Filosofía

¿Existe la filosofía mexicana?

[fa icon="calendar"] 25/10/16 13:15 / por Diego Espinoza Bustamante

 

Dr._Llano_en_UP.jpgLa dirección de contenidos de estos blogs me ha pedido que para este noviembre el hilo conductor de la entrada “Filosofía” gire alrededor de la temática “Carlos Llano y la filosofía mexicana”. Cuando leí el correo del “Editor en Jefe”, el encargo me pareció sencillo. Al paso de los días y que mi procrastinación hacía de las suyas, caí en la cuenta de que trazar las relaciones entre Carlos Llano y la “filosofía mexicana” es una labor engorrosa, no sólo por el escaso –nulo, tal vez– diálogo filosófico estable que Llano mantuvo con otros filósofos mexicanos, sino por el aura de complejidad que rodea al término mismo de “filosofía mexicana”. En este estado de cosas, dejaré de lado cualquier tipo de contraste, comparación o relación, entre la obra filosófica de Llano y la así llamada “filosofía mexicana”, para explorar muy superficialmente las causas que nos meten al atolladero del uso del término “filosofía mexicana”.

¿Filosofía mexicana o filosofía en México?

Algunos autores sostienen que los términos “filosofía mexicana” y “filosofía en México” no son equivalentes entre sí. De hecho, la voluntad general se inclina por usar el término “filosofía en México”. Unos sostienen que hablar de “filosofía mexicana” es un despropósito, pues no hay algo así como una “tradición filosófica mexicana” que se distinga por la originalidad de sus discusiones y propuestas. Otros, por su cuenta, creen que el término “filosofía mexicana” no está vacío de contenido, pues creen detectar algunos parentescos de familia en algunas temáticas tratadas por filósofos mexicanos y algunos conceptos originales derivados de las mismas. Esta segunda corriente de pensamiento, entonces, abre la puerta de enfrente al término “filosofía mexicana” porque cree encontrar una verdadera tradición de filósofos mexicanos. Por último están los que creen que todavía no se puede hablar correctamente de “filosofía mexicana”, pero que, con todo, un trabajo arduo por parte de los filósofos mexicanos hará en un futuro de la “filosofía mexicana” una marca registrada.

 

El caso de Latinoamérica

Hasta donde sé, este problema terminológico no echa raíz en México, sino que, más bien, es un problema que encuentra su ascendencia en Latinoamérica. Un lugar común de discusión de los filósofos latinoamericanos es sobre la naturaleza de la denominada “filosofía latinoamericana”: ¿hay algo así como “filosofía latinoamericana”? Si esta pregunta es afirmativa, entonces, ¿cuáles son sus notas distintivas? La respuesta a la primera pregunta está condicionada por la tradición “meta-filosófica” a la que uno pertenezca, a saber, universalismo, culturalismo, criticalismo y etnicismo. Los universalistas niegan que exista la filosofía latinoamericana. La actitud de los universalistas ante la posibilidad de una filosofía latinoamericana descansa en su asimilación de la filosofía con la ciencia: la filosofía, al igual que la ciencia, aborda problemas comunes a todos los seres humanos mediante una metodología igualmente común a todos los seres humanos, alcanzando conclusiones universalmente verdaderas. Según los universalistas, la aparente “filosofía latinoamericana” no alcanza a satisfacer estas condiciones porque sus discusiones se inscriben dentro de sus circunstancias culturales. Por tanto, no hay filosofía latinoamericana.

En sentido contrario a los universalistas, los culturalistas creen que sí es válido hablar de una filosofía latinoamericana en la medida en que se desarrollen opiniones generales y, al mismo tiempo, contextuales, echando mano de cualquier herramienta apropiada. El argumento de los culturalistas es que la filosofía no es un cuerpo de estudio científico, sino histórico, y que la verdad siempre es contextual y se alcanza mediante cualquier método avalado según las circunstancias culturales. Para un culturalista, la verdad de las conclusiones de la filosofía alcanza un grado de generalidad, abstraída de puntos de vista personales o circunstancias culturales concretas. 

 

El criticismo concibe la filosofía como un corolario de las condiciones sociales.

Si entiendo bien, el criticismo tiene una concepción “flexible”, pero elitista, de la filosofía, distinguiendo entre “auténtica” e “inauténtica” filosofía. En este orden de ideas, unas condiciones sociales son propicias para el desarrollo de una “auténtica filosofía”, mientras que otras sólo alcanzan a producir “filosofía inauténtica”, que no es más que una imitación de la filosofía que se hace en el primer mundo. Según el criticismo, las condiciones sociales de Latinoamérica no conducen a la realización de una “auténtica filosofía”. Por tanto, hasta que las sociedades latinoamericanas no cambien su modus vivendi et operandi, no se podrá decir que hay filosofía latinoamericana en sentido estricto.


Finalmente, el etnicismo sostiene que la filosofía latinoamericana es, sin más, el tipo de filosofía elaborada por latinoamericanos. Dicho prontamente, el etnicismo utiliza el término “latinoamericano(s)” para conservar la unidad de la filosofía latinoamericana, a propósito de detectar una especie de tradición filosófica latinoamericana dentro de un contexto cultural totalmente plural. La clave del etnicismo es derivar la unidad de la filosofía latinoamericana de un grupo étnico específico (los latinoamericanos), alegando, a su vez, que sus variopintas manifestaciones dependen del lugar y del tiempo en el que se trató tal o cual problema con tal o cual metodología.

 

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Topics: Carlos Llano, Filosofía, Filosofía mexicana

Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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