Filosofía

La solución de Llano sobre la simultaneidad de los fines

[fa icon="calendar"] 14/03/17 9:00 / por Virginia Aspe Armella

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Llano arranca su filosofía empresarial de un punto previo al de estos dos autores (Sen y Nussbaum). Considera que, antes de la función, e incluso antes de la libertad de funcionar y obtener bienestar, está la naturaleza intrínseca de la persona. Para Llano, las actividades son por las capacidades, porque el ser humano realiza los actos que es capaz de ejecutar según la potencia activa que emana de su acto primero. Pero es, precisamente, el acto primero que constituye al hombre, el que garantiza el fin para el que se realizan las actividades.

Es así que Llano trasciende los aportes de Sen y Nussbaum, que ciertamente dieron un paso más frente al utilitarismo de Rawls, al proponer un enfoque de actividades y capacidades más allá del bienestar, pero que quedaron atrapados en el nivel de las actividades.

Relación entre moralidad y empresa

Para Llano, la relación entre la moralidad y empresa se justifica porque la empresa es una comunidad de personas. Es la persona la que es sujeto de moralidad y las actividades no pueden separarse de ella. Cuando se analiza el fenómeno empresarial sin considerar al sujeto que realiza la actividad se cae en teorías injustificadas, como el denominado liberalismo de la neutralidad que propuso John Rawls. En consecuencia, Llano considera que es necesario unir la ética y la empresa desde las personas; para él “pueden darse, y se dan, dilemas éticos en la empresa, pero la ética y los negocios no constituyen en sí un dilema”[i]. Desde la década de los sesenta Llano centró sus investigaciones empresariales en la antropología filosófica desarrollada por Aristóteles. Considera que el ser humano se desarrolla en una línea referencial, en relación con otras personas, y que no cabe ninguna cualidad humana, ninguna virtud, que no repercuta socialmente de manera beneficiosa. “La ética individual tiene su expresión y su explicitación naturales en la sociedad a la que el individuo pertenece; la ética que se vive en una sociedad guarda siempre referencia a una ética individual implícita y muchas veces inadvertida”[ii]. Por ello el primer paso para que la empresa pueda implicar en sus actividades un comportamiento ético exige una idea clara y verdadera de lo que es el hombre.

De acuerdo con Llano, la barrera entre la moral individual y la moral social  debe suprimirse pues es uno mismo el ser humano que se perfecciona cuya acción reditúa virtuosamente en la comunidad. Tanto el comunismo como el liberalismo cayeron en el error de separar estas dimensiones intrínsecas de lo humano; ello, aunado a la separación entre el sujeto y las actividades, dio la falacia disyuntiva del siglo XX: o se sirve o se gana en la empresa mercantil.

En su opinión, el trabajo es el componente principal de toda empresa: “la empresa es la concurrencia de trabajo directivo, trabajo operativo y trabajo ahorrado”[iii]. Considera que el trabajo es una actividad dinámica del ser humano que surge del hombre y regresa al mismo disponiéndolo. Pero aunque el trabajo es una actividad, las actividades no pueden separarse de las personas que las realizan.

Es aquí donde surge el tema “duro” de nuestro escrito. Llano parte de dos axiomas que lo distinguen del análisis sobre capacidades y funciones que han realizado otros teóricos.

Por un lado, ha sostenido que la persona es lo primero; en consecuencia, antes que nada, la empresa debe definirse como una comunidad de personas.

Actividades empresariales según Carlos Llano

Por otro lado, considera que las actividades humanas no pueden considerarse separadas de las personas que las realizan; en consecuencia, el principio y fin del trabajo empresarial y de la empresa están en la persona. Si esto es así, para Llano, las actividades empresariales son actividades personalizadas que, además, tienen una finalidad intrínseca al que las realiza. A la hora de buscar el fin de una empresa, ante el dilema de optar por la concentración del capital o el servicio Llano, sin embargo, postula simultaneidad de fines: ganar sirviendo. Es indudable que siguiendo los principios antropológicos que había sentado, la respuesta a primera vista sería simplemente “el servicio” pues había dicho que toda actividad humana recaen en aquel que la ejecuta y, al servir el sujeto, se dispone, mientras que concentrar capital es acrecentar algo fuera, distinto del operador.

