Blog de Carlos Llano

El error en el ámbito de la razón práctica

[fa icon="calendar"] 03-oct-2019 15:52:00 / por Carlos Llano Cifuentes

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

La capacidad creativa de la razón práctica en sí misma nos dará pie para considerar algunos errores cometidos de la Lebenwelt. La potencialidad creativa forma parte de la constitución humana. Es el hombre el único componente conocido del universo que cuenta con esa capacidad. Haciendo caso a Gehlen, con sus agudas observaciones biológicas, todo animal sigue una trayectoria de operación previa y específica. Su espontaneidad es aparente. El hombre, en cambio, es un animal inespecializado, indeterminado: su entendimiento, abierto a todas las cosas -como lo advirtió Aristóteles-, y sus manos, capaces de todas las operaciones -como señaló Anaximandro-, hacen que cada operación humana pueda, ella sola, iniciar la operación de toda la especie. Expresándolo a nuestro modo, el hombre siempre está inaugurando su acción, incluso en las operaciones más rutinarias tradicionales. Según lo dice Leonardo Polo, el hombre es el protagonista de la innovación.

La principal capacidad de la inauguración humana, la creatividad del hombre, se refiere al hombre mismo, a su proyecto de ser, que es para Heidegger más propiamente humano que el ser que ya se es. Así, al hablar de la creatividad referida al hombre, no usamos una metáfora: el hombre utiliza esta aptitud suya para recrear su propio ser. Ha de hablarse de creación para que el hombre se haga realmente lo que es. De ahí que el acto creativo se refiere al proyecto de ser propio y personal.

Sin embargo, la creatividad, aspecto fundamental de la dimensión práctica del ser humano, se ve cercada de amenazas que conviene desenmascarar para que el mismo hombre no pierda el terreno que le corresponde, vale decir, los espacios de sus más genuinas posibilidades. Estas amenazas que anquilosan nuestras extroversiones creativas han sido denominadas recientemente trampas, esto es, agujeros o lazos camuflados en los que pueden caer los inadvertidos. Es por ello que tenemos que exponer en nuestra investigación, de modo sucinto, algunas de las trampas o falacias motivadoras de algunos de los errores de la razón práctica[1].

1.- El ancla

El ancla reside en la tendencia natural del hombre a aferrarse a la primera información recibida respecto de un determinado asunto. Inconscientemente, esta información primera hace el oficio de ancla que lo sujeta a ella inconscientemente, y a la que remite, como a su origen, para compararla o contrastarla con informaciones posteriores: éstas podrán tener mayor fundamento, ofrecer mejores pruebas de veracidad, pero ya no son las primeras.

Quien desee mantener la cabeza abierta, el fresh undestarding, debe precaverse reflexivamente hasta lo indecible para no quedar anclado. De ahí que no siempre se aconseje, en determinadas circunstancias -por ejemplo, en una negociación en que el precio sea importante-, esperar a que otros hablen, para saber a qué atenerse, precisamente porque, sin quererlo, nos atendremos a lo que otros digan, y en especial a los que hablan primero. Podemos decir que uno de los actos componentes de la creatividad es el de liberarse de los prejuicios. Liberarse de prejuicios exige originalidad de pensamiento, que no consiste en pensar de distinta forma de los demás -como suele considerarse el ser original- sino pensar desde el origen, por su cuenta, sin dar los escuchado como supuesto, sino acudir a la fuente de los hechos de donde brota el conocimiento. La originalidad consiste en remontarse al origen de los conocimientos, sin recibirlos ya cocinados.

2.- El “status quo” o atenerse a lo existente

Desvelada la anterior trampa nos será fácil comprender otra muy relacionada con aquélla. El status quo, o atenerse a lo existente contribuye a la atrofia de las capacidades de decidir. Se tata de una manera también inadvertida, y por esto es trampa. Para lograr escaparse de ella, se debe distinguir clara y sinceramente entre estas dos diversas proposiciones: decidir que no vamos a cambiar ante esta nueva coyuntura y no decidir si vamos a cambiar ante esta nueva coyuntura. Lo segundo, en rigor, como el mismo texto gramatical lo expresa, no es decidir, es no hacer nada, dejarse llevar por la inercia; y -ello es lo grave- bajo la apariencia de haber decidido permanecer como estamos.

