Blog de Carlos Llano

La importancia de la firmeza

[fa icon="calendar"] 13-jul-2017 6:00:00 / por Carlos Llano Cifuentes

La-importancia-de-la-firmeza.jpgRecientemente se ha escrito sobre los líderes duros que usan los recursos de su autoridad para lograr resultados, es decir, alcanzar los objetivos decididos. Se suele revestir esta dureza de una connotación negativa.

Debe tenerse en cuenta que los teóricos del management no han definido lo que puede calificarse de duro o de blando. En principio, ser duro significaría señalar objetivos difíciles de conseguir, y exigir que se lleven a cabo las acciones consecuentes para lograrlos. Pero también hay quienes piensan que un director duro es aquel que trata mal a sus subalternos. Hay que distinguir estos dos tipos de dureza. Algunos consideran, equívocamente, que para conseguir un trabajo eficaz de quienes se encuentran bajo sus órdenes son necesarios los gritos y los malos modos, que han de adoptar una actitud agria, mal encarada, con el regaño y la reconvención a flor de labio. En México, venturosamente, se da la blandura en la forma, como un modo de nuestra idiosincrasia. El mexicano no quiere ofender. Pero esto no debería conducirlo a ser mediocre en sus logros.

El llamado jefe duro evoca una persona eficaz, que consigue objetivos valiosos y arduos, los cuales implican disciplina y esfuerzo. Me parece que con ello cumple con su obligación. Pero los buenos resultados que el director de una empresa debe exigir han de considerarse en términos amplios. Se tratará de buenos resultados numéricos para la empresa; pero deben analizarse también las metas que se logran con los individuos que trabajan para alcanzarlos: deben desarrollarse, ampliar sus capacidades, perfeccionar su modo de ser. En esto también el director debe ser exigente: una dureza que se concentra en las pérdidas y ganancias contables, pero margina el progreso de los subordinados, es una dureza miope y de corto plazo.

Tendrá que ser firme en los dos aspectos; tanto en los éxitos económicos como en el desarrollo y capacitación de las personas. En este sentido, la dureza es loable, aunque no siempre popular. Cuando exijo el desarrollo de una persona, ella misma sufre el estiramiento de sus habilidades, pero finalmente quedará agradecida de los jefes que la han hecho crecer y ser más de lo que era. En cambio, el jefe duro, en el mal sentido del calificativo, es el que logra resultados a costa de los individuos con los que trabaja. Obtendrá efectos numéricos positivos, pero desmeritando a sus colaboradores: a la larga terminará mal.

En la empresa, como en toda sociedad, se dan valores dominantes. Hasta hace poco los principios privilegiados en la empresa eran la comunicación estrecha, la comunidad de objetivos, el esfuerzo común de padres e hijos, y siguen siendo todavía valores dominantes en muchas empresas. Pero desde hace algunos decenios, en las organizaciones mercantiles empezaron a brotar otros valores. Comienza a aparecer entre nosotros lo que antes era sólo emergente: las necesidades profesionales del management. Los directores de negocios no se capacitan sólo con una experiencia sistemática; han de estar profesionalmente bien preparados. No basta ser hijos de familia, que hayan “vivido” el negocio desde la juventud.

Esto es un factor adicional en esa llamada dureza de liderazgo: la preparación profesional implica de suyo una gran dedicación. La prueba de esta necesidad se halla en el hecho de que los estudios de administración, finanzas e ingeniería, son cada vez más extensos y de mayor profundidad. Bastaban antes unas meras ideas de contabilidad o de derecho. Hoy se requiere una licenciatura seria, a la que se añadirán después estudios de posgrado y cursos de continuidad y actualización. La eficacia les vendrá a los directores por saber hacer mejor las cosas, no por mandar más. No se trata sólo de suplir a los colaboradores en su trabajo. El buen jefe obliga a los demás a hacer lo que tienen que hacer, pero los pone en condiciones personales para que quieran y puedan.

Este tipo de ejecutivos que ahora describo puede parecer duro, exigente, incluso falto de piedad o compasión, pero ello carece de importancia si crean confianza en su gente y, sobre todo, si son justos. Más que con el adjetivo duro o blando, debemos calificar al líder de justo o injusto. De nada nos sirve un jefe blando pero injusto: y no nos importa que sea duro, siempre que proceda con justicia, dándole a cada uno lo que le corresponda: éxito y dinero, o fracaso y pérdidas.

Una advertencia más: se debe ser firme, duro y exigente, pero humilde. No queramos ser empresarios famosos. Si no somos modestos en el éxito no seremos después fuertes en los fracasos, que siempre los habrá.

*Este artículo se publicó originalmente en la revista Expansión No.871, en el mes de agosto del año 2003

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Carlos Llano Cifuentes

Escrito por Carlos Llano Cifuentes

Carlos Llano Cifuentes, fue un filósofo, profesor y empresario mexicano. Miembro del grupo fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y de la Universidad Panamericana, nació en 1932 en la Ciudad de México. Doctor en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y realizó estudios doctorales de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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