Filosofía

Boecio, el venerable filósofo y martir

[fa icon="calendar"] 30/09/19 12:28 / por Gabriel González Nares

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Severino Boecio fue el último filósofo de la antigüedad y el primero de los medievales. Su vida es un ejemplo de virtud cristiana: fue un cónsul romano comprometido, unesposo fiel, un padre devoto y un creyente que supo vivir la fe en armonía con la razón de la filosofía. El Papa León XIII autorizó su culto como santo en Italia. Lamentablemente no es un cristiano muy conocido fuera del ámbito académico.

“¿Puede un hombre casado llegar a ser santo?” es una pregunta que muchos católicos se hacen. Parece que cuando buscan a los santos en los catálogos o en los muros de las iglesias las personas sólo encuentran hombres y mujeres con hábitos religiosos. Mayor es su decepción cuando en la Historia de la Iglesia encuentran pocos ejemplos de santos casados y padres de familia. Sin embargo hay un brillante ejemplo de vida conyugal, cristiana y académica, pues Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio tuvo virtudes notables sin haber profesado religiosamente.

El tiempo de Boecio es un remoto y poco conocido: el de la caída del Imperio romano y de los primeros reinos bárbaros germanos. Alrededor del siglo IV las tribus alemanas comenzaron a traspasar las fronteras del débil imperio romano. Con el tiempo lograron llegar al poder y fundaron sus propios reinos. No obstante las invasiones, la cultura romana no desapareció de golpe, sino que sobrevivió en algunos hombres estudiosos.

Uno de estos hombres fue Boecio, nacido en Roma alrededor del año 480. De familia noble, cristiana y acomodada, pudo dedicarse al estudio de la filosofía desde su juventud. Es así que entró en contacto con el mundo clásico: la Grecia inmortal de Sócrates, Platón, Aristóteles y muchos otros. Parece que tuvo la oportunidad de estudiar estas obras en un lugar de habla griega, ya fuera Atenas o Alejandría. Es por esto que Boecio se convirtió en uno de los primeros introductores de Aristóteles al mundo romano con la traducción de algunos de sus trabajos al latín.

El pensamiento de Boecio se fraguó en torno a la escuela neoplatónica, famosa en ese entonces. La lectura de las obras de Platón desde la lógica aristotélica le valió a Boecio tener las herramientas suficientes para hacer una teología que fuera analizable desde la razón y sin contradecir a la fe cristiana. Es por eso que en muchas de las obras de Boecio podemos encontrar una argumentación racional sobre un tema teológico como las naturalezas de Cristo o las relaciones de las Personas de la Trinidad.

Boecio quedó huérfano a temprana edad. Sin embargo un amigo de su familia, el noble Símaco, lo adoptó y costeó su educación. Pronto el padre adoptivo se convirtió en un participante de las discusiones teológicas, y eventualmente se convirtió en su suegro cuando su hija Rusticiana se casó con Boecio. Siguiendo la tradición de su familia, Boecio llegó a ser cónsul y primer ministro de Teodorico, rey de los ostrogodos.

Es así que el filósofo pudo unir su trabajo académico e intereses teológicos con la vida matrimonial. A su tiempo Boecio fue padre de dos hijos: Flavio Símaco y Flavio Boecio, los cuales siguieron sus pasos y se convirtieron en cónsules y cristianos virtuosos.

Por un conjura palaciega Boecio fue falsamente condenado por atentar contra el poder del rey. Durante su encarcelamiento escribió una de las obras fundamentales de la filosofía medieval: La consolación de la filosofía. En esta obra Boecio se describe a sí mismo consolado por la filosofía misma, que viene a acompañarlo a la cárcel en forma de mujer venerable. A lo largo de sus páginas se pueden encontrar argumentos que defienden la Providencia, la justicia y la bondad de Dios aún en los momentos más oscuros. Brevemente digamos que Boecio entiende la Providencia como el gobierno que Dios tiene del mundo, por el cual todas las cosas llegan a su finalidad y a su optimación. A veces, dice Boecio desde la cárcel, parece que la Providencia de Dios nos abandona. Pero el hecho de que el mundo y los individuos tengan reglas propias y libertad, respectivamente, no significa que Dios carezca de un gobierno supremo sobre ellas. Pues si Dios es lo único necesario, perfecto, originador y creador, distinto del mundo, entonces Dios, por superioridad guarda sobre el mundo una guía y lo lleva a su optimación, respetando las leyes naturales y la libertad individual.

Luego de su encarcelamiento, Boecio fue hallado culpable aún con la presentación de sus testimonios. Por tanto fue condenado injustamente a morir luego de una atroz tortura.

El culto de Boecio como santo fue aprobado por León XIII en 1883 dentro de la diócesis de Pavía, ciudad donde Boecio vivió en Italia y en una iglesia en Roma. El nombre de Boecio está en el martirologio romano y su fiesta se celebra el 23 de octubre. No ha tenido una canonización formal, sin embargo se le considera un autor comparable a los Padres de la Iglesia por sus enseñanzas teológicas y doctrinales.

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Topics: Física y metafísica, Felicidad, Inteligencia, Humanismo, Boecio

Gabriel González Nares

Escrito por Gabriel González Nares

Es maestro en Filosofía Antigua por la Universidad Panamericana, México y licenciado en Filosofía por la misma universidad. Ha sido profesor de filosofía en el Colegio Montreal y en el departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana. Ha asistido a congresos sobre filosofía medieval en Santiago de Chile, Nueva York, México y París. Se interesa por la Metafísica y la Dialéctica medievales, especialmente en la transición de la Antigüedad tardía a la Alta edad media latina.

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