Filosofía

Los padres negados de México

[fa icon="calendar"] 14/09/18 16:08 / por Gabriel González Nares

 

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Celebramos este mes nuestra mexicanidad. Esto es reconocer la identidad mexicana que, según Octavio Paz, es la de muchas culturas en una: el mexicano, sin saberlo, es judío y visigodo, nahua y zapoteco, griego y cartaginés. Muchas raíces, diversas y ricas, alimentan a la mexicanidad. De modo que celebrar es honrar los orígenes y conectarse con ellos; es reconocer y reconocerse como miembro de una tradición identitaria milenaria y múltiple. Honramos a los héroes, padres y madres, que nos dieron patria. Héroes, que muchas veces, son una imagen en la pared, o un cromo escolar: héroes y heroínas de cartón. Olvidamos que la Historia es hecha por hombres y mujeres de carne y hueso: con miedos, debilidades y fragilidad, pero también con valentía y con decisión, las cuales los llevaron al heroísmo.

La Historia cae en el ámbito de lo contingente, pues depende de las frágiles deliberaciones humanas particulares o colectivas. Y muchas veces se nos olvida que hay otros héroes que no han llegado a brillar de fama por muchas causas. Unos han sido condenados injustamente porque parece que sus errores son mayores que sus aciertos. Otros, han sido olvidados, porque sus acciones no tuvieron una repercusión larga. Otros, porque fueron opacados por eventos mayores que su personalidad. Hay padres y madres que México tiene como raíces, pero que no son fácilmente reconocidos por los mexicanos, muchas veces, por las causas dichas. De entre estos fundadores desconocidos, que dieron a México identidad, estabilidad, etc., hay tres figuras sobresalientes que llaman la atención porque están sepultadas en el olvido o en la mala fama, y sin embargo son padres de la mexicanidad, son padres negados de México y son: Hernán Cortés, Agustín de Iturbide y Porfirio Díaz. Cada uno dio elementos de patria sin los cuales es imposible pensar la identidad mexicana. Todos ellos nos hacen sentirnos tan mexicas como hispanos. Tan independientes como criollos. Tan emprendedores como socialmente responsables.

1. Hernán Cortés: encuentro de dos mundos y unidad política

Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano es una figura altamente polémica. Fundador y conquistador, un ejemplo conciso de los extremos presentes en la naturaleza humana. No es este el lugar para hacer un juicio sobre las acciones de Cortés, sino el de decir su principal aporte a la mexicanidad como un dato duro: gracias a Cortés el México antiguo se vuelve miembro de la cultura occidental y tiene, por primera vez, una identidad política en unidad.

El encuentro de los dos mundos fue, sin duda, intenso: agresivo, apasionado, pero también fructífero. Muestra de ello son las acciones de Cortés, que fue un fértil, pero no siempre reconocido padre, tanto en el sentido biológico como en el cultural. En el primer sentido Cortés es padre de los mexicanos, pues es uno de los progenitores de los primeros mestizos. Recordemos a dos de sus hijos, ambos llamados Martín Cortés, español uno, mestizo el otro, pues la madre del mestizo fue Malitzin, la Malinche. Ambos hijos tuvieron beneficios y poder, aunque sólo el español llegó a ser Marqués del Valle de Oaxaca, el otro fue de los primeros mestizos en hacer un intento de independencia, pero su revuelta falló. Otra de las hijas de Cortés, Leonor Moctezuma, tuvo como madre a Isabel Moctezuma, hija del Tlatoani. Tristemente Isabel no reconoció a Leonor por ser fruto de una unión más bien forzada, sin embargo, el linaje comenzado por Leonor pervive como un testimonio vivo del mestizaje.

En el sentido cultural, Cortés es padre de la mexicanidad. Si la mexicanidad es riqueza, mestizaje y variedad, Cortés es uno de sus primeros padres. México debe dos grandes aspectos culturales a Cortés, por una parte, su entrada en el mundo occidental (y la entrada de la cultura indígena a Occidente), por otra, su unidad política. Antes de Cortés y sus acompañantes, Mesoamérica estaba aislada del resto del mundo, sin capacidad de enriquecer a otros pueblos. También, antes de Cortés, no hay propiamente unidad política de muchos pueblos bajo un sólo estandarte estable, sino confederaciones de naciones indígenas en constante pugna. Por demás, Cortés fundó el Hospital de Jesús Nazareno, el primero de América y aún en funciones, auspició el primer seminario y trajo las primeras vides, sin dejar de mencionar que, en sus expediciones marítimas fundó ciudades y describió tierras nuevas. Cortés, es, sin duda, un padre no reconocido de la mexicanidad y de los mexicanos, pero latente en la vida de muchos de ellos.

