Management

Virtudes empresariales

[fa icon="calendar"] 19-abr-2017 10:11:37 / por Bernardo Fernández Ardavín

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El ser humano para realizarse debe asumir su deber y no conformarse con sólo cumplir al trabajar.

Las virtudes no sólo son como la clave del desarrollo humano, sino también la base de una sana cultura empresarial y el motor de progreso. Las causas morales del progreso se conocen al repasar la historia de las empresas exitosas. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho.

Virtudes humanas

No nacemos con las virtudes, son hábitos que logramos a través de un esfuerzo por repetir actos buenos, y cuando esa repetición se convierte en un modo habitual de actuar, conseguimos el hábito operativo. Podemos hablar de muchas virtudes: laboriosidad, fortaleza, humildad, constancia, etcétera, pero en el intento por alcanzar alguna, los actos buenos no sólo ayudan a conseguir ésa, sino muchas, por eso se dice que “virtud llama a virtud”. Por ejemplo, en un acto de laboriosidad, cuando estamos cansados de la jornada de trabajo y, sin embargo, nos esforzamos por acabar con perfección lo que tenemos entre manos, no sólo conseguimos laboriosidad, también fortaleza, pues redoblamos el esfuerzo por la voluntad para no dejarnos llevar por el cansancio.

El que no avanza retrocede

El único camino para alcanzar la perfección es el de la virtud, pero un aspecto importantísimo de la virtud es su carácter medial. La virtud es el justo medio entre el exceso y el defecto, es decir, un hombre es laborioso cuando sabe acabar su trabajo puntualmente y con perfección, pero también cuando lo suspende para dedicarse a otros aspectos importantes de su vida como su familia, el cuidado de la salud, la ayuda a los más necesitados, la diversión, etcétera. Esto no quiere decir que sea mejor no esforzarse mucho, para evitar caer en el exceso. Cuando hay virtud hay una justa media, y en esa justa media se puede seguir creciendo. Un hombre nunca llegará a ser lo más virtuoso que pueda ser, no hay límite en la perfección humana, precisamente porque su fin último es el máximo bien o bien infinito.

Otro motivo importante para nunca dejar de esforzarse es “el que no avanza retrocede”, es decir, en la cuesta de la perfección no hay “descansos” como lo suelen tener las escaleras. Quien no es cada día más virtuoso se va haciendo vicioso, si un acto no me ayuda a adquirir más virtud es contraproducente, me acerca más a su contrario: el vicio (y no hay que considerarlo sólo en sus aspectos agudos como la drogadicción, alcoholismo, etcétera). Del mismo modo que el camino a la virtud se realiza paso por paso, el del vicio de recorre día a día. Para llegar a la perfección necesitamos entender que cada acto que realizamos no es indiferente, es bueno o malo, conduce a la virtud o al vicio. Nadie se vuelve más vicioso de la noche a la mañana, sino a lo largo de muchas noches y muchas mañanas en que no supo rectificar el rumbo hacia la perfección.

Perfección empresarial

En un empresario, las virtudes son esenciales, no sólo porque él mismo se perfecciona, sino porque la empresa se perfecciona por las virtudes de quienes la conforman; y el directivo lo hace de un modo particularmente incisivo porque tiene más posibilidades de fomentar las virtudes a través de sus decisiones. Es claro que no todo depende del directivo, por mucho que él haga, si el trabajador no quiere mejorar, nadie puede pasar sobre su libertad. Pero la misión directiva está precisamente en lograr que los trabajadores quieran hacer lo que mejor conviene, muchas veces aunque el trabajador no quiera, el directivo tomará medidas para que determinados defectos o vicios no afecten la vida de la empresa.

 Ebook Decadencia y auge de la dirección general

Topics: Virtudes

Bernardo Fernández Ardavín

Escrito por Bernardo Fernández Ardavín

El Dr. Fernández Ardavín se graduó como Ingeniero Químico en el Tecnológico de Monterrey. Al terminar esa etapa obtuvo una beca de investigación del Gobierno de España y se traslado a Madrid. En la universidad de Madrid obtuvo el doctorado en Física. En Europa surgió la oportunidad de doctorarse en Derecho Canónico en una de las Universidades de Roma. Además llevó a cabo por estudios filosóficos y teológicos necesarios para recibir la ordenación sacerdotal.