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Un coto a la corrupción

[fa icon="calendar"] 19-jul-2017 6:00:00 / por Arturo Picos

Un-coto-a-la-corrupcion.jpg¿Se puede aprender algo de países más corruptos que el nuestro? Resultaría muy útil capitalizar las experiencias de países como Nigeria, catalogado como más corrupto que México. 

Comparto con el lector algunas de las medidas propuestas por el profesor John M. Elegido, de Lagos Business School en Nigeria, para el combate a la corrupción tanto en el sector público como en el privado.

En el sector público

  1. Eliminar las tentaciones a actuar corruptamente, al menos las irresistibles. Entre ellas la más poderosa es un estado de necesidad económica seria. La primera medida es, por tanto, pagar a los servidores públicos que les permitan satisfacer sus responsabilidades familiares básicas.
  2. Procesos transparentes y abiertos. Por ejemplo, tipificar como delito el que un servidor público posea o controle dinero, propiedades o recursos fuera de proporción con sus ingresos en el pasado, a no ser que pueda explicar satisfactoriamente la forma en que los obtuvo.
  3. Fortalecer la seguridad de empleo de los funcionarios públicos. Cualquier persona que vive con el temor de perder su trabajo sin previo aviso, se siente en la necesidad de hacerse de un capital a modo de seguro de desempleo.
  4. Constituir un Poder Judicial efectivo, capaz de aplicar sanciones, y al que cualquiera pueda acudir en caso de abuso por parte de los servidores públicos.
  5. Organizar el trabajo de los funcionarios públicos de tal forma que genere una sana competencia entre ellos. Cuando, por ejemplo, una única dependencia tiene el poder de expedir cierta documentación, esa situación propicia que para obtenerla sea necesario pagar una gratificación. Si por el contrario existen muchas dependencias con la misma atribución, es mucho más probable que no haya necesidad de hacer ningún pago extraoficial para obtener dichos documentos.
  6. Limitar las áreas de poder discrecional de los servidores públicos reduce drásticamente las oportunidades de enriquecimiento corrupto. Esto se puede conseguir privatizando tantas actividades del sector público, cuantas sea posible someter a la competencia.

En el sector privado

El fenómeno de la corrupción no está restringido al sector público. Siempre que un individuo tiene un poder de decisión discrecional, y su forma de ejercerlo puede afectar positiva o negativamente los intereses de otros, existe la posibilidad de incurrir en corrupción. Y esto se da a menudo entre los empleados de las organizaciones privadas.Las situaciones corruptas típicas en el sector privado son similares a algunas de las del sector público (así, la situación de un director de compras que entra en relación de negocio con un proveedor externo puede convertirse en oportunidad de corrupción). Sin embargo, hay diferencias significativas, y prestarles atención puede proporcionar criterios útiles adicionales en el diseño de estrategias eficaces para combatirlas. Por ejemplo, la promulgación y aplicación de normas legales o reglamentarias no existen en el sector privado, pues en éste no se tiene la oportunidad de regular la conducta de otros.

Por otra parte, las crecientes dificultades que derivan de un entorno cada vez más competitivo han colocado a una gran mayoría de empresas del sector privado, en una situación que cierra muchas vías de corrupción (en el ejemplo citado, cuando más de un comprador compite por la oferta del proveedor o viceversa, hay más probabilidad de que el corrupto quede marginado, por el costo adicional que su abuso supone para la contraparte, y que la amplitud de alternativas pueda evitarle).La lógica de ello es la siguiente: cuanto mayor es la competencia que existe en un mercado, tanto más los participantes en ese mercado tienen que controlar sus costos y tanto menor será entonces el nivel de corrupción.

Contra esto atenta la existencia de islas de poder monopólico, pues éstas crean oportunidades de corrupción al hacer que los directores intenten apropiarse, personalmente, parte de los beneficios de monopolio de que gozan organizaciones en las que trabajan.A pesar de lo anterior, no es suficiente apostar a la competencia del mercado para eliminar las situaciones de corrupción en el sector privado, como tampoco se puede creer que las medidas propuestas para reducir la corrupción en el sector público se sostienen por sí solas.En tanto los estándares éticos no lleguen a formar parte de la cultura de una sociedad, los remedios contra la corrupción y las diversas formas para controlarla estarán siempre amenazadas por la voluntad de corromperse que permanece más o menos latente en los individuos. Insistimos: extirpar la corrupción exige un cambio de hábitos.

*Publicado originalmente en el periódico El Financiero el 3 de diciembre del 2004.

 

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Arturo Picos

Escrito por Arturo Picos

Licenciatura en Filosofía por la Universidad Panamericana. Doctorado en Filosofía por la Universidad de Navarra. Programa de Dirección (D-1, IPADE). Profesor del Área de Filosofía y Empresa y director de Preceptoría en el Programa MEDEX, IPADE, sede México. Director de la Cátedra UP-IPADE «Carlos Llano». Miembro de Número de la Fundación Interamericana Ciencia y Vida.