabajar en la compañía. La familia sigue estando incrustada inamoviblemente en la empresa, en la forma del carácter de los individuos que la constituyen, carácter que ha tenido su fuente, su vigoroso ojo de agua, para bien o para mal, precisamente es esa familia que ahora se considera sospechosa. Prefieren contratar a una persona con un título profesional químicamente puro, pretensión racionalista imposible. Toda persona llega a la empresa no ya con adherencias sino con estructuras caracterológicas, que son el poso de su pedigree familiar.

El sentido de pertenencia

 Nos dice A.J.G. Sisón[1] que es en el seno de una familia donde se obtiene la primera –y la más importante- experiencia de pertenecer a una sociedad. Y la pedagogía actual nos enseña el acento que revisten para las personas las experiencias vividas en los llamados periodos sensitivos de su existencia. En la pertenencia familiar se da un fenómeno valiosísimo para el proceso económico de los países y de la empresa: “en lugar de ser considerado como un costo, cada miembro de la familia se valora como un recurso y un activo. Si en alguna ocasión los seres humanos se han de comportar en una organización de acuerdo con reglas distintas al egoísmo, necesitan tener un fuerte sentido de pertenencia. Este sentido de pertenencia, el orgullo colectivo de las tradiciones familiares, la responsabilidad compartida en ellas, son asuntos que las familias y los negocios familiares siempre han conocido para aprovecharlos por completo. Las familias son comunidades de confianza y sólo a través del manantial de las familias es como se podrá producir la confianza y transmitirla a otros foros de asociaciones, incluyendo las empresas mercantiles”.[2]

Debe entenderse bien este pensamiento de Sison. No ha querido decir; ni nosotros con él, que para que se instituya una empresa deba ser familiar: No se trata de regresar al principio. Lo que el pensamiento de Sisón nos señala es que sólo un individuo perteneciente a una familia con valores bien constituidos será un componente de ese tipo de empresas al que aspiramos, en el que las personas sean consideradas como un poderoso capital productivo (capital social y capital humano) y no como un solo costo de nómica, el cual, como todo costo, debe minimizarse.

Qué es el familismo

Desde Max Weber se ha difundido la idea de que el familismo es perjudicial para le desarrollo económico. Pero hay que entender que la extensión de los valores familiares a otras instituciones sociales distintas de la familia misma (entre ellas las empresas mercantiles) no es lo que Max Weber entendió por familismo, sino, curiosamente, todo lo contrario.

El familismo es un modo de comportamiento social (común al parecer en China, Italia y Francia) según el cual ningún ciudadano es meritorio de confianza si no pertenece a la familia a la que yo pertenezco. Las empresas no familiares se constituyen en un nido de recelos, porque pienso que cualquier persona no perteneciente a mi sangre procurará sacar partido de mí, mientras que mis familiares buscarán mi  bien. En otros países, familismo es la perspectiva social por la que no admito más amistad que la que tiene lugar entre personas de mi familia.

 

Texto extraido del libro "Familia. Naturaleza, derechos y obligaciones" compilado por Viginia Aspe Armella. Escrito en 2006

[1] Sison, A.: “Human resources from labor to Social Capital”, Servicio de Documentación del Instituto de Empresa y Humanismo, Pamplona, Universidad de Navarra 1998.

[2] Sisón: “Human resources…..”, p. 95.

 

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Topics: Carlos Llano, Familia, Educación

Carlos Llano Cifuentes

Escrito por Carlos Llano Cifuentes

Carlos Llano Cifuentes, fue un filósofo, profesor y empresario mexicano. Miembro del grupo fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y de la Universidad Panamericana, nació en 1932 en la Ciudad de México. Doctor en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y realizó estudios doctorales de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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