Management

El trabajo, medio de perfección humana

[fa icon="calendar"] 22-jun-2018 11:00:18 / por Bernardo Luís Fernández y Ardavín

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

La empresa y el perfeccionamiento humano se vinculan fuertemente en la realidad del trabajo. Más aún, sin el trabajo, el hombre no puede llegar a su perfección. Al ser la empresa un lugar eminentemente para trabajar y siendo el trabajo prioritariamente un medio de perfección humana, la empresa se convierte en un factor de perfeccionamiento humano primordial. Así comprendemos la trascendencia de la empresa en la vida de cada miembro y en la sociedad entera.

Karl Marx fue uno de los pensadores más incisivos en subrayar la importancia del trabajo para la vida del hombre, y una de las críticas al sistema capitalista es, precisamente, por la alienación que provoca su organización del trabajo. Marx argumenta que cuando hay un capital excedente en la producción y ese sobrante, fruto del trabajo, no lo recibe quien lo realizó, ese hombre se aliena. Estas observaciones no pretenden alabar al sistema marxista, pero sí hacer consciente al empresario, de la vital importancia de una concepción profunda del trabajo humano. El error de Marx, en su materialismo, fue centrar el valor del trabajo humano en la producción, por esto consideraba alienante el capital.

La primacía del trabajo sobre el capital no está en lo producido, sino en la dignidad del hombre que trabaja: Por ser el trabajo una actividad humana, debe responder a la dignidad del hombre.[1] El trabajo procede inmediatamente de la persona, que marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad[2] ennobleciéndola.[3] Por el trabajo, el hombre no sólo transforma la naturaleza, sino que se perfecciona,[4] se realiza a sí mismo como hombre y, en un cierto sentido, “se hace más hombre” (Raquel n.4) Todo esto muestra la necesidad de que el orden social del trabajo permita al hombre perfeccionarse y no lo degrade, menoscabando su dignidad.[5]

Fines del trabajo: el trabajo es cumplimiento de la vocación recibida, fuente de sustentación, medio de relaciones con los demás hombres, prestación de un servicio (Raquel nos. 2 y 3).[6]

El deber de trabajar: por ser instrumento de perfección personal y medio necesario para el bien común, al que todos están obligados a cooperar,[7] a todos obliga el deber de trabajar, tanto si es el único medio de sustentación, como si no lo es.

El derecho al trabajo: una recta ordenación de la vida social implica que se satisfaga el derecho de todos al trabajo; esto es, que se resuelva el problema del desempleo o paro. La realización de ese derecho corresponde en primer lugar al individuo y a la iniciativa privada (siendo la creación de puestos de trabajo una función social de gran importancia). Supletoriamente corresponde al Estado como empresario indirecto, por cuanto debe velar por el bien común, y uno de los elementos fundamentales del orden social es la posibilidad de que todos los hombres pueden realizar un trabajo. Evitar el paro debe ser una de las preocupaciones más graves del Estado.[8]

Los medios que debe usar el Estado para resolver el problema del paro son, en principio, indirectos, mediante una política social correcta, que promueva el desarrollo económico de todos los sectores.

Este artículo está extraído del libro “Ética de la dirección, una decisión con libertad”, escrito por Bernardo Luís Fernández Ardavín.

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[1] Encíclicas. Rerum Novarum 1891, 32; Mater et Magistra Juan XXIII, 18 y 92; Editorial Documentos pontificios.

[2] Paulo VI, Gaudium et spes. (GS. 67). Editorial Documentos Pontificios.

[3] Juan Pablo II, Laborem Exercens 1981, Editorial EDIBESA, 1995., 9., p. 189.

[4] Encíclica SS Pío XI, Quadragessimo Anno A, 135; MM, 82, 149, 255.

[5] Juan Pablo II, Laborem Exercens.

[6] Encíclicas Mater et Magistra, 149, 256, Rerum Novarum, 5; QA, 61; Gaudium et spes, 67, 41.

[7] Juan XXIII Rerum Novarum, 814: QA, 135.

[8] Juan Pablo II, Laborem Exercens, 17 y 18. QA, 51. Mater et Magistra, 44., 54, QA, 74., 79 RN.

Topics: Dignidad Humana, Trabajo, Igualdad de oportunidades

Bernardo Luís Fernández y Ardavín

Escrito por Bernardo Luís Fernández y Ardavín

El Dr. Fernández y Ardavín se graduó como Ingeniero Químico en el Tecnológico de Monterrey. Al terminar esa etapa obtuvo una beca de investigación del Gobierno de España y se traslado a Madrid. En la universidad de Madrid obtuvo el doctorado en Física. En Europa surgió la oportunidad de doctorarse en Derecho Canónico en una de las Universidades de Roma. Además llevó a cabo por estudios filosóficos y teológicos necesarios para recibir la ordenación sacerdotal.

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