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La democracia: una sociedad abierta

[fa icon="calendar"] 17-feb-2020 8:25:33 / por Agustín Llamas Mendoza

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

El ser humano, en tanto imperfecto, sufre de debilidades. Una de ellas es querer siempre tener la razón. Y si en algún grupo esta debilidad se encuentra sumamente arraigada, es en el político. Por lo general, este grupo olvida que la aplicación de una política puede traer inconvenientes, efectos perversos, consecuencias indeseables y que responde a una práctica de ensayo y error de una teoría acerca de la sociedad. (Nosnik, 1987, pág. 115). “Estar alerta frente a las equivocaciones, analizarlas y aprender de ellas, esto es lo que tanto un político científico como un estudioso de la ciencia política deben hacer” (Popper, 1961, pág. 102).

Debe aceptarse la responsabilidad de aprender de los errores, y aprender de ellos de tal forma que pueda aplicarse ese conocimiento con el fin de evitarlos en el futuro. En opinión de Popper, el progreso del hombre y de la ciencia dependen en gran medida de factores políticos, de instituciones que velen por la libertad de pensamiento; en una palabra: de la democracia. Es así como:

                                                                                              Progreso = ƒ [ democracia ]

“La ciencia, y más especialmente el progreso científico son los resultados no de esfuerzos aislados, sino de la libre competencia del pensamiento” (Popper, 1961, pág. 105). De allí la insistencia de Popper en la diversidad de los individuos y de sus mentores; es decir, el crecimiento de la actividad y la actitud racionales dependen de esa diversidad que no sólo es de individuos, sino de opiniones, propósitos, ideas, valores, etc. El motor que impulsa la evolución humana es la “libertad de ser singular y distinto del vecino, de estar en desacuerdo con otros y seguir el propio camino” (Popper, 1961, pág. 174).

Como se ha mencionado, en una visión holista-historicista, con pensamientos utópicos que desembocan en ideas totalitarias es necesario suprimir cualquier objeción, sea o no razonable. En una democracia por otro lado, existe confrontación, discusión, es decir, se sigue el método de “ensayo y error”. Si este método desaparece, el progreso humano en toda su variedad de concepciones y manifestaciones, también lo hace.

Cualquier intento por controlar el factor humano, incierto y voluble por naturaleza, desemboca necesariamente en una tiranía. El Estado puede restringir la libertad de los individuos en sociedad siempre que eso suponga la propia protección a la libertad. Así, el principal objetivo del Estado debe ser la protección de aquellas libertades que no perjudican a los demás y la restricción de aquellas que sí lo hacen. “Exijo que el Estado limite la libertad de los ciudadanos de la forma más equitativa posible y no más allá de lo necesario, para alcanzar una limitación pareja de la libertad” (Popper, 1967 b, pág. 171).

No puede haber libertad si ésta no se halla asegurada por el Estado, e inversamente, sólo un Estado controlado por ciudadanos libres puede ofrecerles una seguridad razonable.

El principio democrático afirma que es preferible la aceptación de una mala política en una democracia al sojuzgamiento político de una tiranía, por sabia o benévola que ésta sea. Según Popper (1957 b, pág. 205), “no deben invocarse a la ligera los intereses del Estado para defender medidas que puedan poner en peligro la más preciosa de todas las formas de libertad: la libertad intelectual”. Un Estado autoritario, entonces, destruirá el espíritu científico de la investigación, en tanto búsqueda constante e inalcanzable de la verdad, que se diferencia de la creencia de la verdad en posesión de dicho Estado.

El racionalismo crítico de Popper se halla vinculado con el reconocimiento de la necesidad de instituciones sociales destinadas a proteger y asegurar la libertad de la crítica y del pensamiento. Estas instituciones sociales son parte de una sociedad abierta en la cual el hombre confía en su razón, utiliza la crítica, se responsabiliza y progresa; progresa hacia lo incierto, hacia lo desconocido…pero también evitando errores.

Popper llama sociedad cerrada a una sociedad mágica, tribal, colectivista; y sociedad abierta a aquella en la cual los individuos deben adoptar decisiones personales compatibles con el desarrollo de su comunidad.

La única forma de continuar siendo humanos es seguir el camino de la sociedad abierta, pero este camino no está marcado ni predeterminado; va por donde vaya la razón crítica, de la que podemos disponer para procurarnos la seguridad y libertad que deseamos alcanzar. Toda idea, plan o modelo que no esté preparado para aceptar nada que no pueda ser definido por medios de la discusión racional y crítica, queda fuera del método científico y produce sistemas sociales cerrados.

Texto extraído, y publicado con permiso del autor, de un capítulo escrito por el Profesor Agustín Llamas Mendoza, titulado “Democracia y racionalismo crítico”; mismo que se encuentra dentro del libro “Nosnik Abraham, Caminos de apertura, Trillas, México,1991”.

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Topics: Política, Democracia, Ciencia política

Agustín Llamas Mendoza

Escrito por Agustín Llamas Mendoza

Profesor del área de Entorno Político y Social, Master en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia (MEDEX), IPADE. Licenciatura en Ciencias Sociales, Instituto Tecnológico Autónomo de México.

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