Filosofía

Ilusión y alucinación

[fa icon="calendar"] 15/11/16 11:37 / por Diego Espinoza Bustamante


Cátedra Carlos Llano UP-IPADELa aparente indistinguibilidad subjetiva entre las percepciones verídicas y las ilusiones/alucinaciones ocasiona que surjan argumentos contra la tesis según la cual la experiencia perceptual involucra el contacto directo con objetos ordinarios independientes de la mente, postura que ha sido conocida tradicionalmente como “realismo directo” (D. Sosa 2011: 294). Los argumentos en contra de esta tesis del realismo directo han generado teorías de la percepción que ofrecen sucedáneos a los objetos ordinarios independientes de la mente a la hora de hablar sobre el objeto propio del conocimiento perceptual. Así, la historia de la filosofía está repleta de teorías de la percepción que propugnan que la experiencia perceptual nos relaciona directamente con nuestras propias experiencias internas, las cuales se caracterizan por ponernos en contacto con una entidad distinta a objetos físicos o materiales, a saber, los datos sensoriales (sense data). En este contexto, a la pregunta sobre cuál es el objeto propio de la percepción, una de las respuestas más comunes ha sido los datos sensoriales (J. Searle 2004: 180).


Crane y C. French (2016) señalan que hay dos concepciones ordinarias sobre la experiencia perceptual: apertura (openness) y conciencia (awareness). La apertura es aquella concepción que propugna que la percepción tiene que ver con la presentación (como) de objetos ordinarios independientes de la mente para un agente que percibe, de manera que el contenido fenoménico de la experiencia perceptual es inmediatamente sensible a las cualidades del objeto percibido. Por otro lado, la conciencia es aquella concepción que expone que la percepción nos da en algunas ocasiones conciencia perceptual de objetos ordinarios independientes de la mente.

La distinción fundamental entre apertura y conciencia es que la primera es aplicable tanto para casos de percepción verídica como para casos de percepciones no verídicas; de ahí que la definición de apertura posea la sutiliza de “(como) de objetos ordinarios independientes de la mente”, pues en casos de alucinación, por ejemplo, no estamos perceptualmente abiertos a algún objeto ordinario independiente de la mente (Crane and French 2016). En cambio, que en ocasiones tengamos conciencia perceptual de objetos ordinarios independientes de la mente y sus propiedades se limita a los casos de percepción verídica, porque en otros casos no somos conscientes de objetos ordinarios independientes de la mente. Esta manera de entender la conciencia perceptual es una de las tesis centrales del realismo directo, la cual entra en problemas cuando tropieza con los argumentos de ilusión (argument from illusion), de alucinación (argument from hallucination) y de relatividad perceptual (argument from perceptual relativity). En esta primera entrega me concentraré en exponer cada uno de estos argumentos.

 Argumento de ilusión

El argumento de ilusión comienza considerando que en los casos de ilusión un objeto aparece como portador de una propiedad P que de hecho no tiene. Si parece que el objeto posee P, entonces hay un objeto del cual somos conscientes que sí tiene P. Si del objeto que estamos percibiendo de manera consciente no tiene P, entonces en ese caso específico no somos inmediatamente conscientes de un objeto ordinario. Ahora, la percepción verídica y la ilusión tienen la misma explicación porque no hay una diferencia cualitativa entre percibir verídicamente y tener una ilusión. Por tanto, en casos de percepción verídica, uno no es inmediatamente consciente de un objeto ordinario. En este orden de ideas, si uno es perceptualmente consciente de cualquier objeto ordinario, entonces el agente que percibe tiene una percepción verídica o se encuentra en un caso de ilusión. Por tanto, uno nunca está perceptualmente consciente de objetos ordinarios (Crane and French 2016; Sosa 2011: 295).

Argumento de alucinación

El argumento de alucinación expone que en casos de alucinación uno no es consciente de un objeto ordinario. Pero, como los casos de percepción verídica y alucinación pertenecen al mismo tipo mental, entonces la percepción verídica y la alucinación deben tener la misma explicación. Por tanto, uno no es perceptualmente consciente de objetos ordinarios ni en la percepción verídica ni en la alucinación (Crane and French 2016).

Argumento de relatividad perceptual

El argumento de relatividad perceptual se rastrea desde la filosofía helenística[1]. Consideremos un ejemplo para entender mejor este argumento. A cierta distancia percibimos una mesa de superficie rectangular como si tuviera una figura en forma de trapezoide. Sin embargo, a la hora de tomar una distancia más cercana percibimos que la mesa tiene una figura totalmente distinta y distinguible de la que percibimos anteriormente. Si se alega que de hecho se percibió visualmente la figura de trapezoide y en nuestro campo visual no aparece un objeto ordinario que tenga esa figura, entonces el objeto percibido visualmente tuvo que ser un objeto distinto a los objetos materiales ordinarios (L. BonJour 2010: 103).

 

[1] Véase: Ierodiakonou 2011: 65-6.



 Datos sensoriales

El sucedáneo que ofrecen los promotores de este género de argumentos son los datos sensoriales. Tanto en el argumento de ilusión como en el de relatividad perceptual el postulado de los datos sensoriales aparece como un resultado de la aplicación de la Ley de Leibniz: objetos que tienen propiedades distintas e incompatibles no pueden ser idénticos. En cambio, el postulado de los datos sensoriales en los casos de alucinación resulta de una concepción relacional de la experiencia perceptual con algo ajeno al agente y del principio de que toda relación implica la existencia de las cosas que se relacionan (BonJour 2010: 101-3; Crane and French 2016).     


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Topics: Metafísica, Epistemología, ilusión

Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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