Filosofía

La virtud de la prudencia y Carlos Llano

[fa icon="calendar"] 5/05/16 19:51 / por Diego Espinoza Bustamante

Virtud y prudencia Carlos LlanoLa verdad en la práctica de la dirección

En Análisis de la acción directiva, Carlos Llano apela a un concepto de cepa aristotélica, a saber: verdad en la práctica, la cual tiene que ver con un acierto en la toma de decisiones.

En contraste, la verdad “en la teoría” se ha entendido tradicionalmente como la correspondencia de una proposición con los hechos. Así pues, una teoría correspondentista de la verdad en la teoría sostiene que la verdad de una proposición depende de la relación que esta guarda con el mundo: hay algo fuera de la proposición a lo cual esta corresponde en caso de ser verdadera.

Por ejemplo: la proposición “París es la capital de Francia” es verdadera si y sólo si París es la capital de Francia; la proposición “la nieve es blanca” es verdadera si y sólo si la nieve es blanca.

Sea como fuere, la verdad en la práctica se comporta de modo distinto. Desde una perspectiva exclusivamente moral, la verdad en la práctica se liga a un acierto moral, según el cual el éxito de una acción moral se encuadra positiva y globalmente en el ámbito de la vida buena. Ahora bien, la verdad en la práctica a secas, apuntala Llano, necesita dos ingredientes: por un lado, un diagnóstico de las situaciones concretas mediante el cual un agente elaborará un plan de acción que le sirva de guía para cambiar la situación en la que se encuentra; y, por otro, la ejecución del proyecto, la cual requiere habilidades intelectuales prácticas y carácter por parte del ejecutor.


Prudencia y técnica

La tesis de habilidades intelectuales prácticas ya se encuentra en el libro VI de la Ética Nicomaquea de Aristóteles. Según Aristóteles, existen dos especies de virtudes intelectuales prácticas: prudencia y técnica. A diferencia de las virtudes intelectuales teóricas, la prudencia y la técnica se relacionan con hechos que caen dentro del dominio de la actividad humana, hechos sujetos a deliberación y control humano. En este sentido, los agentes prudentes y técnicos tratan con hechos o eventos contingentes, pero que poseen regularidad gracias a la experiencia.

Si bien es cierto que otro común denominador entre la prudencia y la técnica es que ambas se encaminan a la transformación del mundo, uno de los puntos de desunión de estas virtudes intelectuales prácticas es que, mientras la transformación técnica se liga a la transformación de un producto, es decir, algo externo al agente, la prudencia se dirige a transformar interiormente al agente mismo.

En jerga aristotélica: la prudencia se relaciona con las acciones y la técnica con la producción o, mejor aún, con la confección de productos. Sin embargo, al margen de sus diferencias, lo propio de la prudencia y de la técnica no es la contemplación “objetiva” del mundo, sino que los agentes produzcan y realicen acciones que lo transformen tanto material como personalmente.

 

Experiencia, prudencia y dirección

Así como la inteligencia teórica cumple su función cuando da con la verdad en la teoría, la inteligencia práctica cumple su función cuando da con la verdad en la práctica. En el caso de la inteligencia práctica, dar con la verdad en la práctica es ejecutar exitosamente un proyecto; por ejemplo, cerrar un negocio o curar a un enfermo. Concentrándonos en el caso de la acción directiva, la inteligencia práctica logra su fin conjugando la capacidad teórica para diagnosticar una situación concreta con un fuerte ingrediente de ejecución efectiva y carácter por parte del director.

Con todo, el acento va en el segundo ingrediente: una excelente estrategia de acción para resolver un problema de management sirve de poco si el director no sabe aplicarla; lo cual se aprende aplicando estrategias de acción, así como se aprende a nadar, nadando.

Por ello, la experiencia se vuelve indispensable para la formación de un director, un médico, un hombre de negocios y, en general, de todo hombre de acción. Es la experiencia la que enseña a reconocer el momento preciso y los mecanismos para aplicar un plan de acción a una situación concreta. De ahí que se mire inteligentemente con sospecha a los consultores que no han dirigido empresas exitosas.

La propuesta de Llano no es despreciar la teoría en aras de la practicidad, pero sí colocar en una posición privilegiada la práctica en el caso de la dirección, pues la diferencia específica del director no es la especulación, sino la acción para solucionar problemas concretos que atañen a las personas.

Por este motivo, la virtud específica de un director es la prudencia, la cual habilita a la acción directiva a resolver de la mejor manera posible problemas concretos, manifestados aquí y ahora, los cuales admiten una variedad de soluciones.

En efecto: mientras que el hombre de ciencia busca describir hechos, formular leyes rígidas y predecir eventos, el hombre de acción intenta administrar la incertidumbre, echando mano de ciertas reglas o guías cuya aplicación más o menos correcta se verá condicionada por lo que es capaz de vislumbrar el hombre prudente en las circunstancias concretas.

Topics: Virtudes, Carlos Llano

Diego Espinoza Bustamante

Escrito por Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana y como Asistente de Investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Sus intereses filosóficos tienen que ver con metafísica de la mente, metafilosofía, filosofía cristiana y teorías de la verdad. También le interesa la historia de la filosofía medieval, de la filosofía analítica y del pragmatismo americano, así como el cultivo de autores; por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, John Dewey, Ludwig Wittgenstein y W. V. O. Quine.

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