Filosofía

Teorías de la verdad en la antigüedad

[fa icon="calendar"] 22/08/17 6:00 / por Diego Espinoza Bustamante

verdad_antiguedad.jpgQuizá, la teoría de la verdad más antigua se puede rastrear desde Protágoras. En el Teeteto, Platón nos cuenta que Protágoras había escrito una obra titulada La Verdad, donde legó a toda la historia de la filosofía la célebre Doctrina de la Medida. 

La Doctrina de la Medida suscribe la tesis de que el hombre es la medida de todas las cosas. En el contexto del Teeteto, Sócrates ve en la Doctrina de la Medida un relativismo radical, y embiste sin titubeos a Teodoro, uno de los seguidores de Protágoras. La moraleja de la embestidura socrática es que Teodoro se dé cuenta de que el relativismo propugnado por Protágoras conduce a la autofagia, es decir, es inconsistente consigo mismo.

Al margen de anécdotas y moralejas, Aristóteles también cuenta con una teoría de la verdad, la cual se encuentra regada por partes en su corpus. Tanto en el De Interpretationecomo en la Metafísica, Aristóteles sostiene que la verdad se encuentra en la composición y en la división. Con todo, el Estagirita también señala que componer y dividir es tarea exclusiva del alma humana. Lo que a continuación se ofrece es una breve reconstrucción de la teoría de la verdad de Aristóteles para sostener que Aristóteles, lejos de ser un deflacionista, es un correspondentista.

Aristóteles: ¿deflacionista o correspondentista?

Al inicio del De Interpretatione, Aristóteles ofrece una primitiva teoría del significado, donde una expresión lingüística significa principalmente las afecciones del alma y secundariamente los objetos en el mundo. Según esa exposición, hay una relación directa o naturalentre las afecciones del alma y los objetos del mundo, relación que sirve de medio para que las expresiones lingüísticas signifiquen efectivamente a los objetos extra-mentales.

Líneas adelante, Aristóteles expone que las expresiones lingüísticas simples, a saber, los nombres (v.gr.: perro) y los verbos (v.gr.: correr), no son verdaderos o falsos, pues carecen de la cópula (verbo “ser”) que los una en una proposición, que no es otra cosa que una expresión lingüística compleja. Es en Metafísica Ε donde Aristóteles señala que el ser se puede decir como verdadero y falso, es decir, para que un hablante exprese una proposición verdadera, éste debe combinar mediante el verbo ser en su expresión lo que verdaderamente está combinado o separar mediante la negación del verbo ser en su expresión lo que verdaderamente está separado; en cambio, el hablante que combine lo que está separado o separe lo que está combinado, hablará con falsedad.

Hasta este momento, la teoría aristotélica de la verdad guardaría gran semejanza con la teoría de la verdad de Tarski en la primera mitad del siglo XX y, si éste fuese el caso, Aristóteles sería un deflacionista en lo concerniente al tema de la verdad. Con todo, la teoría del significado expuesta a inicios del De Interpretatione nos obliga a ir más allá. En efecto: si una proposición es una especie de entidad lingüística y toda entidad lingüística significa gracias a las afecciones del alma, Aristóteles sería un tipo de correspondentista. El argumento es el siguiente: el alma humana es capaz de reflejar, copiar, imitar, de manera natural mediante esas afecciones del alma lo que hay en el mundo; hay una especie de adecuación o “correspondencia” naturalentre las afecciones del alma y el mobiliario del mundo. Ahora bien, cuando el alma humana tropieza con un objeto, ésta lo refleja en sí misma (en un pensamiento, diría Aristóteles) y lo expresa lingüísticamente, ya sea mediante expresiones lingüísticas simples o complejas. Empero, para que la expresión signifique de facto, ésta debe pasar por el crisol de la afección del alma, es decir, si no hay una afección del alma que sirva de principio para la expresión lingüística, esta última no tendrá significado. Ahora, cuando el alma humana descubre la composición de un hecho (v.gr.: la pared es blanca), ésta lo refleja en una afección del alma compuesta o, mejor aún, en un pensamiento compuesto, y lo expresa en un enunciado que combina lo que está combinado y, por tanto, asevera con verdad. En este estado de cosas, el valor de verdad de las proposiciones depende, en última instancia, en los hechos adecuadamente representados en las afecciones del alma.

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Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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