Filosofía

Características de la filosofía medieval

[fa icon="calendar"] 16/05/17 6:00 / por Diego Espinoza Bustamante

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La práctica filosófica en el mundo medieval latino comenzó en el último cuarto del siglo VIII en las cortes de Carlomagno, y después se trasladó hacia finales del siglo IX a los grandes monasterios. La hegemonía educativa del monasterio duró hasta finales del siglo XINo fue sino hasta la incorporación de maestros (ca. finales del siglo XII, principios del XIII) a lo que hoy se conoce como “universidades” que éstas tomaron control del sistema educativo del mundo medieval latino y, por tanto, de la práctica filosófica. 

Si bien es cierto que en la Edad Media muchas actividades eran catalogadas como “actividades filosóficas”, ninguna de ellas, quizá, podría corresponder a lo que hoy en día se entiende por “filosofía”. Las actividades medievales aparentemente filosóficas tenían su lugar en el plan de estudios de las universidades europeas, a saber, las siete artes liberales (especialmente la lógica), en las disputas teológicas y en el intento por sistematizar la teología.


Filosofía y teología

En el siglo VIII, el cristianismo de la iglesia latina contaba con un sinnúmero de posiciones teóricas para entender su conjunto de creencias, las cuales tenían que ser ordenadas dentro de un cuerpo doctrinal. Esas posiciones eran formuladas con el vocabulario filosófico proveniente del mundo antiguo y, como es de esperarse, producían controversias teológicas que, al mismo tiempo, generaban debates filosóficos. Los casos más paradigmáticos de esa clase de disputas teológicas fueron temas concernientes a la predestinación y la Eucaristía.

En el intento por sistematizar la teología, los teólogos de la época se dieron a la tarea de ingeniar métodos. Uno de los métodos más populares consistió en hacer exégesis bíblica y analizar los textos sobre derecho canónico, con ocasión de buscar normativas y pautas para zanjar cuestiones teológicas. El otro método fue ingeniado por Gilberto Porretano, quien incitaba al uso de los tratados lógicos de Aristóteles y su física para refutar posturas heréticas o, al menos, heterodoxas.

Filosofía y las artes liberales

Ya para el siglo XI el plan de estudios de las universidades se organizaba alrededor de las traducciones y comentarios de Boecio a las Categorías de Aristóteles y a la Isagoge de Porfirio, los libros de texto de lógica de Boecio, los cuales se enfocaban al estudio de los silogismos categóricos e hipotéticos, así como a las argumentaciones dialécticas. Estos estudios solían activar interrogantes que, sin duda, hoy en día sí serían etiquetadas como “filosóficas”; por ejemplo, un análisis detallado del silogismo hipotético permite explorar la relación entre la verdad en los condicionales y la validez en un argumento. Por otro lado, las Categorías y la Isagoge contienen densos problemas ontológicos que encarrilan a soluciones, tesis y tradiciones en ontología y filosofía de la mente.

Escritos filosóficos

Cuando los maestros explicaban un texto filosófico, éstos procedían sección por sección para explicar su respectivo significado. Todo este procedimiento tenía el nombre de lectio. En cambio, cuando la clase se ocupaba de una disputatio, una aporia o quaestio tenía que ser introducida para el debate. Bajo la supervisión del maestro, unos discípulos hacían las veces de oponente y respondiente, engranándose en discusiones y presentando cada uno argumentos en pro y en contra para resolver la cuestión. Al final de la práctica, la cuestión debía de solucionarse, ya fuese por alguno de los discípulos o por el maestro mismo, y se tenía que responder a los argumentos presentados al inicio de la disputatio que se habían quedado sin resolver. Ligado a la lectura de los textos se encontraban los comentarios. Las obras más comentadas en la época medieval fueron las obras de Aristóteles y las Sentencias de Pedro Lombardo. En cambio, los escritos filosóficos asemejados a la práctica de la disputatio fueron las quaestiones disputatae. Estas últimas van desde una investigación inspirada por algún texto de Aristóteles, hasta una summa, texto que consistía en una amplia visión general sobre temas diversos. Un tercer género de escrito filosófico de la época fueron los tractatus, los cuales analizaban un tema particular (por ejemplo, el De ente et essentia de Santo Tomás) o los libros de textos de una disciplina en específico (las Summulae logicales de Pedro Hispano, por ejemplo).

¿Teólogos o filósofos?

Los teólogos medievales se sumergían en las procelosas aguas de la filosofía; por ejemplo, Santo Tomás, siendo maestro de teología, comentó gran cantidad de las obras de Aristóteles. Más importante aún: el teólogo Santo Tomás en sus escritos sobre teología hacía espacio para encarar explícitamente problemas filosóficos. Esto, con todo, no hay que entenderlo como “puro amor al arte o a la filosofía” por parte de Santo Tomás, Duns Escoto o cualquier teólogo medieval; éstos se veían a sí mismos como “defensores” de la sacra doctrina y, por ende, entendían que su rol consistía en explicar sus creencias religiosas. Para ellos, empero, pensar acerca de asuntos religiosos o teológicos no podía deslindarse de su entendimiento sobre el resto del mundo. Por otro lado, si la clarificación de la sacra doctrina debía de aspirar a cierto estatus epistémico (a ser ἐπιστήμη o scientia), más les valía a los teólogos voltear hacía la filosofía para explorar su contenido y su tipo de argumentación. Desde un punto de vista más práctico, si la teología pretendía conservar su prestigio con las facultades de derecho y medicina, ésta debía de ser muy cautelosa con sus tipos de argumentos y cuidar que su contenido no fuese inconsistente con el conocimiento de otras áreas del saber humano no provenientes del dato revelado. En este estado de cosas, no es extraño que los teólogos medievales invirtieran tantas horas codo a la filosofía.

1Este trabajo es una adaptación de los trabajos de J. Marenbon (2014: 26-38), S. P. Marrone (2014: 50-62) y D. Luscombe (2014: 63-75) para los propósitos de esta entrada al blog.

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Topics: Filosofía

Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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