Filosofía

No le pidas peras al olmo

[fa icon="calendar"] 19/06/18 11:27 / por Roberto Alfonso Rivadeneyra

 

Cátedra Carlos Llano UP-IPADE

Dear mother, dear father

What is this hell you have put me through

Believer, deceiver.

Dyers Eve, Metallica

 La sociedad está polarizada: por un lado, quienes claman por el voto útil; por el otro, los que sienten la victoria en sus manos. Unos sienten miedo y los otros, esperanza. Dos emociones innatas y necesarias, pero que polarizadas pueden llevar a cualquier ser humano a la ruina de sí mismo. Así está el ánimo de la mayoría y son pocos los que no viven en su interior alguna de estas dos emociones o que no clamen el voto a favor o contra de AMLO. ¿Por qué? Creo que no existe una respuesta única, sino múltiple y llena de subjetividades.

A lo largo de este proceso electoral he procurado mantener un estado de objetividad en ciertos puntos de la contienda. Primero busqué establecer cierta disciplina sobre mi comportamiento en redes sociales y tenía como máxima no compartir noticias cuya veracidad no hubiera corroborado. Aun así, hubo algunas que se me escaparon. Surgió Verificado 2018 y ayudó mucho a desenmascarar las #fakenews que tanto padecemos. Amigos y conocidos quedaban absortos ante mi postura de hacer señalamientos contra el candidato que apoyo y denunciar las #fakenews que no iban contra él sino contra los otros candidatos. Ganar haciendo trampa no es ganar.

Veo a muchos de los del grupo anti-AMLO subiendo videos, fotografías, memes y demás mercadotecnia sucia buscando generar miedo ante la posible victoria de López Obrador y llaman chairo, tonto, estúpido, pendejo, descerebrado a quien lo apoye. La otra facción, la que apoya al candidato puntero en las encuestas, comparte el mismo tipo de videos, fotografías, memes y propaganda, pero a favor de AMLO y en contra, principalmente, de Anaya. Muerden los anzuelos de las provocaciones y responden con la misma furia con la que son atacados. La verborrea de odio y resentimiento cancela el diálogo y sin diálogo no puede construirse la verdad.

El equilibrio que he pretendido en esta campaña no es sencillo. En mis redes sociales invito al diálogo, al debate, a la argumentación sin falacias, a la construcción del conocimiento. A pesar de ello más de una vez he sido insultado. Ni modo, así son las cosas; no puedo ofenderme por la opinión visceral de alguien más. Noto mucha desesperación por parte de todos y aducen «razones» para justificar su filia o su fobia, su insulto. Leo cosas así: «¿Cómo es posible que vayas a votar por AMLO si se está rodeando de todos los delincuentes de este país?», «¿Cómo es posible que no apoyes a AMLO si este país ya está en crisis por culpa del PRI y del PAN?» Unos y otros arrojan datos duros, estadísticas (algunas bastante manipuladas para hacer ver lo que a cada uno le conviene), gráficas, porcentajes y demás parafernalia política. La realidad es que estamos viviendo un ejercicio democrático perfecto.

La democracia nació en Grecia y allí mismo tuvo a su mayor crítico: Platón sencillamente necesitaba explicarse cómo es que Sócrates, su maestro, considerado el hombre más justo de Atenas, pudo ser condenado a muerte por la democracia ateniense. Hay un sinsentido en esto. Si la democracia ateniense condenó a muerte al hombre más justo de Atenas, entonces la democracia ateniense no es justa. Si Sócrates fue o no el hombre más justo de Atenas es debatible; lo que no es debatible es que él prefería sufrir una injusticia antes que cometerla, que todas sus acciones pasaban por un examen racional, que pensó que el mal era producto de la ignorancia que consistía en creer que uno sabe lo que no sabe. Además de la mayéutica como metodología para dar a luz ideas nuevas.

Imaginemos que Sócrates es esa persona que usted admira porque siempre lo deja pensando, lo obliga a replantearse sus creencias, a profundizar en su propio pensamiento, a confrontarse consigo mismo; justo esa persona que siempre está buscando hacer de usted una mejor persona a través de preguntas que nos irritan hasta el derrame de bilis, pero necesarias. Y que esa persona termina siendo condenada a muerte precisamente por haber hecho lo que usted admira de ella. Ah, y, además, tal persona es congruente, es decir, predica con el ejemplo (Sócrates decide no escapar de la cárcel cuando podía hacerlo). Naturalmente vería allí una contradicción entre el sistema que lo condena y lo que el sistema promete para sus ciudadanos.

