Management

Responsabilidad social empresarial

[fa icon="calendar"] 05-abr-2017 8:30:00 / por Bernardo Fernández Ardavín

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Formar directivos. Formar formadores. En el fondo, es lo mismo. El directivo conduce hombres para la acción, para cambiar la realidad. Hace hacer. Manda, dirige. Forma. De ahí su responsabilidad: debe obtener resultados, pero no él, sino todo ese equipo humano que es la empresa. Un equipo que quizás él no ha formado, pero que sí debe reformar. Por eso formar directivos es formar personas conscientes de su responsabilidad como formadores, porque son ellos los que están creando las condiciones en que sus subordinados se desarrollarán, cómo profesionales y como personas.”[1]

Actividad empresarial y profesional

La responsabilidad del empresario le viene dada por la importancia de la actividad que realiza para las personas que conforman la empresa y para la sociedad entera; ese protagonismo lo coloca en el lugar donde se toman decisiones que cambiarán el rumbo de la sociedad y del mundo entero. Las decisiones empresariales tienen un efecto multiplicador y especiales repercusiones en todo el tejido social y económico, de su actividad depende una parte importante de la vida económica y consiguientemente, el bienestar de muchas familias. Los empresarios intuyen necesidades humanas, asumen riesgos, organizan el trabajo, promocionan y ofrecen productos y servicios a la sociedad, generando y distribuyendo riqueza.

De especial importancia resulta la actividad empresarial en el mantenimiento y creación de puestos de trabajo y en la creación de condiciones de vida que faciliten el desarrollo humano de las personas dentro de la empresa, ya que la empresa no sólo acrecienta la riqueza material y es la gran promotora del desarrollo socioeconómico, sino que también es causa de progreso personal que permite condiciones de vida más humanas siendo una de las fuentes principales de la distribución de la riqueza.

Problemas de la sociedad y soluciones

La empresa no es una “institución”, “organización” neutra y, por tanto, independiente. Está inserta en una sociedad que incide, a su vez, sobre ella. De la capacidad empresarial para dar respuesta a los problemas de esa sociedad, dependerán también sus posibilidades en cuanto a niveles de satisfacción, calidad de vida y estabilidad social. Pero esta incidencia de la empresa sobre la sociedad no se limita solamente a las prestaciones que la empresa hace o puede hacer, sino que la propia estructura empresarial, su estructura de poder y su evolución, implicarán una fuerte incidencia en la estructura social. Nadie puede negar a la empresa, además de la dimensión socio-técnica y económica, una seria influencia en el modelo de sociedad en la que vive y desarrolla.[2]

Milton Friedman sostiene que la empresa tiene una y sólo una responsabilidad social: utilizar sus recursos y participar en actividades pensadas para incrementar sus beneficios siempre que permanezca dentro de las reglas de juego; o, lo que es lo mismo, participar en competencia abierta y libre sin engaño o fraude”. Esta visión reduce la protección de la empresa a su dimensión mercantil. En el fondo es una visión economicista donde la empresa no adquiere una carta de ciudadanía, pero en realidad la empresa es parte importante de la sociedad, se hace realidad la afirmación de Koslowski: “Las decisiones éticas tienen efectos secundarios económicos; las decisiones económicas, a su vez, tienen efectos éticos”.[3]

Cuando hablamos de trascendencia queremos recalcar la importancia de la acción directiva en las personas que constituyen la sociedad, en quienes trabajan en las empresas y en general en la vida del mundo.

El lugar de los empresarios en la sociedad es de primordial importancia para el buen desarrollo de nuestras sociedades.

Juan Pablo II

En palabras de Juan Pablo II: “Vuestro cometido es de primer orden para la sociedad: el grado de bienestar del que goza hoy la sociedad, sería imposible sin la figura dinámica del empresario, cuya función consiste en organizar el trabajo humano y los medios de producción para dar origen a los bienes y a los servicios necesarios para la prosperidad y el progreso de la comunidad”. Y ese progreso debe atender a las verdaderas necesidades del hombre, a todas las dimensiones de la vida humana materiales y espirituales. El empresario no puede volverse cómplice de esa idea de progreso donde no hay límites, donde la ética no encuentra cabida, porque ese progreso se ha olvidado de la dignidad humana.

Como hemos visto, la vida moral no se reduce a ciertas actuaciones aisladas sino a toda nuestra vida. Si los actos no alcanzan la perfección es necesario que todas nuestras actividades estén ordenadas por un sentido trascendente de la vida.

 

Este artículo está extraido del libro "Ética de la dirección, una decisión con libertad", escrito en el año 2000 por el padre Ardavín.

 

[1] Argandoña, Antonio. Editorial Revista del IESE. No. 51. 3er. Trimestre 1993, p.1

[2] Cfr. Melendo, Tomás. Las claves de la eficacia empresarial. pp. 58-59.

[3] Cfr. Idem.

Ebook Decadencia y auge de la dirección general

 

 

 

 

Topics: Management, Responsabilidad social

Bernardo Fernández Ardavín

Escrito por Bernardo Fernández Ardavín

El Dr. Fernández Ardavín se graduó como Ingeniero Químico en el Tecnológico de Monterrey. Al terminar esa etapa obtuvo una beca de investigación del Gobierno de España y se traslado a Madrid. En la universidad de Madrid obtuvo el doctorado en Física. En Europa surgió la oportunidad de doctorarse en Derecho Canónico en una de las Universidades de Roma. Además llevó a cabo por estudios filosóficos y teológicos necesarios para recibir la ordenación sacerdotal.

Ebook Libertad y Educación Cátedra Carlos Llano

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