Filosofía

¿Cómo conservar la calma ante la adversidad? Parte 2

[fa icon="calendar"] 26/06/17 6:59 / por Gabriel González Nares

 

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Actuar en consecuencia de nuestras reflexiones

El segundo paso es resultado del primero. Todos somos hombres o mujeres de acción. No podemos ser sólo contemplativos o sólo activos. El que piensa sin actuar está paralizado. El que actúa sin pensar no sabe qué hacer. La acción y la reflexión están íntimamente ligadas. Una necesita de la otra para que tengan excelencia. Boecio sabe esto con claridad. Junto con él podemos decir que conviene actuar según la reflexión analítica que hicimos de nuestras circunstancias.

Actuar en consecuencia

Supongamos que ya hemos organizado ideas. Ya hemos ordenado nuestros pensamientos. También hemos identificado las causas de nuestros problemas, y hasta hemos pensado en algunas soluciones para ellos. Lo que falta hacer es actuar en consecuencia. Tratar de resolver el problema si tenemos a la mano las herramientas para realizarlo.

También es posible que no nos sintamos listos para actuar. Que aún persistan las dudas en nuestro fuero interno. Esto es legítimo y entendible. Sin embargo, no conviene permitir que la acción se paralice sólo por no saber qué hacer. Ante esto es mejor pedir la valoración de alguien que tenga más claridad que nosotros. Y, también, si no tenemos la suficiente información o capacidad para resolver el problema podemos pedir ayuda a quien consideramos que tiene capacidad para resolverlo.

No olvidar nuestra identidad ni la supremacía del bien

Por último está uno de los pilares de la filosofía que, en general, seguía Boecio: la platónica. La filosofía, personificada, increpa a Boecio que su principal problema es haber olvidado quién era él en verdad.[1] De este olvido de sí se originaron el miedo, la angustia y la confusión. Con estas palabras, Boecio se da cuenta del descuido de sí mismo y se dispone a solucionar la falla.

Si olvidamos quiénes somos también olvidaremos lo que anhelamos. Quien esto hace, no sólo es presa del pánico, sino que también se presta a hacer sus actividades cotidianas como un autómata. Sin saber por qué lucha o en función de qué finalidad tienen sentido sus esfuerzos. Quien no olvida su identidad y su valor no es una presa fácil del pánico ni de la desesperación, pues sabe quién es, qué capacidades tiene y hacia qué fin se encamina.

El sentido de la existencia humana

El reconocer y valorar la propia identidad no sólo queda en una instancia personal. El que hace una valoración de su propia identidad llega a la conclusión de conocer sus propios límites. Pero lejos de llevar a la desesperanza, el sabernos limitados puede darnos la serenidad, pues en función de nuestros límites nos damos cuenta de que no somos la realidad última. No somos los más perfectos, sino que hay un bien mucho más perfecto que está sobre nosotros, al cual nuestras acciones tienden como su perfección, pues no es conveniente desear algo más perfecto que el Bien sumo.

En última instancia, no sufre demás el que sabe que su vida tiene valor, tiene sentido y tiene un fin porque puede desear el mejor bien que existe. La existencia se llena de sentido cuando sabemos que la felicidad más grande sólo puede estar en la posesión del bien más grande. De tal modo, quien esto sabe, y organiza su vida para conseguirlo, torna su angustia en calma ante la adversidad porque se llena de la mejor esperanza.

[1] Boecio, Consolatio Philosphiae, I, prosa VI

Leer ¿Cómo conservar la calma ante la adversidad? parte 1

 

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Gabriel González Nares

Escrito por Gabriel González Nares

Es maestro en Filosofía Antigua por la Universidad Panamericana, México y licenciado en Filosofía por la misma universidad. Ha sido profesor de filosofía en el Colegio Montreal y en el departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana. Ha asistido a congresos sobre filosofía medieval en Santiago de Chile, Nueva York, México y París. Se interesa por la Metafísica y la Dialéctica medievales, especialmente en la transición de la Antigüedad tardía a la Alta edad media latina.

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