La delimitación la explicó Aristóteles cuando estableció la diferencia entre actividades inmanentes y actividades transitivas”[iv]. En las primeras el fin es interior al sujeto, si la actividad es recta, deviene en virtud, si es distorsionada, hace al sujeto vicioso. En cambio, en las actividades transitivas algo resulta externo al sujeto. Pero al poner dos fines en la empresa: la ganancia y el servicio, Llano introduce cierta interioridad por la ganancia pues ha dicho que lo que surge del hombre vuelve a él. En este punto quiero centrar ahora la atención.

Tradicionalmente se considera que el capital, la ganancia o el dinero son cosas objetivas distintas de la subjetividad. El capital puede cuantificarse, medirse, repartirse y perderse, porque es algo distinto de la persona. Pero si Llano lo considera un fin del trabajo empresarial le está dando un estatuto esencial e intrínseco a lo humano. En Llano, la diferencia aristotélica entre praxis –actividad transitiva- parece reordenarse antropológicamente, pues considera al resultado de la producción como “cierto fin humano”. Su consideración del capital es paradójicamente personalizada[v]. Para él, el problema de los vicios de la empresa radica en la separación entre persona y capital. Lejos de caer en una exhortación a la desposesión, Llano defiende el capital al grado de sostener que “el dinero puede servir para ampliar el radio de alcance de la virtud”[vi].

Es verdad que en la simultaneidad de fines el valor moral más alto lo pone en el servicio; pero incluye a la ganancia, no sólo porque ésta es esencial a la empresa mercantil –hemos dicho que si no hay capital no puede haber empresa- sino porque es una aspiración legítimamente humana. Con ello, Llano otorga una validez inmanente al tema de la ganancia por el trabajo.

Este punto implica que toda actividad humana, por más material y corpórea que sea en su género, deja de ser mera poiesis o transitividad. Implica también una defensa de “cierta transitividad en el trabajo humano” pues es legítimo que sea remunerado y, conviene que lo sea, porque manifiesta objetivamente, cierta medida y cuantificación de algo que, de suyo, no puede ser valorado objetivamente, el trabajo personal.

La teoría empresarial

En conclusión, desde la antropología filosófica de la teoría empresarial de Carlos Llano, el trabajo vale por la dignidad del que lo realiza, vale por la rectitud de la actividad ejecutada, y ha de tener, a su vez, una objetivación económica si se desea y ha sido recordada.

La defensa de la concentración del capital por el trabajo en Llano se debe a la rectitud de la actividad y ello legitima la simultaneidad de los fines en la empresa y en las relaciones mercantiles. Rectamente logrado, Llano considera que el capital beneficia la vida del hombre y de su civitas.

En conclusión, Llano considera que no hay tal dilema entre el fin institucional de la empresa: servir, y el fin personal del que trabaja: ganar. Ambos fines son esenciales si las actividades se realizan con rectitud. El resultado es una vida buena, o como él gusta denominarla, una vida lograda. Al reubicar el problema, ya no a la luz de las actividades y de las capacidades de Sen y Naussbaum, sino  desde su principio primero: la persona y el trabajo que la perfecciona, Llano hace una apología del capital liberal a la vez que le otorga un límite: el florecimiento humano.

Texto extraído de la participación de la Dra. Aspe en el libro “Metafísica, acción y voluntad, ensayos en homenaje a Carlos Llano”. Editorial Cruz, año 2005

 

[i] LLANO: Dilemas éticos…, p. 10.

[ii] LLANO: Dilemas éticos…, p. 20.

[iii] LLANO: Dilemas éticos…, p. 42.

[iv] Met, IX-6, 1048b 18-36. Cfr. LLANO: “Ética en los negocios ¿para qué?”, Istmo, Abril (2003).

[v] Cfr. LLANO: Dilemas éticos…., pp. 46-51

[vi] LLANO: Dilemas éticos…., pp. 49.

Topics: Capacidad de decisión en la empresa, Carlos Llano, Dilemas empresariales

Virginia Aspe Armella

Escrito por Virginia Aspe Armella

Tiene la cátedra de filosofía en México en la Universidad Panamericana Profesora e investigadora de tiempo completo en esta Universidad Es también profesora en posgrados en la facultad de filosofía y letras de la UNAM Miembro del sistema nacional de investigadores nivel 2 de CONACYT del cual ha sido directora en diversos proyectos de ciencia básica SEP Miembro de la Asociación filosófica de México Ha publicado Obra en editoriales de La talla de FCE, CONACULTA, CNDH, Porrua, EUNSA, España y en revistas internacionales. Contacto: vaspe@up.edu.mx

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