Así fue como Platón llegó a la conclusión de que la democracia es un sistema político que está a un paso de la tiranía: en la democracia predomina la opinión sobre el conocimiento, la doxa sobre la episteme. Es más importante, en este sistema político, la acumulación de simpatías que la razón por la cual se acumulan dichas simpatías. Además muchas de las personas que buscan ocupar un puesto como la presidencia de un país suelen tener rasgos narcisistas. Con esto quiero decir que aquéllos en busca de un puesto de elección popular deben, entre otras cosas, seducirte antes que hacerte reflexionar. Es más importante «saberse vender bien» que persuadir con razones. La democracia está construida sobre ese valor, el de la elección popular, no sobre el valor de la verdad.

Hoy en México, como en Inglaterra, Colombia y Estados Unidos, la democracia está dando precisamente los frutos que puede dar. Está cumpliendo perfectamente con su objetivo. No hay nada de raro en que estén llegando los populistas y no los mejores. La opinión en la democracia es mucho más importante que la verdad, al grado de poner en duda a la verdad misma, como actualmente sucede con la tendencia relativista, tanto epistémica como moral. Cuando se afirma que toda opinión es igualmente válida acaba de anularse el valor de cualquier opinión, incluyendo la propia. Si toda opinión es válida, ninguna opinión es relevante. Si ninguna opinión es relevante lo único que conduce nuestra vida y la de la comunidad es el azar y el capricho de nuestras emociones. Sin razón, sin guía, sin dirección, sin verdad y bien, nos quedamos sin límites que guíen nuestro actuar diario y una persona sin límites se convierte en una persona insegura, que puede polarizarse hacia la cobardía o la temeridad, normalmente manifestada mediante la violencia.

México es un país que ha crecido sin límites. Vivimos con miedo o con violencia. Si yo no sé ponerme límites, no sé ponerle límites al otro. El político es resultado de esto; él inicia, como todos, siendo un ciudadano común y corriente que, al llegar al poder, amplifica su incapacidad para hacer un uso adecuado de su razón: servirse de ella para crear guías que normen su actuar.

El mismo estado anímico parece tener un mismo cauce: la imposición de mi verdad y mi bien sobre el de los demás. La tiranía está vendida; hace falta el tirano. En una democracia, el tirano no llega por sí solo, sino gracias al voto popular. El verdadero tirano no es quien ocupa el puesto sino quien permite que llegue allí. México lleva más de 50 años de tiranía disfrazada de democracia y las próximas elecciones son un escalón más hacia la construcción del rasgo humano que ha permitido semejante pantomima. La polarización que ha provocado AMLO es una muestra más. Las filias y fobias despertadas por él sólo confirman que los mexicanos seguimos a la espera de que alguien nos salve o nos condene. Somos ese adolescente que exige independencia al mismo tiempo que le teme. Queremos irnos de la casa pero que nuestros papás paguen nuestros gastos.

Hemos sembrado un sistema político lleno de falacias y estamos cosechando los resultados. La democracia por sí sola no generará ningún cambio. La desesperación de que ningún razonamiento válido logre persuadir a nadie, ni mueva un ápice la intención del voto, es porque dicha intención, salvo en casos aislados, está movida por el entusiasmo o el miedo. ¿El voto útil al que ahora todos claman es racional? Claro que no. El voto útil es un acto visceral, igual que el voto por cualquiera de los candidatos. Tan visceral como el reproche por el voto a favor de AMLO y como el voto de muchos apoyándolo. Pero ¿qué esperaban de un sistema que valida tanto la opinión? ¿Será realmente posible el voto razonado o es una mera contradicción para calmar nuestra ansiedad?

Esto cambiará el día que las personas tengamos la capacidad para autogobernarnos (Bakunin está en el aire), pues ese día nos daremos cuenta de la superfluidad de un gobierno para decirnos lo que está bien y lo que está mal, cómo debemos gastar nuestro dinero y cómo debemos ahorrar, cómo debemos cuidarnos y qué tipo de educación tener. Lo que hoy tengo claro es que si AMLO queda electo presidente sucederá o una guerra civil y tendremos un país aún más violento del que actualmente tenemos o un ejercicio hacia el autogobierno en donde el bien común es el único objetivo. La moneda está en el aire; el cambio inicia en nosotros.

Agradezco la generosidad de Julio Hubard por los comentarios y correcciones que realizó a este artículo.

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Topics: Civismo, Equidad, Política, Democracia

Roberto Alfonso Rivadeneyra

Escrito por Roberto Alfonso Rivadeneyra

Maestro en Filosofía por la UNAM. Doctorando en Historia del pensamiento por la UP. Profesor investigador del Departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana. Profesor del ICAMI y del CPH.

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