Management

El arte del buen gobierno

[fa icon="calendar"] 07-nov-2019 13:03:43 / por Felipe Mario Gonzalez y Gonzalez

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

En México y en el mundo hay una crisis de autoridad, liderazgo y gobernabilidad. De pronto parece que no hay referentes ni estrellas que marquen el camino. La confusión y la desorientación están arriba, entre los que ejercen el poder.

La desorientación es patente, al menos desde 2008. La gran recesión evidenció la separación y el distanciamiento entre los líderes económicos, políticos y sociales y los ciudadanos; entre los que están las élites y los puestos de liderazgo -lo que solía llamar personas principales, por sus puestos- y el común de nosotros los mortales. El resultado ha sido la desconfianza, el miedo y la confusión.

Se trata de una crisis de gobierno, porque hemos descuidado o, peor aún, hemos permitido que los cargos sean ocupados por tecnócratas, por cuasingenieros sociales (con perdón de los ingenieros) y por ciberindividuos programados para imponer la regla de la fuerza, cuyo único propósito es acrecentarla. Para ello toman carta de naturaleza la desinformación, la mentira, la propaganda y el visceralismo, que han llevado a la era de la postverdad.

La recuperación que hay que lograr radica en el relanzamiento de la educación, como la tarea que permite sacar lo mejor de nosotros mismos. En contraste están el adiestramiento o la capacitación, que no forman, sino que determinan comportamientos automáticos al servicio de intereses sectarios, basados en el premio o el castigo, en el incentivo o en la pérdida, en el dinero y la fama por un lado o en la irrelevancia y la dependencia por el otro.

Es prioritario relanzar la necesidad de educar al gobernante, al director o directora, a la mujer o al hombre que pueden ocupar puestos de vértice. Es necesario volver a plantear el porqué de la autoridad, el liderazgo y el gobierno, para determinar cuáles son las cualidades más necesarias en este momento para los cargos de gobierno y dirección.

El o la gobernante como potenciador (a)

El gobierno siempre consiste en educar, y educar es siempre gobernar. Gobernar a seres libres -que eso somos los humanos- es, según Erasmo de Rotterdam, una tarea divina, sumamente difícil para los simples mortales. Siendo tan frágiles, tendemos a abusar del poder de la autoridad y de los medios que permiten conseguir el bien propio y el de todos: el que llamamos bien común.

Gobernar es ayudar a que cada persona haga lo que tiene que hacer, porque le dé la gana hacerlo. Es decidir y actuar en función de las convicciones personales racional y socialmente referenciadas, y no porque se lo impone otro, ya sea a través de la amenaza o de la dádiva (compra).

Gobernar es lograr que las personas decidan libremente hacer, en función de la verdad, el bien y la belleza. Educar es fomentar las decisiones libres tomando en cuenta no sólo las conveniencias personales, sino lo que resulta mejor y más bueno para todos: en el ámbito de la familia, de las escuelas y las universidades, de las empresas y organizaciones, de las comunidades y de las sociedades, de las naciones y de los países.

Educar es provocar conscientemente el desarrollo de la libertad responsable. Gobernar, es generar, crear, construir libertad, iniciativa y acción personal. Es abrir paso al futuro, a través de la creatividad y de la innovación personal y colectiva, en el contexto del bien de todos.

<<Gobernar a hombres libres -vuelvo a citar a Erasmo- y que se avienen voluntariamente a ser gobernados, está por encima del hombre y, sin duda, es algo divino>>. La razón es simple: se trata de garantizar, preservar y engrandecer la libertad personal, al tiempo que todos, mediante la coordinación del gobernante, aprendemos a respetar la libertad de cada uno, conjugándola en un <<nosotros>> más potente, superior y más grande que las pequeñas existencias personales. No se trata de empequeñecer al ser humano, sino de potenciarlo mediante el reconocimiento de que su vida no es una fibra aislada, sino un sentido que se integra en una visión no sólo armónica, sino plena y trascendente de la existencia y de la historia humanas.

Las cualidades del gobernante

Educar al gobernante y gobernar al educar son en cierta forma sinónimos. Dos tareas, dos caras de la misma moneda. Por ello, dirigir educadores es una de las tareas más difíciles y valiosas. En cambio, producir instructores es similar a generar algoritmos: parecen inteligentes, pero resultan siempre reiterativos, por su carencia de creatividad, (dejando a salvo, por el momento, los desarrollos de la IA -inteligencia artificial- cuyo tratamiento escapa a mis propósitos).

Potenciar la creatividad, impulsar la innovación, motivar a ir más allá y a mejor, puede resultar una actividad de paradojas crecientes. Por un lado, se presentan aporías o espacios sin aparentes salidas y, por el otro, aparecen las necesidades de equilibrio, de integración armónica y de conciliación de extremos aparentemente opuestos.

