Filosofía

Control de la natalidad

[fa icon="calendar"] 20/09/16 16:53 / por Bernardo Sainz Martínez

Biopolítica y control de la natalidad Cátedra Carlos LlanoParecería burdo, en principio, preguntarnos el porqué de las políticas reproductivas, de la intromisión del Estado en el control de la natalidad o de la promoción gubernamental a métodos anticonceptivos. Es evidente, podemos argumentar, que el gobierno como autoridad y representación popular tiene el derecho de controlar, cuantificar y, de alguna manera, administrar el crecimiento poblacional para el buen desarrollo demográfico y económico, aunque esto suponga una intromisión en la vida del individuo. La “vida” debe ser entendida aquí en el sentido más primario del término: no me refiero a la historia o a las relaciones sociales de una persona, sino, valga la redundancia, a su “vida biológica”. A pesar de que este argumento podría satisfacer a muchos, Michel Foucault, en el primer volumen de su Historia de la Sexualidad, se adentra en el problema de la relación de la política con la vida y la muerte.

Biopolítica antes, biopolítica después

Los problemas que surgen de lo que a continuación llamaré “biopolítica” no son cosa del pasado: no se reducen a la eugenesia nazi o al racismo, son una realidad en nuestro entorno más cercano. El estudio “Abuso y negación de derechos sexuales y reproductivos a mujeres con discapacidad psicosocial en México” reveló que el 40% de las personas entrevistadas en hospitales psiquiátricos de la Ciudad de México habían sido esterilizadas sin su consentimiento. La esterilización forzada de personas discapacitadas o de indígenas en la realidad mexicana es solamente uno de los muchos casos en los que se muestra la estrecha relación que la política tiene con la vida y la reproducción.

En los regímenes anteriores a la modernidad, el soberano tenía un poder sobre la muerte: era capaz de decidir matar al adversario y pedir la vida del siervo. Así, la relación del soberano con la vida era manifiesta en la pena de muerte como castigo y en el derecho a declarar la guerra y disponer de la vida de sus súbditos. La vida y la muerte no eran consideradas derechos absolutos, pues se condicionaban a la defensa del soberano. Foucault resume este derecho del soberano como el derecho de “hacer morir o dejar vivir”.

Sin embargo, Foucault argumenta que somos capaces de ver un cambio radical de la relación del antiguo gobernante con la muerte a la relación de la política  contemporánea con la vida. En otras palabras: los mecanismos de poder actuales se dirigen no a la muerte, sino a la vida, afectan de manera directa al cuerpo y, específicamente, a la sexualidad. Pasamos, según Foucault, de una “simbólica de la sangre” a una “analítica de la sexualidad”, en la que la soberanía  se encarga de administrar normativamente la sexualidad. Lejos del soberano de la antigüedad capaz de quitar la vida, la biopolítica moderna busca asegurarla, mantenerla, desarrollarla, pero, sobre todo, administrarla.

Tecnología y bioética

Este tema se relaciona necesariamente con el desarrollo de la tecnología y el nacimiento de la bioética. Nos encontramos en una era en la que es inevitable tomar decisiones sobre los límites tecnológicos, legales y políticos de la vida. Uno de estos casos que es punto de encuentro de los ámbitos antes mencionados, y sobre el cual queda mucho por hacer, es el control forzado de la natalidad. Este problema es paradigmático, pues implica coerción directa del Estado sobre el cuerpo, la libertad y los derechos reproductivos del individuo. El control forzado de la natalidad nos muestra de manera palpable que el “biopoder” es una realidad peligrosa, que el poder político ha adquirido la capacidad, en palabras de Foucault, de “invadir la vida enteramente”.

El problema de la anticoncepción forzada responde a muchos otros problemas biopolíticos o de administración de la vida. El Estado moderno pretende administrar nacimientos y mortalidad, niveles de salud, dirección de la vida y crear una biopolítica de la población. En la actualidad, lo biológico refleja lo político. Lo que para Aristóteles era un animal viviente capaz de política, ahora es visto como un animal “en cuya política está puesta en entredicho la vida de ser viviente”.

No pretendo generar paranoia en cuanto a la intromisión del Estado en nuestras vidas: es un hecho que no es necesariamente malo. Sin embargo, el análisis de Foucault nos permite abrir los ojos mediante el concepto de biopolítica a los límites y consecuencias que debería de tener esta intrusión a la vida privada de los individuos. Hay que tomar en cuenta, por ejemplo, que el mismo “derecho a la vida” que pedimos que defiendan nuestros legisladores ya es un concepto biopolítico que hubiera sido incomprensible, cree Foucault, para el sistema jurídico y legislativo clásico.

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Topics: Familia, Biopolítica, Control de la natalidad

Bernardo Sainz Martínez

Escrito por Bernardo Sainz Martínez

Asistente Académico del área de Entorno Político y Social del Instituto de Alta Dirección de Empresa, IPADE. -Licenciado en Filosofía (Universidad Panamericana). -Miembro de la Red Latinoamericana para la Función Pública de la Fundación Botín. -Especialidad en Estudios Políticos, Sociales y Económicos por el Phoenix Institute. -Miembro fundador de NOUS: formación filosófica, ética y cultural para jóvenes.

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