2. Agustín de Iturbide: la independencia efectiva y la unidad criolla

Agustín de Iturbide y Aramburu es el gran artífice de la consumación de la independencia del Imperio Mexicano. Y no es que los caudillos insurgentes fueran cobardes o insuficientes, sino que sus luchas, muchas de ellas violentas, no fueron eficaces. La eficacia vino por el olfato político de Iturbide, quien pudo unir a distintas causas en un solo movimiento, pues hizo caso de las semejanzas más que de las diferencias. Iturbide, a diferencia de los insurgentes de su tiempo, era aristocrático y urbano, cosa que no simpatizó al pueblo común. Sin embargo, sus dotes de diálogo político y búsqueda de unidad dieron fin a una cruenta guerra de guerrillas que tenía más de 11 años peleándose.

Por otra parte, Iturbide dio paso a la unidad criolla, que fue un tema de unidad nacional durante los primeros años del México independiente. La unidad criolla es una reinterpretación del encuentro de dos mundos, el indígena y el hispano. Es decir, el mexicano es ambas culturas en una. La pretensión fue la de encontrar la identidad nacional en la asimilación de las dos cosmovisiones, sin que hubiera que renunciar a una por ensalzar a la otra, y sin que hubiera necesidad de enarbolar el resentimiento contra una de ambas. Este es un aspecto que aún los mexicanos podemos trabajar: la reconciliación con lo hispano o lo indígena en diferentes casos. Contra el constante resentimiento de los mexicanos contemporáneos podemos retomar la propuesta de Iturbide. Podemos ser dos culturas y dos mundos en una sola identidad. Podemos sentirnos criollos, tanto hispánicos como mesoamericanos.

Infortunadamente, Iturbide fue relegado al olvido pues dejó de ser un héroe público, a los ojos de la ideología liberal, cuando se proclamó emperador de México. Esto lo llevó a ser un padre no reconocido por los mexicanos. Sin embargo, no conviene olvidar la efectividad de su pensamiento y astucia política y su intención de unidad criolla.

3. Porfirio Díaz: la cultura liberal y empresarial.

El último padre renegado de los mexicanos es muy reciente. Porfirio Díaz tuvo una carrera que subió y luego cayó estrepitosamente. Durante la Guerra de Reforma y la Segunda Intervención Francesa, Díaz llegó a ser un héroe de guerra, siempre de ideas liberales y de acciones eficaces. Su liberalismo político lo llevó hasta la presidencia de la república. Una vez ahí, más bien parece que su liberalismo político se transformó en económico.

En cuanto el país se pudo pacificar, llegó el momento del florecimiento económico, con lo que las ideas económicas liberales se convirtieron en la bandera del gobierno porfirista, de modo que la cultura empresarial se alzó como una vía para hacer progresar al país. Pensemos que las grandes empresas mexicanas que ahora nos dan más confianza surgieron en esta época: los cerveceros y acereros de Monterrey, las grandes tiendas departamentales de la Ciudad de México, etc. Esta cultura liberal, que facilitaba el comercio y la generación de empleo, se transformó en una cultura empresarial, donde son premiados el esfuerzo, la calidad y la constancia. Tal cultura formó al México contemporáneo, mientras que Porfirio Díaz, luego de una presidencia larguísima y polémica, murió en París. Sin duda, Porfirio Díaz es un padre poco reconocido de la mexicanidad, pues forjó, junto con otros, la cultura empresarial y productiva del México contemporáneo.

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Topics: México, Independencia de México

Gabriel González Nares

Escrito por Gabriel González Nares

Es maestro en Filosofía Antigua por la Universidad Panamericana, México y licenciado en filosofía por la misma universidad. Ha sido profesor de filosofía en el Colegio Montreal y en el departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana. Ha asistido a congresos sobre filosofía medieval en Santiago de Chile, Nueva York, México y París. Se interesa por la Metafísica y la Dialéctica medievales, especialmente en la transición de la Antigüedad tardía a la Alta edad media latina.

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