El elenco de cualidades, conocimientos, habilidades o destrezas que exige el arte de gobernar es inabarcable. Son las cualidades que se requieren para que cada ser humano llegue al culmen de sus potencialidades, a la plenitud de su desarrollo. Por ello me circunscribo aquí a una paradoja fundamental y estructurante del arte de gobernar: la necesidad de preservar y el imperativo de cambio. La suscitación de la novedad que abre ulterioridades y la exigencia de asegurar lo conseguido, para no caer en el drama de Sísifo o Penélope, y lograr la sostenibilidad y la permanencia de los conseguido.

Conservar e innovar

El arte de gobernar no se hace sobre el vacío, ni desde el gabinete o peor aún desde la programación asistida por computadora o desde un tablero de control (y eso que éstos últimos, son convenientes para administrar con eficacia).

Se gobierna en circunstancias históricas, que incluyen herencias y legados, y errores, aciertos y equivocaciones. La identidad no se pone a sí misma sino que viene construida -tanto personal como socialmente- por la biología, el desarrollo de la inteligencia y la voluntad, la generación de virtudes personales e instituciones sociales, por la gestación de una cultura y sus productos, incluso por la geografía y por los desafíos de todo tipo, que a lo largo de los siglos se han enfrentado.

Conservar es una tarea fundamental para el arte de gobernar. Cuidar la memoria para mantener las noticias de lo bueno, de cómo se ha hecho, para poder reiterarlo y para no olvidar lo malo y lo destructivo a fin de evitarlo. Conservar es lo que nos hace ser y no sólo hacer, porque de ello depende la creatividad.

Sólo desde la mismidad del ser humano -que requiere ser conservada-, de su riqueza esencial primigenia, que se manifiesta en la efusión y que, por decirlo así, se impregna en las cosas que producimos, es posible para la persona y para la humanidad proyectar el futuro. No somos seres sin pasado, sino con historia, como explicación de lo que somos, de lo que hemos sido y de lo que de alguna forma podemos ser en el futuro.

Conservar es imprescindible. Pero no todo se puede ni se debe conservar. Hay muchas cosas que tienen su tiempo y sus circunstancias; extrapolarlas supone obturar el futuro. Hacer de la vida un museo no es la mejor forma de acrisolar el pasado. Cerrarse al cambio o refugiarse en el inmovilismo de quien no se aventura, es petrificación y atentado contra la vida.

La acción de gobierno requiere además la innovación. Se trata de abrir puertas a la esperanza, de hacer surgir iniciativas que en cierta forma dependen de nuestra capacidad de desear.

El gobernante debe tener sueños con futuros colmados de posibilidades. La novedad y la inventiva provienen de los deseos que se expanden y dilatan, y generan nuevas capacidades, plataformas y situaciones. Gobernar es alentar los sueños, no matarlos.

La acción innovadora de gobierno en su fase expansiva va contra el ritualismo, la repetición mecánica, el acotamiento y el acogotamiento. La acción innovadora de gobierno consiste en abrir espacio, hacer sitio; se trata de desembarazar: quitar impedimentos, remover obstáculos, dejar el camino expedito y libre.

La innovación en su fase constructiva supone vitalidad, juventud y alegría. Es posibilitadora de nuevos desarrollos, asume riesgos pero afina los objetivos y busca los medios adecuados al fin. Moviliza recursos, aguza el ingenio y realiza oportunidades. Requiere por ello de la valentía de aventurarse, de emprender y comprometerse, de ejercer la libertad y de actuar y transformar, que es el primer principio de la ética.

La necesidad de cambio vs la violencia del capataz

Cuando la acción de conservar se extralimita, lleva a la politización y al dogmatismo que asfixia. La esclerosis y el burocratismo se apoderan de las organizaciones y las comunidades: se quiere controlar todo, se regula el mínimo detalle, los requisitos son interminables y son un acicate para abandonar cualquier tipo de iniciativa o actividad. Se mata la innovación porque hay que pedir permiso hasta para respirar.

La esclerotización hace devenir a los líderes y gobernantes en administradores y capataces. Se genera una crisis de confianza y de autoridad. Los jefes se vuelven omnipotentes, hacen juicios totales y totalizadores, etiquetan y despachan: sólo la camarilla en el poder resulta inteligente. Las personas se sienten y se saben utilizadas. La razón, como premisa básica de la gobernabilidad, desaparece del escenario y con ello la prudencia.

Se dan instrucciones en lugar de directrices, con lo cual la libertad se cuadricula. Los informes se ajustan a las reglas establecidas y sólo recogen lo que cumple con lo filtros impuestos desde arriba, sin considerar si tienen que ver con la realidad. Las instrucciones pueden llegar a ser contradictorias e imposibles.

