Management

Dirección de personas: diagnóstico, decisión y mando

[fa icon="calendar"] 05-may-2020 10:51:49 / por Laura Cremades Granja

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Carlos Llano expone que ha sido una gran equivocación, un gran engaño, el hecho de que “la antropología y la ética contemporánea han aproximado de manera visible los conceptos de virtud y de carecer (Bennett). Con ello el carácter ha dejado de ser ya una idea de la pedagogía moderna para tener en su seno los más valiosos acentos de la ética tradicional. Tener carácter y ser virtuoso son ahora expresiones coincidentes”[1]. Las virtudes se dan en el ser humano no de manera átoma (aislada una de la otra) sino fuertemente vinculadas; forman entre ellas un andamiaje o estructura que no resulta fácil destrabar. De manera que la ausencia de una de ellas –especialmente de las que hemos llamado capitales (ver las siete virtudes capitales)- arrastra consigo la pérdida o atrofia de muchas otras; o, de la misma manera, la adquisición de una virtud se encuentra condicionada, como pronto veremos, al logro de otras virtudes que la preceden o preparan”[2]. Por cierto, Llano recuerda que acerca del lugar donde se enseñan las virtudes, Alasdair MacIntyre describe que las más frecuentes son: 1. Comunidades naturales (como la familia y los amigos), 2. Comunidades como scouts, 3. Entidades religiosas.

Hablando de organizaciones, el Dr. Llano expone unas ideas que podrían parecer poco comunes pero que tienen su fundamento en todo el trabajo ya expuesto y en otras investigaciones realizadas por el autor, quien explica que “sólo es posible dirigir personas y personas en su calidad de tales, porque las cosas se transforman y los animales se domestican. Pero las personas se dirigen. Si se desea respetar la persona de aquel a quien se dirige, la dirección retirará paulatinamente sus acciones, a fin de que el dominio sobre el otro empiece no ya a ceder sino a suscitar el autodominio.  Para formar el carácter de otro se requiere tener carácter: desde el padre de familia hasta el maestro, desde el amigo hasta el propiamente director. Esto es, desde aquella posición a partir de la cual se espera una influencia personal sobre alguien”[3]. Los padres, que tienen por organización su familia, dirigen a sus hijos, a su cónyuge y a sí mismos, tal vez esta dirección personal (autodominio para lograr el bien) que busca formar el carácter sea una de las cosas más valiosas que hay en el ser padres.

Mediante un estudio estadístico se detectó que prevalece la apreciación por las virtudes intelectuales entre los directivos: es secundario para ellos las notas de carácter: autodominio, autocontrolado, sereno, constante y sistemático. Se encuentra poco aprecio por la humildad y la modestia es el penúltimo lugar en la lista valorada por los directores. Es evidente que el difícil arte de pensar lo que se quiere debe ser armónicamente equilibrado con el querer lo que se piensa[4].

En este libro el autor propone conocer cuáles son las principales actividades que desarrolla un directivo de organizaciones para así proponer las virtudes que debe desarrollar para realizar mejor estas actividades. “Son tres las actividades esenciales de la dirección, las cuales se definen, como todas las acciones humanas, por su objeto y a las que corresponden otros tantos hábitos o virtudes que potencian su eficacia y alcance: diagnóstico, decisión y mando, que corresponden a los tres objetos a los que polarmente se orientan (la situación, la meta y los hombres que han de alcanzarla)”[5]

Cuadro 3.2 Cualidades directivas y sus relaciones elementales

Actividades directivas

Cualidades directivas

Diagnóstico: Ver clara la situación en que se encuentra la persona

Objetividad frente a las oportunidades y las amenazas.

Humildad frente a las propias capacidades.

Decisión: Determinar la meta a la que debe llegarse

Magnanimidad o afán de logro. Audacia o capacidad de riesgo.

Mando (y ejecución): Impulsar a los hombres (y a uno mismo) para alcanzar la meta

Constancia

Confianza en los demás

Fortaleza

 

Cuadro 3.3

Actividad

Dimensión externa

Dimensión personal

Diagnóstico

Decisión

Mando

Objetividad

Magnanimidad

Confianza

Humildad

Audacia

Constancia. Fortaleza

Explica Carlos Llano que “en la adquisición de las virtudes han de estar presentes aquellas cualidades y aquellos atributos requeridos para la acción directiva, lo cual no resulta extraño pues el perfeccionamiento de la propia persona es la acción directiva más genuina de cuantas puedan emprenderse. Precisamente la paciencia y la constancia son virtudes que faltan en el hombre poco virtuoso, al punto que puede decirse sin duda que la ausencia de muchas virtudes no es más que el resultado de la carencia de estas dos que acabamos de mencionar: paciencia y constancia. […] Importantes virtudes que pueden y deben aprenderse en familia: auténtica libertad, entrega sincera de sí respecto de otro, sentido de la justicia, acogida cordial, diálogo, servicio generoso, solidaridad (determinación firme de empeñarse por el bien común), actitud de cercanía, asistencia y participación hacia los débiles, necesitados o enfermos.  Agustín de Hipona compara la lucha del espíritu con el esfuerzo de remar contracorriente. La metáfora parece necesaria por cuando hay sentimientos que nunca se avendrán a los dictámenes de la razón y a los consecuentes propósitos de la voluntad y que constituyen una poderosa corriente que arrastra en una dirección con encarnizada contumacia: la ataraxia total y el nirvana permanente es un ideal (si lo es) inasequible. Para esa mentalidad contemporánea el ir contracorriente resulta insoportable; pero en la pelea por hacernos de un carácter no hay motores fuera de borda que nos hagan más asequible el ascenso hacia las fuentes del espíritu yendo en contra del río que desciende hacia el mar de la masa anónima[6].

El Dr. Llano profundiza y expone que algunas de las dificultades para la virtud (y aquello con lo que se pueden aliviar, que se pone en paréntesis) son: ignorancia sobre la carencia de la virtud (confianza en otro que nos diga con objetividad), falta de reconocimiento (humildad), falta de valoración de la virtud (remontarnos a las causas propositivas, verdaderos bienes), repugnancia al esfuerzo (fortaleza), sensación de incapacidad (constancia, confianza)”.[7]

Las virtudes son, pues, aspectos clave para nuestra vivencia integral como personas.

Artículo escrito bajo la dirección de Arturo Picos, director de la Cátedra Carlos Llano UP-IPADE.

Nueva llamada a la acción

[1] Llano Cifuentes, Carlos. Formación de la Inteligencia, la Voluntad y el Carácter. Editorial Trillas. 1999. p. 155

[2] Íd

[3] Llano Cifuentes, Carlos. Formación de la Inteligencia, la Voluntad y el Carácter. Editorial Trillas. 1999. 158 y 159

[4] cfr. Ídem, p. 162

[5] Ídem, p. 165

[6] Ídem, pp. 178, 183 y 184

[7] Ídem, p. 184

Topics: Management, Carlos Llano, Emprendimiento, Dirección general

Laura Cremades Granja

Escrito por Laura Cremades Granja

Colabora con diferentes universidades y programas educativos tanto de manera presencial como en línea. Egresada del MEDE del IPADE, Maestría en Educación Familiar por la Universidad Panamericana, Diplomado en Finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, Ingeniera Biomédica por la Universidad Iberoamericana. Tiene experiencia trabajando en finanzas, planeación y capacitación en diferentes empresas del sector privado, social y gubernamental.

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