La mera prolongación del status quo se encuentra irremediablemente destinada al fracaso, pues el crecimiento sostenido es utópico. Toda trayectoria, dejada a su misma inercia, tiene forma parabólica: llega un momento que constituye su cima, y a partir de allí tiene lugar la decadencia. El hombre vanidoso puede ver dicho ascenso incluso como incentivo de su creatividad, pero no se encuentra bien dispuesto a aparecer como perdedor ni siquiera durante un corto momento. El que quiere estar siempre a la cabeza en la carrera no suele ser el que llega a estarlo cuando interesa: al final.

No es raro que la creatividad tenga como requisito la humildad, virtud a la cual habremos de volver al hablar del error desde la óptica de la razón especulativa[2], ya que dijo Cervantes que sin la cualidad humana de la humildad no hay en el hombre ninguna otra que lo sea. Junto con la humildad el acto creativo, del que arranca una trayectoria diferente de la hasta ahora seguida, debe poseer paciencia, evitar la precipitación.

3.- Los costos subterráneos

Esto nos pone en relación con otra trampa que constriñe y reduce la innovación. Nos referimos a la trampa de los costos subterráneos. Hay acciones en las que nos hemos equivocado, pero en las que es duro reconocerlo. El reconocimiento social de nuestros errores -que es la postura oportuna, sensata y valiente- conlleva la incomodidad de sacar a la luz los costos subterráneos consecuentes de estos errores. Rectificar errores pasados significa ponerlos al descubierto.

La creatividad encierra otro acto que en la cultura moderna suele desconocerse: rectificar. Rectificar errores pasados es, también, una humillación, pues pone en evidencia muchas equivocaciones. Ya nos hemos dado cuenta, por segunda vez, que la creatividad no es un problema que se reduce al asunto del entendimiento. Guarda estrecha conexión con virtudes morales de primer rango. Una consecuencia de la soberbia es introducirnos en un automóvil que no tiene reversa.

Hablamos de virtudes morales. Ahora de arrojo o valentía. La creatividad reside, dijimos, en la decisión, y rectificar es una decisión dolorosa…y valiente. Dice Arrow Buffet que lo primero que hemos de hacer cuando nos percatamos de encontrarnos en un hoyo es dejar de cavar. Nos damos cuenta de que nos encontramos en un agujero cuando nuestra vista panorámica se va paulatinamente reduciendo…cuando sólo vemos ya el muro de enfrente… ¡Dejar de cavar, salir del hoyo!, aun cuando hagamos evidente que estábamos en él. La única otra alternativa es -añadimos nosotros- la de seguir cavando con la absurda esperanza de encontrar salida por las antípodas.

4.- La reafirmación de la evidencia

Siguiendo con esta última idea, es decir, tener la esperanza de encontrar salida por las antípodas en vez de dejar de cavar, hay una cuarta trampa en la que cae la razón práctica: la reafirmación de la evidencia, es decir, buscar hechos que confirmen los puntos de vista tenidos con anterioridad, en lugar de que, llegado el caso, reconozcamos que en tales perspectivas hubo elementos no considerados, y sería preferible -otra vez el problema de la humildad- buscar nuevos puntos de vista.

La trampa de que hablamos busca ratificar en lugar de rectificar, sabiéndose ya que la rectificación encierra un alto coeficiente de humildad, por desagradable que nos resulte. A esta postura de ratificar más que de rectificar nos arrastra, también, la ciencia, que persigue, sobre todo, la verificación de las hipótesis. Surgida una intuición, captada una evidencia, nos damos a la febril tarea de acumular datos que la confirmen, precisamente porque a nadie -y menos a nosotros- le gusta equivocarse.