Los criterios formales operan: no conviene a la organización lo que no le conviene al jefe; la unidad de la organización pasa por la mimetización con el jefe; la gente es tonta o lista, traidora o leal, en función de si coincide o no con los a priori del jefe.

Una burocracia diseñada para urdir normas y dificultades sin fin simplemente no gobierna. Desconoce el pasado, la historia y la experiencia y no sabe cómo acrisolar lo conseguido, que se derrocha en extravagancias o de manera inconducente. Las decisiones se vuelven anónimas, la responsabilidad se diluye y se crea el fantasma del colectivo despersonalizado, disfrazado de colegialidad.

La organización se pone al servicio del poder y la conservación de su ejercicio, que se asegura para beneficio de la camarilla dominante. Se secuestra la libertad, la empresarialidad y la innovación. Los políticos y dirigentes crean mantras y consignas para mantener a los ciudadanos y participantes en el limbo intelectual, cultural e ideológico. El modelo organizacional adquiere los tintes de una estructura piramidal extractiva, en la que todo se pone al servicio de los que están en la cúspide.

Libertad y donación: la ecuación del valor

Una sociedad extractiva es aquella en la que el poder, la autoridad y los recursos son puestos al servicio del dinero y la fama, como expresiones del éxito y la supremacía. El paradigma organizacional se nutre, en esos casos, del corporativismo, del control piramidal y la eliminación de todo lo que suponga apertura y desafío.

La gobernabilidad democrática, en cambio, es un sistema basado en el reconocimiento del otro como ser humano, en sus derechos y deberes, su dignidad y trascendencia, de sus posibilidades para generar e incrementar el valor personal y social y el de las cosas, mediante la inversión libre de los propios talentos. Inversión que se manifiesta como una donación de la propia intimidad, en la que radica la capacidad de comunicar el valor constitutivo del ser humano.

Se trata de abrirse a la vida propia y a la vida del otro, no desde el ámbito de la prerrogativa, sino desde la consideración del don, de lo recibido, del valor inicial y fundante que se da en cada vida humana, como riqueza de la que se es depositario y que permite la participación, la aportación, la contribución a un mayor y mejor beneficio para todos.

Por ello, todo auténtico gobierno -en cualquiera de los ámbitos que se dé, ya sea familiar, empresarial, institucional o social-, no le tiene miedo a la libertad. Todo su accionar se justifica en la potenciación de libertad, desembarazado de lo que impide y posibilitando la inversión de los talentos que cada quien posee. Se trata de llegar a fines que impliquen la participación, la complexión y la plenitud de los deseos; de las posibilidades y de las esperanzas de cada uno y de todos.

Gobernar es por ello generar, construir y expandir la libertad desde la verdad, el bien y la belleza, para reinventarnos individual y socialmente; para pretender lo inimaginable, lo impensable y lo valioso en plenitud progresiva y sostenibles.

Gobernar es educar en la liberación de la mitología del poseer y del ser poseídos. Educar es gobernar y gobernar es educar, para entender la libertad de una forma completamente nueva. La libertad con vínculos que nos unen a los demás de manera afectiva y efectiva, con buena voluntad y con justicia, que es el camino de la paz. Libertad con vínculos, por la que nos reconocemos como seres sociales, que dependemos mutuamente de todos nosotros. Democracia en libertad para la que nadie es indispensable, pero todos somos necesarios, con una vida social en la que todos caben y no sobra nadie.

Gobernar es potenciar la memoria, la conservación y la innovación para que las personas puedan crear más libertad, con una responsabilidad asumida que nos convierta en sujetos, agentes y protagonistas de la historia. De ese tamaño es el desafío, a esa grandeza nos debemos cuando hablamos de gobierno, porque los infinitivos de la vida se reducen a dos: amar y pensar.

Publicado originalmente en la revista Istmo No. 356, julio 2018

Nueva llamada a la acción

Topics: Justicia, Gobierno, Democracia, Gobernabilidad

Felipe Mario Gonzalez y Gonzalez

Escrito por Felipe Mario Gonzalez y Gonzalez

Profesor del área de Entorno Político y Social Presidente del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Institucional, CEGI – Consultor y conferenciante en los temas de su especialidad, con cerca de 200 trabajos publicados como casos o notas técnicas. – Miembro de la American Political Science Association (APSA); Center for the Study of the Presidency; Academy of Management. – Profesor invitado: • Colegio de Defensa Nacional, México. • Facultad de Derecho, Universidad de Navarra. • IESE Business School, España. • AESE Business School, Lisboa. • PAD, Escuela de Dirección, Perú. • INALDE, Escuela de Dirección y Negocios, Colombia. • IAE Business School, Argentina. • Graduate School of Political Management, George Washington University. • Programa de Visitante Internacional, Estados Unidos. • Instituto para la Responsabilidad Social, IPRES, Guatemala. • International Management Program, Miami.

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