¿No sería mejor -como ha sugerido Karl Popper- desencadenar un proceso de falsación y no el usual de verificación? Proceso de falsación significa buscar pruebas que nos manifiesten que la hipótesis intuida es, en realidad, falsa. Hemos de procurar el camino de falsación ya que el de verificación lo emprendemos de modo natural, espontáneo y a veces incorregible. La postura creativa práctica, aunque no lo parezca, es precisamente la contraria. Sólo cuando, recorriendo con rigor el camino de falsación, nuestra primitiva hipótesis queda indemne, podríamos considerarla -al menos de momento- verificada.

5.- La presentación contextual del problema

Hay una trampa más contra las ansias innovadoras del ser humano: la sesgada presentación contextual del problema. Es sabido que los problemas se nos suelen proponer de modo tal que nos inclinan ya, si es que no nos empujan, hacia una determinada solución, impidiendo ver un abanico heterogéneo de diversas y aun adversas soluciones. Si no ponemos cuidados suficientes, pensamos resolver un problema que ya, por su mera presentación, se nos daba como resuelto. La solución no habría sido en tal caso creada por nosotros, sino inducida por los demás. En esta circunstancia se han subrayado las ventajas de una de las alternativas -la más obvia-, poniendo en la sombra o demeritando las desventajas que cualquier alternativa -incluyendo ésta- encierra. No debemos admitir un problema ya estructurado, ubicado en un marco, situado en un contexto. Una solución innovadora es aquélla, justamente, que logra ver el problema desde diversos ángulos y perspectivas. El hombre creativo es cauteloso: no se deja llevar por los entusiasmos de lo fácil.

6.- La predicción

Hammond y sus colegas nos ponen a la vista una última trampa, en la que puede caer nuestra constitutiva capacidad de creación[3]. La denominan trampa de la predicción: dar por seguras predicciones imprevisibles. No se puede predecir sin prever antes la meta a la que debe llegarse. Predecir o prever es un acto más, componente de la creatividad. Prever o predecir no es lo mismo que anticiparse, de lo que hablamos al referirnos a la terquedad del status quo.

Anticiparse a un acontecimiento significa actuar antes de que éste tenga lugar, e incluso emprender una acción que provoque la desaparición o cambio del fenómeno anticipado. Predecir, por su parte, se limita al hecho de prever lo que acontecerá, y actuar en consecuencia, sin poder cambiar, porque no está en mis manos, el acontecimiento previsto. La tarea directiva del ser humano entraña una dificultad mayor, que le es en gran manera esencial. Se trata de predecir lo imprevisible.

En el tránsito de la predicción a la realización de lo predicho aparecen, precisamente, imprevistos imposibles de considerar, o imposibles de considerar anticipadamente del todo. Se puede ser previsor pero no se nos exige ser profetas. Por esta causa, la obligatoria predicción a que estamos sujetos ha de ser flexible, para dará cabida, en su momento, a las modificaciones por causa de avatares no tenidos en cuenta (sea que haya habido posibilidad de haber sido previstos, sea que no la haya habido). Por ello para Leonardo Polo el esfuerzo creativo no sólo es responder a lo nuevo con espontaneidad, sino encontrar el orden que le corresponde[4].

Texto extraído de Llano, Carlos Etiología del error, primera ed. 2014, EUNSA, España, pp. 11-16

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[1] Cfr. C. Llano, Falacias y ámbitos de la creatividad, Limusa, México, 2002, cap. I.

[2] Cfr., infra, epígrafe “Remedios del error”. p. 69 y ss.

[3] J. Hammond/R. Keeney/ H. Raiffa. “The hidden traps in decision making”, Harvard Business Review, September-October, 1998, pp. 47-58.

[4] L. Polo. “Hacia un mundo más humano”, Mercurio Peruano, Piura-Perú, 1998, n.511, p.82.

Topics: Error, Razón práctica

Carlos Llano Cifuentes

Escrito por Carlos Llano Cifuentes

Carlos Llano Cifuentes, fue un filósofo, profesor y empresario mexicano. Miembro del grupo fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y de la Universidad Panamericana, nació en 1932 en la Ciudad de México. Doctor en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y realizó estudios doctorales de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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